Sobre la Voluntad

miércoles 20 de enero de 2010

LIBERACIÓN DE LA VOLUNTAD

Volvamos ahora a considerar el poder humano con que hemos comenzado nuestro estudio: la voluntad. Recordará el estudiante que la voluntad del Yo individualizado (aunque todavía inconsciente) lo arrastraba a la manifestación, no compelido a ella por necesidad externa ni nada que extrañamente se le opusiese, sino porque la suprema Voluntad de que la voluntad del Ego es parte (su voluntad individualizada como centro, pero no desprendida todavía de la circunferencia de materia) late en él como la sangre vital de la madre late en el feto. Surge el Ego a la manifestación con vagas ansias del fecundo estremecimiento de vida velada en la materia, de ejercitar sus fuerzas anhelosas de actividad, de conocer los mundos henchidos de tumultuoso movimiento. Lo que el Logos quiere conscientemente (pues el Logos quiere encarnar en un universo) lo quieren también todos los centros de individualizada vida contenidos en El, aunque, por decirlo así, tanteando a ciegas hacia más plena vida. Es la voluntad de vivir y de conocer, la fluyente voluntad puesta en manifestación.
Hemos visto que la voluntad o poder del Yo se invierte en deseo en los planos de materia densa, y que cegada por la materia e incapaz de ver su camino, la impulsan las atracciones y repulsiones que llegan a su periferia. Vimos más adelante cómo se relaciona el deseo con la inteligencia y al interactuar estos dos aspectos engendran las emociones con características de su madre el deseo y de su padre la inteligencia. También hemos estudiado los métodos de regular las emociones, para utilizarlas en beneficio y no en daño de la evolución humana.
Vamos ahora a considerar como esta voluntad. la oculta fuerza motora de lii actividad, siquiera de la actividad indisciplinada, se va libertando lentamente hasta lograr el albedrío. Examinemos de momento lo que significamos con la palabra "libertad". Aunque esencial y fundamentalmente libre en su origen. romo potencia del Yo. la voluntad queda libada y limitada en sus intentos de dominar la materia en que el Yo se ha incorporado.
La materia domina al Yo y no el Yo a la materia, porque el Yo se identifica con ella, y como por su medio quiere, piensa y obra. le parece que la materia es él e iluso exclama: "¡Soy esto! Pero a pesar de que la materia lo ata y limita, cuando a sí mismo se siente, exclama: "¡Soy libre!" Sin embargo, ci dominio del Yo por la materia es temporáneo, porque la materia cambia, muda. se altera y las invigorizadas fuerzas del Yo permanente en lo transitorio, inconscientemente la modelan, atraen y rechazan de continuo.
Vengamos a la etapa de evolución humana en que la memoria es más poderosa que el instintivo apetito del placer y repulsión del dolor, en que la inteligencia gobierna el deseo y la razón prevalece contra el impulso. Va a cosecharse el resultado de una prolongada etapa de evolución, y uno de sus frutos es la libertad. Mientras la voluntad se manifiesta en forma de deseo cuya dirección determinan las atracciones externas, no está libre sino evidentemente sojuzgada. Así como un ser viviente queda movido por una fuerza superior a el en la dirección de dicha fuerza. así también la voluntad queda impelida por el empuje de los objetos a lo largo del sendero que le promete placeres fáciles d" lograr. No actúa como fuerza albédrica del Yo. sino que al contrario. el Yo está compelido por la atracción externa. Ninguna más vivida imagen del Yo bajo estas condiciones puede darse que la ya citada de una antigua Escritura india, que representa el Yo como el desvalido conductor de un vehículo cuyos indómitos caballos son los sentidos que lo arrastran en pos de los objetos de placer. Aunque la voluntad sea la verdadera potencia del Yo mientras se ve arrastrada por estos indómitos caballos está sujeta y no libre. Error es hablar del albedrío de un hombre esclavo de los objetos circundantes. Es siervo y no puede elegir, pues aun cuando supongamos en él la facultad de elegir el sendero de las atracciones que le arrastran, no hay en realidad elección ni por pensamiento. Mientras las atracciones y repulsiones tracen el sendero, es locura vana hablar de libertad, y a pesar de que el hombre se figure elegir el objeto apetecible, el sentimiento de libertad es ilusorio porque le arrastran la atracción del objeto y el deseo de placer. Es tan libre como el hierro de moverse atraído por el imán cuya potencia determina el movimiento con que la naturaleza del hierro responde a la atracción. Para mejor comprender lo que significamos por voluntad libre, conviene obviar la dificultad dimanante de la palabra elección". Cuando nos parece que somos libres de elegir ¿equivale esta llamada libertad de elección a voluntad libre? ¿No fuera mejor afirmar que la libertad de acción tan sólo denota que ninguna fuerza externa nos obliga a elegir entre dos alternativas? Pero esto entraña otra pregunta mucho más importante: Porque ser libres de actuar, una vez hecha la elección, difiere mucho de si somos "libres" de elegir o si la elección está determinada por algo extraño. Suele aducirse en prueba del albedrío la facultad que. por ejemplo, tiene el hombre de salir o no dé un aposento, de soltar o no un peso: pero este argumento es ajeno al asunto. Nadie niega la facultad de una persona que no esté cohibida físicamente para salir o no de un aposento ni para soltar o retener un peso. Lo pertinente es saber el por qué de la elección, cuyo análisis nos enseña que está determinada por un motivo, y así arguyen los deterministas diciendo: "Los músculos pueden retener o soltar el peso; pero si debajo hubiese un objeto frágil de mucho valor no lo soltaríais. La elección está determinada por motivos entre los que prevalece el más poderoso". Por lo tanto. la cuestión no está en si somos libres de actuar, sino en si somos libres de querer, y vemos claramente que la voluntad está determinada por el motivo más poderoso, y que mientras tal suceda tendrá razón el determinista.
Verdaderamente, el hecho de que la voluntad esté determinada por el motivo más poderoso es el fundamento de toda sociedad organizada, de toda ley. de toda responsabilidad, de toda penalidad, de toda educación. El hombre que no esté así determinado es irresponsable y demente, un ser a quien no cabe demandar ni con quien es posible discutir ni en quien podemos confiar: un ser sin razón ni lógica ni memoria ni atributo alguno de hombre. Las leyes declaran irresponsable al que obra sin motivo determinante, sin razones que le muevan.
Se le declara demente y no se le inflinge penalidad legal. Acaso quepa llamar "libre" a la voluntad cuya energía sigue tal o cual dirección y en ella actúa sin motivo ni razón ni sentido; pero esto no es lo que significamos por albedrío, cuyo sereno examen necesita apoyarse en el antecedente de una voluntad determinada por el motivo más poderoso. ¿Acaso significa, pues, albedrío o voluntad libre? A lo sumo no va más allá de una libertad relativa y condicionada, pues el separado Yo es parte del todo, que debe ser mayor y contener a las partes. Esto puede aplicarse también al Yo y los cuerpos que lo envuelven. Nadie negará que los cuerpos están sujetos a la ley, y en la ley y sólo por la ley se mueven en recíproca relación, por virtud de las innumerables fuerzas interactuantes que los contrabalancean variada e indefinidamente en multitud de posibilidades a propósito para darles movimiento libre, no obstante la rigidez de su atadura a la ley. También el Yo está en el reino de la ley, es decir, es la misma ley porque participa de la naturaleza del Ser de todos los seres. Ningún Yo separado puede emanciparse del Yo universal, y por muy libremente que pueda moverse en relación a los demás Yos separados, no puede en modo alguno moverse fuera de la vida que lo anima y es su naturaleza y su ley y en ella vive y se mueve. Las partes no constriñen a las partes; los separados Yos no constriñen a los Yos separados; pero el todo sí constriñe y gobierna a las partes, y el Yo universal constriñe y gobierna a los dos Yos. No obstante, puesto que los Yos son el Yo, la libertad surge de manifiesta dependencia, sin que ninguna otra cosa le compela .Esta libertad de una parte respecto a las demás partes y de sujeción al todo se echa de ver claramente en la naturaleza física. Nosotros formamos parte de un mundo que gira en el espacio alrededor de su eje en perpetua dirección a Oriente; pero no advertimos su movimiento porque vamos arrastrarlos en él y todo se mueve al propio tiempo y en la misma dirección.
Hacia Oriente giramos con nuestro mundo y no podemos mudar de dirección. Sin embargo, relativamente a los demás y a los sitios en que estamos, podemos movernos libremente y mudar nuestras respectivas posiciones. Podemos ir hacia el Occidente de una persona o lugar, aunque de continuo estemos ambos girando hacia Oriente. Tendremos conciencia del movimiento de una parte respecto a otra, por débil y lento que sea, mientras que estaremos enteramente inconscientes del celérrimo giro que arrastra a todas las partes en marcha siempre progresiva hacia Oriente. Y diremos en nuestra ignorancia: He aquí que me he movido hacia Occidente". Pero el supremo Dios podría reírse despectivamente de la ignorancia del pigmeo que habla de la dirección de su movimiento particular en el seno del movimiento universal; si no conociese esta gran verdad a un tiempo falsa y verdadera. Así .veremos de nuevo cómo la suprema Voluntad adelanta indesviablemente por el sendero de la evolución e impele a todos los seres a caminar por él, dejándolos en libertad de recorrerlo a su manera y de proceder según les acomode en su inconsciente actuación, porque todo linaje de obras y todo procedimiento de progreso es necesario para la plenitud de esta Voluntad; todo es útil y tiene adecuado empleo. Por ejemplo, si un hombre se ha formado un noble y generoso carácter, si alimentó elevadas aspiraciones y procuró siempre servir fiel y lealmente a sus semejantes, nacerá en donde las circunstancias clamen por hombres activos, y la suprema Voluntad quedará cumplida por su medio en la nación que de este auxilio necesite y en ella desempeñará el papel de héroe en el drama escrito por el supremo Autor; pero la habilidad para desempeñarlo ha de ser obra propia del hombre. En cambio, si cede a las tentaciones, si se capacita para el mal. emplea siniestramente sus poderes y menosprecia la misericordia, justicia y verdad en el proceder de su vida cotidiana, nacerá en donde la opresión, la crueldad y las matas artes sean necesarias, y también se cumplirá por su medio la suprema Voluntad en una nación que esté sufriendo los resultados kármicos de pretéritos males, y será uno de los cobardes tiranos que cruel y depravadamente oprimen a la nación en donde nacen. También este es el papel escrito por el supremo Autor, y obra del propio hombre la capacidad para desempeñarlo. Así actúan las voluntades menores en el seno de la suprema Voluntad.
Puesto que la voluntad está, según vemos, determinada por el motivo y condicionada por los límites de la materia que envuelve al separado Yo y por el Yo universal de croe es parte y cuya Voluntad manifiesta, ¿qué significa el albedrío? Significa indudablemente que la libertad ha de estar determinada desde el interior y la servidumbre desde el exterior. La Voluntad es libre cuando el Yo que quiere actuar toma el motivo de su volición de fuentes internas y no de externas. Verdaderamente ésta es la libertad, porque el gran Yo en cuyo seno se mueve el Yo es uno con él; "Yo soy Aquél". Y el Yo todavía superior en que se mueve el gran Yo es uno con él y también dice: ' Yo soy Aquél". Y así sucesivamente, en cada vez más dilatados términos, ya se trate de sistemas de mundos o de sistemas de universos, de modo que el más ínfimo Yo vuelva su vista hacia dentro y no hacia fuera y reconozca su unidad con el Yo interno, con el Pratyagâtmâ, el Uno, y que por lo tanto es verdaderamente libre. Así, mientras mire hacia fuera, se verá siempre encadenado, aunque sin cesar se amplíen los muros de su cárcel; pero al mirar a su interior se verá perpetuamente libre, porque es Brahmán, el Eterno.
Cuando un hombre logra determinarse por sí mismo, puede decirse que es libre en el recto sentido de la palabra libertad, y su albédrica determinación no es servidumbre en el opresor significado de esta palabra. Todo cuanto en mi íntimo Yo me resuelva a hacer, sin que nadie me obligue, llevará el sello distintivo entre la libertad y la esclavitud. ¿Hasta qué punto podemos decir que nuestra voluntad es libre en el sentido que hemos dado a la palabra libertad? Por la mayor parte, pocos pueden reivindicar esta libertad más que en corta medida, pues sin contar la ya mencionada servidumbre de las atracciones y repulsiones, estamos aprisionados entre los canales abiertos por nuestros pasados pensamientos y hábitos (sobre todo por nuestra establecida modalidad mental) por las cualidades y defectos traídos de pasadas vidas, por las potencias y flaquezas congénitas, por nuestra educación y ambiente, por las imperativas constricciones de nuestra etapa de evolución, por la herencia física y las tradiciones de país y raza. De aquí que tan sólo nos reste un angosto sendero por donde camine la voluntad que tropieza en un pasado erigido en infranqueable muralla por el presente.
En ningún intento y propósito es libre la voluntad. Está en vías de serlo y lo será tan sólo cuando el Yo haya dominado por completo sus vehículos y los utilice para sus propios propósitos, enteramente responsivos a los impulsos del Yo y no como indómito y fogoso animal movido por loa deseos y apetitos personales. Cuando el Yo trasciende la ignorancia y vence los hábitos que la señalaron en el pasado, queda libre, y entonces cabrá comprender el significado de la paradoja: "en cuyo servicio está la libertad perfecta", porque echaremos de ver que no existe la separatividad, que no hay voluntad independiente, que por virtud de nuestra divina naturaleza, nuestra voluntad es parte de la voluntad divina, que en el transcurso de nuestra larga evolución nos da la fuerza necesaria para proseguirla, y que al reconocer la Voluntad una adquirimos la libertad. Estas ideas ponen fin a la secular controversia entre los defensores del libre albedrío y los deterministas, pues reconociendo por una parte la razón que éstos llevan, mantienen y justifican el interno sentimiento de todo hombre, que le dice: "Eres libre y no esclavo". Esta idea de la energía espontánea, del poder influyente de la intimidad de nuestro ser, se funda en la misma índole esencial de la conciencia, en el divino y por lo tanto libre Yo.

¿A QUÉ TANTA LUCHA?
Al examinar el largo transcurso de la evolución y el lento desarrollo de la voluntad, nos preguntamos inevitablemente: "¿A qué tanta lucha y tanta dificultad? ¿Por qué tantos errores y caídas? ¿Por qué esta larga servidumbre antes de alcanzar la libertad?" Para responder a estas preguntas conviene colocarnos en un término medio, pues preciso es tener en cuenta los límites de la pregunta y no diputar la respuesta por incongruente si no satisface a otra pregunta derivada de la primera. La respuesta a una pregunta puede ser adecuada sin que satisfaga a otras que de ella se deriven. La mayor parte del descontento de muchos estudiantes resulta de su inquieta impaciencia, que les mueve a ocuparse desordenadamente de cuantas preguntas se les ocurren, y exigen una respuesta inmediata que a todas ellas satisfaga. La pertinencia de los medios se aquilata por el. fin a que conducen, y en todos los casos la respuesta ha de juzgarse por su adecuación a la pregunta y no por su incongruencia con otras nacidas, de ella en la mente. Así, la valía de los medios existentes en un universo debe estimarse por el fin a que propende este universo y no como si hubieren de responder a la pregunta de por qué existe dicho universo. Esta otra pregunta tiene también su respuesta, pero no satisfará a la conformidad de los medios con el fin de un universo. Y si el interrogador replica: "Pero ¿por qué hay universo?", no probará esta réplica que sea incongruente nuestra respuesta a la primera pregunta. Así pues, para responder a la de: "¿Por qué tantos errores y caídas en el sendero de la evolución?", hemos de considerar existente el universo como punto de partida y estudiarlo con propósito de inquirir su fin, o al menos uno de los fines a que propende. El por qué propende a este fin es cosa muy distinta, según dejamos dicho, y de muy hondo interés; pero tan sólo por el descubrimiento de este fin podremos juzgar de los medios empleados para lograrlo.
El estudio, siquiera sucinto, de la porción del universo en que nos hallamos, nos demuestra que uno de sus fines, sino el único, es el de producir seres vivientes de poderosa inteligencia y Esto sólo se logra cuando la vida del Yo anima la materia de sus vehículos en vez de animar la esencia elemental que propende a descender; esto es, cuando la ley del Espíritu de Vida substituye a la ley de pecado y muerte, recia voluntad capaces de tomar parte activa en el desenvolvimiento y guía de las actividades de la naturaleza y cooperar al plan general de evolución. Un más amplio estudio a favor de las potencias internas, que podemos educir, y con auxilio de las antiguas Escrituras, nos enseñará que este nuestro mundo no es el único, sino que forma parte de una serie de mundos y en la evolución de su humanidad recibió el auxilio de hombres superiores, y ha de producir otros hombres del mismo nivel para ayuda de mundos más jóvenes en edades futuras. Por otra parte, nos demuestra dicho estudio la existencia de una vasta jerarquía de seres súperhumanos, guías y directores de la evolución, y que el centro del universo es el trino Logos, dueño y señor de su sistema. También advertiremos que el futuro de un sistema no solamente es una gran jerarquía de poderosas Inteligencias cuyos grados disminuyen de esplendor según descienden, sino igualmente lo es la perfección suprema del Logos que todo lo corona. Y este estudio nos irá descubriendo horizontes de creciente esplendor, universos que tienen sistemas por mundos, y así sucesivamente en siempre más dilatados espacios de ilimitada gloria, henchidos de la vida infinita. Y entonces sobreviene la pregunta: "¿Por qué medios evolucionarán estos potentes Seres que del polvo se alzan a las estrellas y de estas estrellas, polvo de más vastos sistemas, a los astros que son respecto de ellas lo que nuestro sol al fango de la tierra?"
Prosiguiendo así el estudio, no encontrará nuestra imaginación otro sendero que el del sufrimiento y prueba que hoy hollamos nosotros, para que por él hayan podido alcanzar estos equilibrados Seres, ya dueños de sí mismos, las alturas de perfección, las cumbres de infalible sabiduría que los capacita par.» constituir la "naturaleza" de un sistema. Porque si existiese un Dios extracósmico de índole distinta a la del Yo que vemos evolucionar en torno nuestro con armonía y certidumbre inquebrantables, un Dios inestable, arbitrario, antojadizo, voluble, mudable, podría suceder que de 'todo este caos surgiese un ser llamado "perfecto", pero seguramente más imperfecto por más limitado, y que desnudo de toda experiencia pretérita carecería de razón y juicio y a lo sumo podría actuar como una máquina en un sistema cuyos prefijados movimientos acompasaría automáticamente. Pero un Dios de esta naturaleza sólo sería apto para un sistema sin que tuviera utilidad ni poder alguno en otro distinto; y la vida, que consiste en la variada adaptación a condiciones mudables, no podría existir en dicho sistema, sin que se desintegrara y desapareciera su centro. Las tribulaciones del sendero por donde hoy caminamos nos predisponen a cuantas contingencias puedan sobrevenir en los futuros universos donde hayamos de actuar, y este resultado bien merece los sufrimientos a que ahora nos expongamos. Tampoco debemos olvidar que estamos en este mundo porque hemos querido educir nuestros poderes mediante las pruebas de la vida en los planos inferiores; que nosotros mismos hemos escogido nuestra suerte sin imposición extraña; que nos vemos aquí por nuestra propia "voluntad de vivir"; que si esta voluntad mudase, aunque no es posible, cesaríamos de vivir y volveríamos al seno de la Paz sin cosechar el fruto cuya simiente vinimos a sembrar.'"Nadie nos obliga".

PODER DE LA VOLUNTAD
En todos tiempos ha reconocido el ocultismo este poder como la energía espiritual del hombre, esencialmente una con la que engendra, evoca y sostiene los mundos. Hoy es objeto este poder de vacilantes investigaciones y muchos lo estudian con intento de obtener resultados de otra suerte inasequibles. Las escuelas de la Ciencia Cristiana, Ciencia del Pensamiento y Terapéutica mental apoyan sus conclusiones en el dilatado poder de la voluntad. Las enfermedades, y no tan sólo los desarreglos nerviosos como algunos se figuran, ceden al flujo de la voluntad. Los desórdenes nerviosos ceden más fácilmente, porque el sistema nervioso ha sido modelado para la. expresión de las potencias espirituales en el plano físico. Los resultados son más rápidos cuando se actúa primero sobre el sistema simpático, porque está más directamente relacionado con la voluntad en forma de deseo, así como el cerebro-espinal tiene mayor relación con los aspectos de conocimiento y voluntad pura. La reducción de tumores. cánceres, etcétera y la extirpación de sus causas, así como la cura de heridas y fracturas de huesos demandan ordinariamente muchos conocimientos por parte del terapeuta. Decimos "ordinariamente" porque es posible que la voluntad esté guiada desde el plano superior, aunque haya en el físico falta de conocimientos, si el terapeuta es hombre de muy adelantada evolución. Cuando hay conocimientos científicos, el operador comenzará por representarse el órgano enfermo como si estuviese sano, por medio de una imagen formada con materia mental, después formará la misma imagen con materia astral para densificarla; luego se valdrá de sus fuerzas magnéticas para densificarla todavía más en materia etérea; y por último adherirá a esta especie de molde los físicos materiales de gases, líquidos y sólidos, sirviéndose para ello de los que halle utilizables en el cuerpo del enfermo y supliendo las deficiencias con otros externos. Todo este tratamiento ha de estar guiado por la energía volitiva, y la manipulación de la materia depende del conocimiento tanto en el plano físico como en los superiores. Este método carece de ¡os riesgos que acompañan a otros más comúnmente empleados por lo fáciles, que consisten, según dijimos, en actuar sobre el sistema simpático.
Algunos métodos divulgados entre las gentes aconsejan concentrar el pensamiento en el plexo solar y "vivir bajo su influencia". El sistema simpático, cuyo centro capital es el plexo solar, gobierna las funciones cardíacas, pulmonares y digestivas; pero. como ya hemos expuesto estas funciones vitales pasaron al dominio del sistema simpático en d transcurso de la evolución, según fue predominando el sistema cerebro-espinal, y así resulta que la restitución de estas funciones al dominio de la voluntad, mediante la concentración del pensamiento, es regresar en vez de progresar, aunque por ello se alcance cierto grado de clarividencia. Este método, conforme dijimos, tiene en la India gran número de partidarios en el sistema llamado del hâtha yoga, que enseña a sojuzgar los movimientos cardiacos, pulmonares y digestivos, hasta el punto de paralizar los latidos, contener la respiración e invertir los movimientos peristálticos del intestino. Pero una vez conseguido esto ¿qué ganancia hay en ello? Haber puesto bajo el dominio de la voluntad un sistema automatizado en el transcurso de la evolución con mucha ventaja para el hombre físico, por lo que en vez de adelantar habremos retrocedido en la senda evolutiva. Este método amenaza con el definitivo fracaso, aunque de momento produce resultados de aparente utilidad.
Además, la concentración del pensamiento en un centro del sistema simpático, y sobre lodo en el plexo solar, entraña un grave peligro físico, a menos que el estudiante esté bajo la dirección de su Maestro o sea capaz de transportar a su cerebro físico las instrucciones recibidas de planos superiores. Su concentración mental en el plexo solar puede producir enfermedades de muy perniciosa índole, tales como profunda melancolía, casi imposible de curar, hondo abatimiento y a veces la parálisis. No ha de marchar por este camino el discreto, estudiante que anhele llegar al conocimiento del Yo, porque una vez obtenido este conocimiento, el cuerpo físico es un instrumento dócil a la influencia del Yo. y todo cuanto debemos hacer entretanto es purificarlo y retinarlo de suerte que se ponga en armonía con los vehículos superiores y vibre rítmicamente con ellos. Así será el cerebro más responsivo y por el pensamiento y la meditación (sobre elevadas ideas y no sobre el mismo cerebro) se retinará progresivamente hasta llegar a ser un órgano perfecto. Así adelantamos en el sendero de la evolución mientras que retrocederíamos si actuáramos directamente en los plexos simpáticos.
Muchos vinieron en demanda de que se les librara de los sufrimientos derivados de estas prácticas y sólo cupo responderles que se necesitarían muchos años para remediar el mal. Cierto es que volviendo atrás pueden obtenerse más fáciles resultados; pero mucho mejor es arrostrar las dificultades de una larga ascensión y servirse del instrumento físico desde arriba y no desde abajo.
En el tratamiento de las enfermedades por la voluntad, conviene precaver también el peligro de transferir a un vehículo superior la enfermedad eliminada del físico, porque toda dolencia corporal es, con pocas excepciones, el definitivo resultado de un mal ya existente en los planos superiores, por lo que es mucho mejor entonces esperar su resolución, que restituirlo de por fuerza al vehículo sutil en donde se engendró. La enfermedad física es muchas veces la última consecuencia de un mal pensamiento o un mal deseo, y en tales casos mejor conviene la terapéutica física porque no retrollevará la dolencia al vehículo sutil como lo haría la terapéutica mental. El magnetismo curativo no ofrece riesgo, pues corresponde al plano físico y puede emplearlo impunemente toda persona de puros pensamientos y deseos; pero en cuanto la voluntad interviene en el plano físico, hay peligro de que por reacción vuelva el mal al vehículo de procedencia.
Sin embargo, si la cura mental se efectúa por la purificación de los pensamientos y los deseos, influirán éstos luego de purificados en el cuerpo físico sin riesgo alguno, pues el restablecimiento de la armonía física por medio del equilibrio de tos cuerpos astral y mental es un buen método terapéutico, aunque no tan rápido y mucho más difícil que la curación por voluntad. La pureza de mente equivale a la salud del cuerpo, y esta verdad ha movido a muchos al empleo de la terapéutica mental. El hombre de mente pura y equilibrada, no padecerá enfermedades agudas, si bien cabe que haya de pagar alguna deuda kármica o sufrir las discordancias ajenas. Pureza y salud son inseparables; pero cuando un santo enferma, es para apurar los efectos de un mal pensamiento pasado o sufrir las consecuencias de las discordias del mundo, para armonizarlas en sus vehículos y devolverlas en comentes de paz y benevolencia. A muchos admira que los hombres más buenos y puros sufran a la par física y mentalmente; pero sufren por los demás, no por ellos, y son en verdad magos blancos que en el crisol de sus cuerpos doloridos transmutan por espiritual alquimia los viles metales de las humanas pasiones en el oro purísimo del amor y la paz. Aparte de lo referente a los medios de actuar en el cuerpo por la voluntad, preguntan las mentes reflexivas si es lícito servirnos de ella en nuestro natural provecho, pues ¿no degradamos este restablecimiento de la salud corporal? ¿Es bien que la divina potencia convierta en pan las piedras y caiga así en la tentación que resistió Cristo? Sea histórico o místico este pasaje de los Evangelios, no deja de entrañar una verdad espiritual y un ejemplo de obediencia perfecta a la ley oculta. La respuesta de Cristo es de todos modos verdadera: "No con sólo pan vivirá el hombre, mas con toda palabra de Dios". Esta ética parece ser mucho más elevada que la que pone lo divino al servicio del cuerpo físico, pues uno de los peligros de nuestra época está en la adoración del cuerpo, que lo encumbra a un demasiado alto pináculo, como reacción consiguiente al exagerado ascetismo. Al emplear la voluntad en servicio del cuerpo la esclavizamos a él, y al procurar libramos de todo sufrimiento y dolor sofocamos la valiosa virtud de la paciencia, resultando de ello que nos irritamos en cuanto el más leve sufrimiento resiste a la voluntad, cuya superior potencia queda entonces invalidada para gobernar y sostener el cuerpo en los más acerbos sufrimientos. La vacilación en emplear el poder de la voluntad para alivio del cuerpo no nace de la duda respecto al valor terapéutico del pensamiento ni de la verdad de la ley sobre que se funda su acción curativa, sino que nace del temor de que los hombres caigan en la tentación de convertir la voluntad que debe elevarlos a los reinos espirituales, en sierva del cuerpo físico y quedar sin su ayuda en horas de necesidad. Hay una ley oculta que a todo iniciado obliga y le prohíbe emplear sus poderes en provecho propio, pues si tal hiciera perdería el de ayudar a los demás, y fuera insensatez preterir lo menor a lo mayor. La tentación de Cristo encierra un significado mucho más profundo del que generalmente se le atribuye, porque si hubiese empleado sus ocultos poderes para convertir en pan las piedras a fin de satisfacer el hambre, en vez de esperar pacientemente el alimento traído por los Seres brillantes, no fuera después capaz de sufrir el místico sacrificio de la Cruz. Profunda verdad oculta encerraba aquel sarcasmo de los sayones al decirle: "A otros salvó, a sí mismo no puede salvar". No debía servirse en provecho propio, para mitigar sus sufrimientos, de aquellos poderes que habían devuelto la vista a los ciegos y sanado a los leprosos. Quienes no tengan otra mira que su personal salvación, no acepten la divina misión de salvadores del mundo. Al llegar a cierto punto de la evolución será necesario proseguir por una o por otra vía. Si eligen la inferior y ponen sus poderes al servicio del personal provecho y del bienestar del cuerpo, han de renunciar a la altísima misión de emplearlos en redimir a la raza humana. La actividad mental es tan intensa en nuestros días, que como nunca se necesita emplear sus poderes en elevadísimos fines.

MAGIA BLANCA Y NEGRA
Magia es el uso de la voluntad en la guía de las fuerzas de la naturaleza externa, y como su nombre indica es verdaderamente la ciencia magna. La voluntad humana es el poder divino residente en el hombre, y le cabe. por lo tanto, subyugar y dirigir las energías inferiores para obtener los apetecidos resultados. La diferencia entre la magia blanca y la negra estriba en los motivos determinantes de la voluntad. Si propenden a beneficiar, ayudar y bendecir a cuantos estén bajo su influencia. será el hombre mago blanco y los resultados dimanantes del ejercicio de la voluntad en este sentido serán beneficiosos y auxiliadores de la evolución humana. El mago blanco explayará así cada vez más dilatadamente su ánimo e irá apartando las vallas que de sus semejantes le separen, hasta convertirse en un centro de soberano auxilio. Pero cuando los motivos determinantes de la voluntad propenden al beneficio personal, es el hombre mago muy peligroso para la raza, y sus obras entorpecen y demoran la humana evolución. El mago negro contrae más y más su ánimo en sí mismo y se aparta de sus semejantes encerrado en una concha que le aísla de cuanto le rodea y cuyo espesor densifica el siniestro ejercicio de sus poderes. Fuerte es en todo caso la voluntad del mago; pero la del blanco tiene fortaleza de vida, y flexible o rígida, según demande la necesidad, está siempre en armonía con la suprema Voluntad, ley del universo. La voluntad del mago negro tiene la dura fortaleza del hierro, y como siempre se inclina a fines egoístas en contra de la suprema Voluntad, tarde o temprano queda hecha añicos. Tal es el peligro de la magia negra, contra el que precave al estudiante de ocultismo la ley que le prohíbe emplear sus ocultos poderes en provecho propio, pues aunque sólo sea mago negro el que deliberadamente subleva su voluntad contra la suprema Ley, conviene comprender acertadamente la esencia de la magia negra y sofocar el mal apenas apunte. Así como, según dijimos antes, el verdadero mago blanco es el santo que en su ser armoniza las fuerzas discordantes, así también es mago negro quien utiliza en provecho personal los poderes adquiridos por conocimiento y al convertirlos al servicio de su separatividad procura mantener satisfechos sus vehículos, al paso que acrecienta la discordancia del mundo con sus egoístas apetitos.

PAZ
Cuando el Yo mira los vehículos en que mora con indiferencia bastante para que ya no le afecten sus vibraciones y puede servirse de ellos a su arbitrio, porque alcanzada la clarividencia no son obstáculo a su actividad, puesto que eliminada de ellos la vida elemental los anima tan sólo la vida interna, entonces la Paz cobija al hombre y logra el objetivo final de su prolongada lucha. Concentrado el Yo en sí mismo, ya no se identifica con sus vehículos que son para él instrumentos manejados a voluntad. Entonces logra la paz del que es enteramente dueño de sus vehículos y por lo tanto dueño de la vida y la muerte. Es capaz de recibir en ellos los tumultos mundanales y transmutarlos en armonía. Es capaz de sentir a través de ellos los sufrimientos ajenos sin sufrimiento propio, porque está lejos y más allá de toda tormenta.
Sin embargo, es capaz de sumergirse en la tribulación para librar de ella a otros, sin perder pie de la inconmovible roca de la divinidad que conscientemente reconoce. En verdad es Dueño, y la misma paz de que él goza pueden sentirla de cuando en cuando, temporáneamente al menos, cuantos se esfuerzan en hollar el mismo sendero, aunque todavía no hayan puesto los pies en la inconmovible roca de su divinidad. La unión de la separada voluntad con la única Voluntad, a fin de auxiliar al mundo, es meta de más valioso alcance que cuantos bienes se nos puedan ofrecer. No separarnos de los demás seres, sino unirnos a ellos: no lograr la paz y felicidad para sí solo. sino decir con el bienaventurado Buda: "Jamás querré la paz para mí solo, sino que lucharé siempre y por doquier sufriré y lucharé hasta que todos la logren conmigo".
Tal es el coronamiento de la humanidad. Según sintamos que el sufrimiento y la lucha son mucho más eficaces en proporción que suframos el dolor ajeno y no el nuestro, mayormente nos acercaremos a Dios y recorreremos el sendero "estrecho como filo de navaja" en que los grandes Seres nos precedieron. Entonces comprenderemos que la Voluntad que por él nos guió y en él llegó a la plenitud es todavía bastante fuerte para luchar y sufrir hasta que, acabados el sufrimiento y la lucha para lodos, gocemos todos de la eterna Paz.

PAZ A TODOS LOS SERES

DEMON EST DEUS INVERSUS

lunes 15 de septiembre de 2008

Esta frase simbólica, en sus múltiples formas, es ciertamente muy peligrosa e iconoclasta frente a todas las últimas religiones dualistas, o más bien teologías, y especialmente a la luz del cristianismo. Sin embargo, no sería justo ni exacto decir que el Cristianismo es el que ha concebido y dado luz a Satán. Como “Adversario”, como Poder opuesto requerido por el equilibrio y la armonía de las cosas en el Universo, así como es necesaria la sombra para hacer resaltar la Luz, la Noche para poner más de relieve al Día, y así como el Frío hace apreciar más la bondad del calor, así ha existido siempre Satán. La Homogeneidad es una e indivisible. Pero si el Uno y Absoluto homogéneo no es una mera figura del lenguaje; y si lo Heterogéneo, en su aspecto dual, es su producción, su sombra o reflejo bifurcado, entonces aquella Homogeneidad divina tiene que contener en sí misma tanto la esencia de lo bueno como de lo malo. Si “Dios” es Absoluto, Infinito y Raíz Universal de todas las cosas en la Naturaleza y en su Universo, ¿de dónde viene el Mal o el Demonio, sino de la misma Matriz áurea del Absoluto? Así pues, o tenemos que aceptar la emanación del bien y del mal, de Agathodaemon y de Kakodaemon, como ramas del mismo tronco del Árbol de la Existencia, o tenemos que resignarnos al absurdo de creer en dos Absolutos eternos.

Teniendo que buscar el origen de la idea en los mismos principios de la mente humana, es de justicia entretanto conceder lo suyo hasta al Diablo proverbial. La antigüedad no conocía ningún “Dios del mal” aislado, completa y absolutamente malo. El pensamiento pagano representaba al bien y al mal como hermanos gemelos, nacidos de la misma madre, la Naturaleza; tan pronto como aquel pensamiento se perdió, haciéndose arcaico, la Sabiduría se convirtió en Filosofía. En el principio, los símbolos del bien y del mal eran meras abstracciones, Luz y Tinieblas; más tarde, sus tipos fueron elegidos entre los fenómenos cósmicos más naturales y siempre repetidos periódicamente, el Día y la Noche, o el Sol y la Luna. Luego fueron representados por las Huestes de las Deidades del Sol y de la Luna, y el Dragón de las Tinieblas fue el contraste del Dragón de la Luz. La Hueste de Satán es Hija de Dios, lo mismo que la Hueste de B’ne Alhim, los Hijos de Dios que fueron a “presentarse ante el Señor”, su Padre[1]. “Los Hijos de Dios” se convirtieron en “Ángeles caídos” sólo cuando comprendieron que las hijas de los hombres “eran hermosas”[2]. En la filosofía inda, los Suras estaban clasificados entre los dioses más primitivos y resplandecientes, y se convirtieron en Asuras sólo cuando fueron destronados por la fantasía brahmánica. Satán no tomó nunca la forma antropomórfica, individualizada, hasta que se completó la creación por el hombre, de “un Dios personal viviente”; y entonces sólo como una cosa de principal necesidad. Era necesaria una pantalla, un testaferro para explicar la crueldad, los errores y la injusticia demasiado evidentes, perpetrados por aquél a quien se atribuía la perfección, la misericordia y la bondad absolutas. Éste fue el primer efecto kármico de abandonar un Panteísmo filosófico y lógico, para construir, como apoyo para el hombre perezoso, “un Padre misericordioso en el Cielo”, cuyas acciones diarias y de cada momento, como Natura Naturans, la “Madre hermosa, pero fría como el mármol”, desmienten la suposición. Ésta condujo al concepto de los gemelos primitivos Osiris-Tifón, Ormazd-Ahriman, y por último Caín-Abel y el tutti quanti de los opuestos.

Habiendo empezado “Dios”, el Creador, por ser sinónimo de Naturaleza, terminó por ser convertido en su autor. Pascal resuelve muy artificiosamente la dificultad, diciendo:

La Naturaleza tiene perfecciones para mostrar que es la imagen de Dios; y defectos para indicar que es tan sólo su imagen.

Mientras más se profundiza en la obscuridad de las edades prehistóricas, más filosófica aparece la figura prototípica del último Satán. El primer “Adversario”, en forma individual humana, que se encuentra en la antigua literatura puránica, es uno de sus más grandes Rishis y Yoguis - Nârada, llamado “el Productor de las contiendas”.

Él es un Brahmaputra, un hijo de Brahmâ, el masculino. Pero más adelante nos ocuparemos de él. Quien sea en realidad el gran “Impostor”, se puede poner en claro, investigando el asunto, con los ojos abiertos y la mente libre de prejuicios, en todas las Cosmogonías y Escrituras antiguas.

Es al Demiurgo antropomorfizado, al Creador de Cielos y Tierra, separado de la Hueste colectiva de sus Creadores Compañeros, a quien, por decirlo así, representa y sintetiza. Ahora es el Dios de las Teologías. “El deseo es padre del pensamiento”. Ocurrió una vez que un símbolo filosófico abandonó a la perversa imaginación humana; después tomó la forma de un Dios diabólico, engañador, astuto y celoso.

Como los Dragones y otros Ángeles Caídos se describen en otras partes de esta obra, bastarán ahora unas cuantas palabras sobre el tan maltratado Satán. El estudiante debe tener presente que en todo el mundo, excepto en las naciones cristianas, el Diablo no es hasta hoy más que el aspecto opuesto, en la naturaleza dual del llamado Creador. Esto es natural. No puede pretenderse que Dios sea la síntesis de todo el Universo; que sea Omnipresente, Omnisciente e Infinito, y divorciarlo luego del Mal. Como hay mucho más Mal que Bien en el mundo, se deduce lógicamente que o bien Dios tiene que abarcar el Mal y ser causa directa del mismo, o de lo contrario abandonar toda pretensión a la Absolutividad. Los antiguos comprendían esto tan bien, que sus filósofos, a quienes siguen ahora los kabalistas, definían el Mal como el “revestimiento” de Dios, o el Bien; y Demon est Deus inversus es un adagio muy antiguo. Verdaderamente, el Mal no es sino una fuerza ciega competidora en la Naturaleza; es la reacción, la oposición y el contraste -el mal para unos, el bien para otros-. No hay malum in se, sino sólo la Sombra de la Luz, sin la cual ésta no podría tener existencia, ni aun para nuestra percepción. Si el Mal desapareciese, el Bien también desaparecería con él de la Tierra. El “Antiguo Dragón” era Espíritu puro antes de convertirse en Materia; era pasivo antes de ser activo. En la Magia sirio-caldea, tanto Ophis como Ophiomorphos, se juntan en el Zodíaco en el signo Andrógino Virgo Scorpio. Antes de su caída en la tierra, la Serpiente era Ophis-Christos; y después de su caída, se convirtió en Ophiomorphos-Chrestos. En todas partes las especulaciones de los kabalistas tratan al Mal como una Fuerza que es contraria, pero al mismo tiempo esencial para el Bien, dándole la vitalidad y existencia que, de otro modo, no podría tener. No habría Vida posible (en el sentido mayávico) sin la Muerte; ninguna regeneración ni reconstrucción sin destrucción. Las plantas perecerían bajo una luz solar eterna, y lo mismo le sucedería al hombre, que se convertiría en un autómata sin el ejercicio de su libre albedrío, y sin su aspiración hacia la luz, que perdería su ser y su valor para él si no hubiese otra cosa. El Bien es infinito y eterno tan sólo en lo eternamente oculto para nosotros, y por esto nos lo imaginamos eterno. En los planos manifestados, uno equilibra al otro. Pocos son los deístas creyentes en un Dios Personal que no hagan de Satán la sombra de Dios, o que, confundiendo a ambos, no crean tener derecho para rogar a su ídolo, pidiéndole su ayuda y protección para la ejecución e inmunidad de sus actos malos y crueles. “No nos hagas caer en la tentación”, es la oración que dirigen a “nuestro Padre en el Cielo”, y no al Diablo, millones de corazones cristianos. Esto lo hacen repitiendo las mismas palabras que ponen en la boca de su Salvador, y sin embargo no se les ocurre pensar en el hecho de que su significado lo contradice por completo Santiago, “el hermano del Señor”.

Que no diga hombre alguno cuando siente la tentación, estoy tentado por Dios; pues Dios no puede ser tentado por el mal, ni tienta él a hombre alguno[3].

¿Por qué, pues, decir que el Diablo es quien nos tienta, cuando la Iglesia nos enseña, bajo la autoridad de Cristo, que es Dios quien lo hace? Abrid cualquier libro piadoso en donde se defina la palabra “tentación” en su sentido teológico, y encontraréis en seguida dos definiciones:

(1ª) Aquellas aflicciones y penas con las cuales prueba Dios a los suyos.
(2ª) Aquellos medios e incitaciones empleadas por el Demonio para engañar y alucinar a la Humanidad
[4].

Las enseñanzas de Cristo y de Santiago se contradicen al ser aceptadas literalmente; ¿y qué dogma puede reconciliar las dos si se rechaza el significado oculto?

¡Entre las alternativas seducciones, sabio será el filósofo que pueda decidir dónde Dios desaparece para ser reemplazado por el Diablo! Por lo tanto, cuando leemos que “el Demonio es un mentiroso y el padre de la mentira”, que es la mentira encarnada, y se nos dice al mismo tiempo que Satán, el Demonio, era un Hijo de Dios y el más hermoso de sus Arcángeles, antes que creer que el Padre y el Hijo son una Mentira gigantesca, personificada y eterna, preferimos dirigirnos a la filosofía pagana y a la panteísta, para informarnos.

Desde el momento que poseemos la clave del Génesis, la kábala científica y simbólica nos revela el secreto. La Gran Serpiente del Jardín del Edén y el “Señor Dios” son idénticos; y lo mismo sucede con Jehovah y Caín (ese Caín que es mencionado en la Teología como “asesino”, y el que “mintió” a Dios). Jehovah tienta al Rey de Israel para que recuente a su pueblo, y Satán lo tienta para que haga lo mismo en otro sitio. Jehovah se convierte en Serpiente de Fuego, para morder a aquellos de quienes no está contento; y Jehovah anima a la Serpiente de Bronce, que los cura.

Estas breves declaraciones aparentemente contradictorias del Antiguo Testamento -contradictorias porque los dos Poderes están separados, en lugar de ser considerados como dos fases de una sola y misma cosa- son los ecos adulterados por el exoterismo y la teología, hasta el punto de quedar desconocidos, de los dogmas universales y filosóficos de la Naturaleza, que tan bien comprendían los Sabios primitivos. Los mismos fundamentos encontramos en varias personificaciones de los Purânas, sólo que son mucho más amplias y filosóficamente significativas.

Así, Pulastya, un “Hijo de Dios”, de la primera progenie, es representado como el progenitor de los Demonios, los Râkshasas, los tentadores y devoradores de los hombres. Pishâchâ, un demonio hembra, es hijo de Daksha, también “Hijo de Dios”, y un Dios, madre de todos los Pischâchas[5]. Los Demonios, llamados así en los Purânas, son unos Diablos extraordinarios cuando se los juzga desde el punto de vista europeo y ortodoxo; pues a todos ellos, los Dânavas, los Daityas, los Pishâchas y los Râkshasas, se los presenta como en extremo piadoso, siguiendo los preceptos de los Vedas, y algunos siendo hasta grandes Yoguis. Pero se oponen al clero y al ritualismo, a los sacrificios y a las formas, lo mismo que lo hacen hasta el presente los Yoguis principales en la India, sin que por ello sean menos respetados aun cuando les es permitido no seguir ninguna casta ni ritual; y de aquí que todos aquellos Gigantes y Titanes puránicos, sean llamados Diablos. Los misioneros siempre alertas para demostrar, si pueden, que las tradiciones indas no son más que un reflejo de la Biblia judía, han compuesto toda una novela sobre la pretendida identidad de Pulastya con Caín, y de los Râkshasas con los Cainitas, los “Malditos”, la Causa del Diluvio “Noético” (véase la obra del Abate Gorresio, quien “etimologiza” el nombre de Pulastya como significando el “rechazado”, de donde Caín, si os parece bien). Pulastya mora en Kedara -dice-, lo que significa “sitio ahondado”, una “mina”; ¡y a Caín se le muestra, en la tradición y en la Biblia, como el primer trabajador en metales y, por tanto, un minero!

A la vez que es muy probable que los Gibborim, o Gigantes de la Biblia, sean los Râkshasas de los indos, es seguro que unos y otros son los atlantes, y pertenecen a las razas sumergidas. Sea como fuese, ningún Satán sería más constante en maltratar a su enemigo, ni más rencoroso en su odio, que los teólogos cristianos lo son cuando lo maldicen como causante de todos los males. Comparad su modo de vituperar y sus opiniones sobre el demonio, con los puntos de vista filosóficos de los Sabios puránicos y su mansedumbre, semejante a la del Cristo. Cuando Parâshara, cuyo padre fue devorado por un Râkshasa, se preparaba a destruir, por artes mágicas, a toda la raza, su abuelo Vasishtha, después de mostrar al irritado Sabio, por propia confesión, que existen el Mal y el Karma, pero no “malos Espíritus”, dice las siguientes significativas palabras:

Calma tu resentimiento: los Râkshasas no son culpables; la muerte de tu padre fue obra del Destino (Karma). La ira es la pasión de los necios; y no sienta bien a ningún sabio. ¿Quién es el que mata? -puede preguntarse-. Cada hombre recoge las consecuencias de sus propios actos. La cólera, hijo mío, es la destrucción de todo lo que el hombre obtiene... e impide alcanzar... la emancipación. Los... sabios evitan la cólera: no te dejes, hijo mío, influir por ella. No permitas sean consumidos esos inofensivos espíritus de la oscuridad; que tu sacrificio cese. La misericordia es el poder de los justos[6].

De modo que todos los tales “sacrificios” u oraciones a Dios, pidiendo ayuda, no son otra cosa que actos de Magia Negra. Lo que Parâshara pedía, era la destrucción de los Espíritus de la Obscuridad, por venganza personal. Se le llama pagano, y como tal ha sido condenado por los cristianos, al Infierno Eterno. Sin embargo, en este respecto, ¿son por ventura mejores las plegarias de los reyes y generales, que ruegan antes de cada batalla por la destrucción de sus enemigos? Semejante oración es en todo los casos Magia Negra de la peor especia, oculta como el demonio “Mr. Hyde” bajo la santidad del “Dr. Jekyll”.

En la naturaleza humana, el mal denota sólo la polaridad de la Materia y el Espíritu, la “lucha por la vida” entre los dos principios manifestados en el Espacio y en el Tiempo, cuyos principios son uno per se, puesto que tienen sus raíces en lo Absoluto. En el Cosmos, tiene que ser reservado el equilibrio. Las operaciones de los dos opuestos producen armonía, como las fuerzas centrípeta y centrífuga, que, siendo mutuamente interdependientes, son necesarias la una a la otra, “a fin de que ambas puedan existir”. Si una se detuviese, la acción de la otra se convertiría inmediatamente en destructora de sí misma.

Puesto que la personificación llamada Satán ha sido analizada ampliamente desde su triple aspecto, en el Antiguo Testamento, en la Teología Cristiana y en la manera de pensar de los antiguos gentiles. El asunto se esboza ahora aquí, y existen muy buenas razones para tratar de dar más explicaciones. Antes de que podamos acercarnos a la evolución del Hombre Físico y Divino, tenemos primero que dominar la idea de la Evolución Cíclica, y conocer las filosofías y creencias de las cuatro Razas que precedieron a la nuestra, y saber qué ideas eran las de aquellos Titanes y Gigantes (Gigantes, en verdad, tanto mental como físicamente). Toda la antigüedad se hallaba impregnada con esa filosofía que enseña la involución del Espíritu en la Materia, el descenso progresivo cíclico; o la evolución activa, consciente de sí. Los gnósticos alejandrinos han divulgado bastante los secretos de la Iniciación, y sus anales están llenos de la “caída de los AEones”, en su doble calidad de Seres Angélicos y de Períodos; siendo los unos la evolución natural de los otros. Por otro lado, las tradiciones orientales en ambos lados del “Agua Negra”, los Océanos que separan los dos Orientes, están igualmente llenas de alegorías sobre la caída del Plerôma, o la de los Dioses y Devas. Todas ellas alegorizan y explican la Caída, como el deseo de aprender y de adquirir conocimiento: el deseo de saber. Ésta es la consecuencia natural de la evolución mental, lo Espiritual llegando a transmutarse en lo Material o Físico. La misma ley de descenso en la materialidad y de reascenso a la espiritualidad se afirmó durante la Era cristiana, habiéndose detenido la reacción precisamente ahora, en nuestra Subraza especial.

Lo que fue una alegoría, de triple interpretación, en Pymander, hace quizás diez mil años, destinada a registrar un hecho astronómico, antropológico y hasta químico, a saber, la alegoría de los Siete Rectores abriéndose paso a través de los Siete Círculos de Fuego, quedó empequeñecida en una interpretación material y antropomórfica: la Rebelión y Caída de los Ángeles. La multivocal narración, profundamente filosófica bajo su forma poética, del “Casamiento del Cielo con la Tierra”. El amor de la Naturaleza por la Forma Divina, y el Hombre Celeste embelesado con su propia hermosura reflejada en la Naturaleza; esto es, el Espíritu atraído hacia la Materia, se ha convertido ahora, bajo la manipulación teológica, en los Siete Rectores desobedeciendo a Jehovah; engendrando la propia admiración el orgullo satánico, seguido de su Caída, pues Jehovah no permitía ningún culto que no le fuera dedicado. En una palabra, los hermosos Ángeles Planetarios, los AEones cíclicos gloriosos de los antiguos, se han sintetizado en su forma más ortodoxa en Samael, el Jefe de los Demonios en el Talmud, “esa Gran Serpiente con Doce Alas, que arrastra consigo, en su caída, al Sistema Solar o los Titanes”. Pero Schemal (alter ego y tipo sabeo de Samael) esotérica y filosóficamente significa el “Año” en su mal aspecto astrológico, con sus doce meses o “Alas” de males inevitables, en la Naturaleza. En la Teogonía Esotérica, tanto Schemal como Samael representaban una divinidad particular[7]. Para los kabalistas son el “Espíritu de la Tierra”, el Dios Personal que la gobierna, y por tanto son defacto idénticos a Jehovah. Los mismos talmudistas admiten que Samael es un nombre divino de uno de los siete Elohim. Los kabalistas, además, muestran a los dos, Schemal y Samael, como forma simbólica de Saturno, Cronos; los “Doce Alas” significando los doce meses, y el símbolo en su colectividad representando un ciclo de raza. Jehovah y Saturno son también idénticos en sus símbolos.

Esto conduce, a su vez, a una deducción muy curiosa de un dogma católico romano. Muchos renombrados escritores pertenecientes a la Iglesia Latina admiten una diferencia: que debe distinguirse entre los Titanes Uranos, los Gigantes antediluvianos, que eran también Titanes, y aquellos Gigantes posdiluvianos que los católicos romanos persisten en suponer descendientes del Ham mítico. Más claro: hay que hacer una diferencia entre las Fuerzas opuestas cósmicas primordiales, guiadas por la Ley Cíclica, los Gigantes atlantes humanos, y los grandes Adeptos posdiluvianos, ya sean de la mano Derecha o de la Izquierda. Al mismo tiempo muestran que Miguel, “el generalísimo de la Hueste Celestial combatiente, el Guardia de Corps de Jehovah”, es también, a lo que parece, según Mirville, un Titán, pero con el adjetivo de “divino” añadido al sobrenombre. Así, aquellos “Uranidas” que en todas partes se llaman “Titanes Divinos” -y que habiéndose rebelado contra Cronos, o Saturno, se muestra también, por tanto, que son los enemigos de Samael, que es igualmente uno de los Elohim y sinónimo de Jehovah en su colectividad- son idénticos a Miguel y su Hueste. En una palabra, los papeles están cambiados; todos los combatientes están confundidos, y ningún estudiante puede distinguir con claridad quién es quién. Las explicaciones esotéricas pueden, sin embargo, poner algún orden en esta confusión, en que Jehovah se convierte en Saturno, y Miguel y su ejército en Satán y los Ángeles Rebeldes, debido a los esfuerzos indiscretos, de los demasiado fanáticos creyentes, para ver un Diablo en cada Dios pagano. El verdadero significado es mucho más filosófico; y la leyenda de la primera “Caída” de los Ángeles toma un matiz científico cuando se comprende debidamente.

Cronos significa la Duración ilimitada, y por tanto, inmutable, sin principio ni fin, más allá de la división del tiempo y más allá del espacio. Esos Ángeles, Genios o Devas, que nacieron para actuar dentro del espacio y del tiempo, esto es, para abrirse paso a través de los Siete Círculos de los planos superespirituales, a las regiones superterrestres, fenomenales o circunscritas, se dice alegóricamente que se rebelaron contra Cronos y combatieron al León, que era entonces el Dios viviente y más elevado. Cuando Cronos, a su vez, es representado mutilando a Urano, su padre, el significado de la alegoría es muy sencillo. El Tiempo Absoluto se ha convertido en finito y condicionado; una porción es substraída al todo, mostrando así que Saturno, el Padre de los Dioses, ha sido transformado de Duración Eterna en período limitado. Cronos con su guadaña echa abajo hasta los ciclos más largos, que para nosotros son como sin fin, pero que, después de todo, son limitados en la Eternidad; y con la misma guadaña destruye a los rebeldes más poderosos. ¡Sí; ni uno solo escapará a la guadaña del tiempo! Ya roguéis a Dios o a los Dioses, o ya os moféis de aquél o de estos, esa guadaña no vacilará una millonésima parte de segundo en su curso ascendente o descendente.

Los Titanes de la Teogonía de Hesíodo fueron copiados en Grecia de los Suras y Asuras de la India. Estos Titanes hesiódicos, los Uranidas, que en un tiempo se contaban sólo como seis, se ha descubierto recientemente, en un antiguo fragmento que hace referencia al mito griego, que son siete, llamándose el séptimo Phoreg. Así pues, la identidad con los Siete Rectores se demuestra plenamente. El origen de la Guerra en los Cielos y de la Caída tiene, en nuestra opinión, que buscarse inevitablemente en la India, y en un tiempo quizás mucho más remoto que el que los relatos puránicos dicen sobre el particular. Pues el Târakâmaya fue de una época posterior; y en casi todas las cosmogonías se da cuenta de tres Guerras distintas.

La primera Guerra tuvo lugar en la noche de los tiempos, entre los Dioses y los (A)-suras, y duró un Año Divino[8]. En esta ocasión las Deidades fueron derrotadas por los Daityas, bajo el mando de Hrâda. Pero después, debido a un artificio de Vishnu, a quien acudieron en demanda de auxilio los Dioses vencidos, estos últimos derrotaron a los Asuras. En el Vishnu Purâna no se ve intervalo entre ambas guerras. Sin embargo, según la Doctrina Secreta, tiene lugar una Guerra antes de la construcción del Sistema Solar; otra, en la Tierra, cuando la “creación” del hombre; y una tercera Guerra tuvo lugar al final de la Cuarta Raza, entre sus Adeptos y los de la Quinta Raza, esto es, entre los Iniciados de la “Isla Sagrada” y los Brujos de los atlantes. Nos fijaremos en la primera guerra, según la refiere Parâshara, y trataremos de separar los dos relatos, que se hallan mezclados con intención.

Se dice allí que como los Daityas y Asuras cumplían los deberes de sus órdenes (Varnas) respectivas, y seguían el sendero prescrito por la Sagrada escritura, practicando además penitencias religiosas -rara ocupación para Demonios si eran idénticos a nuestros Diablos, como se pretende-, los Dioses no podían destruirlos. Las oraciones dirigidas por los Dioses y Vishnu son curiosas; pues muestran las ideas implicadas en una Deidad antropomórfica. Habiendo huido, después de su derrota, “a las costas del Norte del Océano de Leche (Océano Atlántico)”, [9]los vencidos Dioses dirigieron muchas súplicas “al primero de los Seres, el divino Vishnu”, y entre otras la siguiente:

Gloria a ti, que eres uno con los Santos, cuya naturaleza perfecta es siempre bendecida, y atraviesa sin obstáculo todos los elementos permeables. Gloria a ti, que eres uno con la Raza-Serpiente, de doble lengua, impetuoso, cruel, insaciable de goces y colmado de riquezas... Gloria a ti... ¡oh Señor! que no tienes ni color ni extensión, ni tamaño (ghana), ni ninguna cualidad decible, y cuya esencia (rûpa), la más pura entre las puras, es sólo apreciable por los santos Paramarshis (los más grandes Sabios o Rishis). A ti nos humillamos en la naturaleza de Brahmâ, increado, sin decadencia (avyaya); que estás en nuestros cuerpos, y en todos los demás cuerpos, y en todas las criaturas vivientes, y fuera de quien nada existe. Glorificamos a ese Vâsudeva, el señor (de todo) que no tiene mancha, la semilla de todas las cosas, exento de disolución, no nacido, eterno; siendo, en esencia, Paramapadâtmavat (más allá de la condición del Espíritu), y en substancia (rûpa), todo este (Universo).[10]

Se cita lo anterior como ejemplo del vasto campo que presentan los Purânas para la crítica contraria y errónea de todo fanático europeo, que forma su opinión sobre una religión que no sea la propia, por sólo la apariencia externa. Cualquier hombre acostumbrado a someter lo que lee a un detenido análisis, verá desde luego lo incongruente de dirigirse a lo aceptado como “Incognoscible”, al Absoluto sin forma y sin atributos, tal como los vedantinos definen a Brahman, como siendo “uno con la Raza-Serpiente, de doble lengua, cruel e insaciable”, asociando así lo abstracto con lo concreto, y poniendo adjetivos a lo que está libre de toda limitación y es incondicionado. Hasta el profesor Wilson, que después de haber vivido en la India rodeado de brahmanes y pandits tantos años, debía de haber sabido mejor a qué atenerse - hasta este mismo erudito no perdió ocasión para criticar en este particular a las Escrituras indas. He aquí cómo se expresa:

¡Los Purânas enseñan siempre doctrinas incompatibles! Según este pasaje[11], el Ser Supremo no es sólo la causa inerte de la creación, sino que ejerce también las funciones de una providencia activa. El Comendador cita un texto del Veda en apoyo de esta opinión: “El Alma Universal, penetrando en los hombres, gobierna su conducta”. Las incongruencias, sin embargo, son tan frecuentes en los Vedas como en los Purânas.

Menos frecuentes, en estricta verdad, que en la Biblia Mosaica. Pero son grandes los prejuicios que abrigan los orientalistas, especialmente los doctos “reverendos”. El Alma Universal no es la Causa inerte de la Creación o (Para)Brahman, sino simplemente lo que nosotros llamamos el Sexto Principio del Kosmos Intelectual, en el plano manifestado del ser. Es Mahat o Mahâbuddhi, la Gran Alma, el Vehículo del Espíritu, la primera reflexión primordial de la CAUSA sin forma, y aquello que está aún más allá del Espíritu. Esto, por lo que respecta a la intempestiva burla del profesor Wilson sobre los Purânas. En cuanto al ruego, aparentemente incongruente a Vishnu, de los Dioses derrotados, si los orientalistas quisiesen tomarse el trabajo, encontrarían la explicación en el texto del Vishnu Purâna. La filosofía enseña que hay un Vishnu como Brahmâ, y un Vishnu en sus dos aspectos. Pero sólo hay un Brahman, “esencialmente Prakriti y Espíritu”.

Esta ignorancia está expresada de un modo verdadero y hermoso en la alabanza de los Yogins a Brahmâ, “el sostenedor de la tierra”, cuando dicen:

Aquellos que no han practicado la devoción conciben de una manera errónea la naturaleza del mundo. Los ignorantes, que no perciben que este Universo es de la Naturaleza de la Sabiduría, y lo juzgan sólo como un objeto de percepción, están perdidos en el Océano de la ignorancia espiritual. Pero aquellos que conocen la verdadera Sabiduría, y cuyas mentes son puras, contemplan todo este mundo como uno con el Conocimiento Divino, como uno contigo, ¡oh Dios! Sé favorable, ¡oh Espíritu universal!.[12]

Por lo tanto, no es Vishnu “la causa inerte de la creación”, que ejerce “las funciones de una Providencia Activa”; sino el Alma Universal, la que Eliphas Lévi llama, en su aspecto material, Luz Astral. Y esta Alma, en su aspecto doble de Espíritu y Materia, es el verdadero Dios antropomórfico de los deístas; pues este Dios es una personificación de ese Agente Creador Universal, a la vez puro e impuro, debido a su condición manifestada y a su diferenciación en este mundo Mâyâvico: Dios y el Diablo, verdaderamente. Pero el profesor Wilson no llegó a ver cómo Vishnu, bajo este aspecto, se parece estrechamente al Señor Dios de Israel, “especialmente en su conducta de engañador, tentador y astuto”.

En el Vishnu Purâna, está esto del modo más claro posible; pues se dice allí que:

A la conclusión de sus oraciones (stotra), los Dioses vieron a la Deidad Soberana Hari (Vishnu), armado con la concha, el disco y la maza, cabalgando sobre Garuda.

Ahora bien; Garuda es el Ciclo Manvantárico, como se hará ver oportunamente. Vishnu, por lo tanto, es la Deidad en el Espacio y el Tiempo; el Dios peculiar de los Vaishnavas. Tales Dioses son llamados de tribu o de raza; esto es, uno de los varios Dhyânis, Dioses o Elohim, uno de los cuales era generalmente elegido por algún motivo especial, por una nación o por una tribu, y así se convertía gradualmente en “un Dios sobre todos los Dioses”[13]. “el Dios más elevado”, como Jehovah, Osiris, Bel o cualquier otro de los Siete Regentes.

“El árbol se conoce por su fruto”; la naturaleza de un Dios por sus acciones. Tenemos que juzgar estas acciones por la letra muerta de las narraciones, o aceptarlas alegóricamente. Si comparamos a los dos -a Vishnu como defensor y campeón de los derrotados Dioses; y a Jehovah, defensor y campeón del “pueblo escogido”, llamado así sin duda por antífrasis, puesto que fueron los judíos los que eligieron a este Dios “celoso”-, encontraremos que ambos usan del engaño y la astucia. Hacen esto basados en el principio de que “el fin justifica los medios”, a fin de poder vencer a sus respectivos adversarios y enemigos -los Demonios-. Así, mientras que, según los kabalistas, Jehovah asume la forma de la Serpiente tentadora en el Jardín del Edén, envía a Satán con la misión especial de tentar a Job, consume y cansa a Faraón con Saraï, la mujer de Abraham, y “endurece” el corazón de otro Faraón contra Moisés, a fin de que no faltase oportunidad para lanzar las “más grandes plagas sobre sus víctimas”; Vishnu aparece en su Purâna echando mano de una estratagema no menos indigna de un Dios respetable.

Los Dioses derrotados se dirigen a Vishnu del modo siguiente:

Ten compasión de nosotros, ¡oh Señor! y protégenos, pues a ti venimos a pedirte socorro contra los Daityas (Demonios). Ellos se han apoderado de los tres mundos y se han apropiado las ofrendas que constituyen nuestra parte, teniendo cuidado de no quebrantar los preceptos del Veda. Aun cuando nosotros, lo mismo que ellos, somos parte de ti mismo... [14] metidos (como están)... en los senderos prescritos por la santa escritura... es imposible para nosotros destruirlos. ¡Tú, cuya sabiduría es inmensurable (Ameyâtman), dinos alguna treta con la cual podamos llegar a exterminar a los enemigos de los Dioses!

Cuando el poderoso Vishnu oyó este ruego, emitió de su cuerpo una forma ilusoria (Mâyâmoha, el “engañador por medio de la ilusión”) que dio a los Dioses diciéndoles: “Este Mâyâmoha seducirá por completo a los Daityas, de modo que, apartándose de la Senda de los Vedas, puedan ser destruidos... Id y no temáis. Que esta visión engañadora os preceda. Ella os hará este día un gran servicio, ¡oh Dioses!”.

Después de esto, el gran Engaño (Mâyâmoha) marchó (a la Tierra) y vio a los Daityas ocupados en penitencias ascéticas y aproximándose a ellos, bajo la figura de un Digambara (mendicante desnudo) con la cabeza afeitada... les habló así, con suave acento: “Señores de la raza Daitya, ¿por qué practicáis esas penitencias?”, etcétera
[15].

Finalmente, los Daityas fueron seducidos por las astutas frases del Mâyâmoha, lo mismo que Eva lo fue con los consejos de la Serpiente. Se hicieron apóstatas de los Vedas. El Dr. Muir traduce el pasaje de este modo:

El gran Engañador, empleando la ilusión, sedujo luego a otros Daityas por medio de diversas clases de herejía. En muy poco tiempo, estos Asuras (Daityas) inducidos al error por el Engañador (que era Vishnu), abandonaron todo el sistema fundado sobre los mandamientos del triple Veda. Algunos difamaron a los Vedas; otros al ceremonial del sacrificio; y otros a los brahmanes. Ésta (exclamaron) es una doctrina que no sufre la discusión; la matanza (de los animales en los sacrificios) no puede producir méritos religiosos. (El decir que) las oblaciones de manteca consumida por el fuego producen recompensas futuras, es cosa de niños... Si es un hecho que a un animal muerto en el sacrificio se le exalta a los cielos, ¿por qué no mata el devoto a su propio padre?... Las frases infantiles, grandes Asuras, no bajan del firmamento; sólo los asertos fundados en el razonamiento es lo que yo acepto y lo que aceptan las personas (inteligentes) como vosotros. De esta manera y de diferentes modos fueron perturbados los Daityas por el gran Engañador (la Razón)... Cuando los Daityas penetraron en la senda del error, las Deidades reunieron todas sus energías y se aproximaron para dar la batalla. Luego siguió un combate entre los Dioses y los Asuras; y estos últimos, que habían abandonado el buen camino, fueron destrozados por los primeros. En otro tiempo se hallaban defendidos con la armadura de la justicia que llevaban; pero cuando destruyeron a ésta, perecieron[16].

Sea lo que fuese lo que se piense de los indos, ningún enemigo suyo puede considerarlos como necios. Un pueblo cuyos santos y sabios han dejado al mundo las filosofías más grandes y sublimes deben de haber conocido la diferencia entre lo justo y lo injusto. Hasta el salvaje puede distinguir lo blanco de lo negro, lo bueno de lo malo, y la sinceridad y la veracidad, del engaño y de la falsedad. Los que han narrado este suceso en la biografía de su Dios deben de haber visto que en este caso era Dios el Archiengañador; y que los Daityas, que “nunca violaron los preceptos de los Vedas”, eran los que tenían el lado luminoso en aquel caso, y eran los verdaderos “Dioses”. De aquí que debe de haber habido y exista un significado secreto oculto bajo esta alegoría. En ninguna clase de la sociedad, en ninguna nación, son considerados el engaño y la astucia como virtudes divinas -excepto quizás en las clases clericales de los teólogos y del Jesuitismo moderno.

El Vishnu Purâna[17], como todas las demás obras de esta clase, pasó más tarde a manos de los brahmanes de los templos, y los antiguos manuscritos han sido, indudablemente, adulterados por los sectarios. Pero hubo un tiempo en que los Purânas eran obras esotéricas, y lo son todavía para los Iniciados que pueden leerlas con la clave que poseen.

Que los brahmanes Iniciados den alguna vez a conocer todo el significado de estas alegorías es un asunto que no concierne a la escritora. El objeto que se propone es demostrar que, honrando a los Poderes Creadores en sus múltiples formas, ningún filósofo hubiera podido aceptar, ni ha aceptado nunca, lo externo de la alegoría como su verdadero espíritu, excepto, quizás, algunos filósofos pertenecientes a las razas cristianas “superiores y civilizadas” de nuestra época. Pues, como se ha mostrado, Jehovah no es en lo mínimo superior a Vishnu en punto de ética. Por esto los ocultistas, y hasta algunos kabalistas, ya consideren o no a estas Fuerzas creadoras como Entidades vivientes y conscientes -y no vemos por qué no han de ser aceptadas como tales-, no confundirán nunca la Causa con el Efecto, ni aceptarán el Espíritu de la Tierra por Parabrahman, o Ain Soph. De todos modos, ellos conocen bien la verdadera naturaleza de lo que los griegos llaman Padre AEther, Júpiter-Titán, etc. Saben que el Alma de la Luz Astral es divina, y que su cuerpo -las ondas de Luz en los planos inferiores- es infernal. Esta Luz está simbolizada en el Zohar por la “Cabeza-Mágica”, la Doble Cara sobre la Doble Pirámide; la Pirámide negra levantándose frente a un campo blanco puro, con una Cabeza y Cara blancas dentro de su Triángulo negro; la Pirámide Blanca, invertida -reflejo de la primera en las obscuras Aguas-, mostrando la reflexión negra de la cara Blanca.

Ésta es la Luz Astral, o Demon est Deus inversus.


[1] Job, II.
[2] Génesis, VI.
[3] Santiago, I, 13.
[4] Santiago, I, 2, 12, y Mateo, VI, 13. Véase Cruden, sub. voc.
[5] Padma Purâna
[6] Vishnu Purâna, I.I
[7] Véase Nabathean Agriculture, de Chwolsohn, II, 217
[8] Un día de Brahmâ dura 4.320.000.000 de años –multiplíquese esto por 360! Los Asuras (No-dioses, o demonios) son aquí todavía Suras. Dioses superiores en jerarquía a esos Dioses secundarios que ni se nombran siquiera en los Vedas. La duración de la Guerra muestra su significación, asó como también que los combatientes son sólo Poderes Cósmicos personificados. Es evidente que la forma ilusoria de Mâvâmoha, tomada por Vishnu, fue atribuida en arreglos posteriores de antiguos textos, con fines sectarios y por odium theologicum, a Buddha y a los Daityas, como en el Vishnu Purâna, a menos que fuese una fantasía del mismo Wilson. También se figuró encontrar una alusión al buddhismo en el Bhagavad-Gîtâ, mientras que, según ha probado K. T. Telang, había confundido a los buddhistas con los antiguos materialistas Chârvâka. La versión no se encuentra en ningún otro Purâna, si es que la alusión existe, como lo pretende el profesor Wilson, en el Vishnu Purâna, cuya traducción, especialmente la del libro III, cap. XVIII, en donde el reverendo orientalista introduce arbitrariamente a Buddha y lo presenta enseñando el buddhismo a los Daityas, produjo otra “gran guerra” entre él y el Coronel Vans Kennedy. Este último le inculpó públicamente de interpretar de un modo falso y de intento los textos puránicos. “Afirmo” –escribía el Coronel en Bombay en 1840- “que los Purânas no contienen lo que el profesor Wilson ha afirmado que se encuentra en ellos...; hasta que no se demuestren semejantes pasajes, me será permitido repetir mis primeras conclusiones, de que la opinión del profesor Wilson respecto de que los Purânas, tal como ahora aparecen, son compilaciones hechas entre los siglos VIII y el XVII (¡después de Cristo!), se funda tan sólo en suposiciones gratuitas y en asertos infundados, y que sus razonamientos son fútiles, sofísticos, contradictorios e improbables”. (Véase Vishnu Purâna, trducción de Wilson, editado por Fitzedward Hall, vol. V, apéndice).
[9] Esta declaración pertenece a la tercera Guerra, puesto que los continentes terrestres, mares y ríos, se hallan mencionados en relación ella
[10] Vishnu Purâna, III, XVII (Wilson, vol. III, 204-5).
[11] Libro I, cap. XVII (Wilson, vol. II, 36), en la historia de Prahlâda –el Hijo del Hiranyakashipu, el Satán puránico, el gran enemigo de Vishnu, y el Rey de los tres Mundos- en cuyo corazón penetró Vishnu
[12] Ibíd., I, IV (Wilson, vol. I, 64).
[13] II, Crónicas, II, 5
[14] “Hubo un día en los Hijos de Dios se presentaron ante el Señor, y en que Satán, con sus hermanos, se presentó también al Señor” (Job, II, Abyss; texto Etiópico).
[15] Ibíd., vol. III, 205-7
[16] Journal of the Royal Asiat. Society, XIX, 302
[17] La opinión de Wilson de que el Vishnu Purâna es una producción de nuestra Era, y que, en su forma actual, no es más antiguo que del siglo VIII al XVII (¡!), resulta absurda a no poder serlo más.

Estancia III. - EL DESPERTAR DEL KOSMOS

miércoles 16 de julio de 2008

1.-Mahat (Inteligencia Universal), el primogénito de Sabiduría.
2.- La última Vibración.
3.- El significado esotérico de Manvántara.
4.- El Eterno Aliento se mueve sobre las Aguas de la Vida, Caos.
5.- El Pensamiento Divino impregna al Caos.
6.- El Huevo Virginal como símbolo del Universo.
7.- El Poder de los Números.
8.- El simbolismo Oculto.
9.- La Luz, el Omnipresente Rayo Espiritual.
10.- Las Tinieblas, única realidad verdadera.
11.- El resplandeciente Dragón de Sabiduría.
12.- La Substancia Cósmica se convierte en Materia Astral.
13- El Fuego, la Inteligencia que mueve al Universo.
14.- El Misterio de los Números. El Cisne, símbolo del Rayo divino.
15.- Electricidad, la Vida Una.
16.- Los primeros Dhyân.
17.- Chohans son “Naturalezas Primarias”.
18.- La Trama del Ser.
19.– Fohat pone la Materia Cósmica en Moción.
20.- La Trama se dilata y contrae.
21.– Fohat la Electricidad Cósmica.

El Cuaternario: Padre-Madre-Hijo, como Unidad

sábado 5 de julio de 2008

SU CORAZÓN NO SE HABÍA ABIERTO TODAVÍA PARA RECIBIR EL RAYO ÚNICO, Y CAER DESPUÉS, COMO TRES EN CUATRO, EN EL REGAZO DE MÂYÂ.

La Substancia Primordial no había pasado todavía de su latencia precósmica a la objetividad diferenciada, ni siquiera para convertirse en el Protilo invisible -para el hombre al menos- de la ciencia. Pero en cuanto “suena la hora” y se vuelve receptora de la impresión Fohática del Pensamiento Divino –el Logos, o aspecto masculino del Anima Mundi, Âlaya-, su “Corazón” se abre. Se diferencia, y los tres –Padre, Madre, Hijo- se convierten en Cuatro. He aquí el origen del doble misterio de la Trinidad y de la Inmaculada Concepción. El dogma primero y fundamental del Ocultismo es la Unidad Universal –u Homogeneidad- bajo tres aspectos. Esto conduce a una concepción posible de la Deidad, la cual, como Unidad absoluta, tiene que permanecer por siempre incomprensible para las inteligencias finitas.

“Si quieres creer en el Poder que actúa en la raíz de una planta, o imaginar a la raíz oculta bajo el suelo, tienes que pensar en su tallo o tronco y en sus hojas y flores. No puedes imaginar aquel Poder independientemente de estos objetos. La Vida puede ser únicamente conocida por el Árbol de Vida...”.[1]

La idea de la Unidad Absoluta quedaría por completo quebrantada en nuestro concepto, si no tuviéramos algo concreto ante nuestros ojos para contener aquella Unidad. La Deidad, siendo absoluta, tiene que ser omnipresente; de aquí que no exista ni un átomo que no La contenga. Las raíces, el tronco y sus muchas ramas son tres clases de objetos distintos, y sin embargo, constituyen un árbol. Los kabalistas dicen: “La Deidad es Una, porque es Infinita. Es Triple, porque siempre se está manifestando”. Esta manifestación es triple en sus aspectos, puesto que requiere, como dice Aristóteles, tres principios para que cada cuerpo natural se convierta en objetivo: privación, forma y materia[2]. Privación significa, para el gran filósofo, lo que llaman los ocultistas los prototipos impresos en la Luz Astral, el mundo y plano más inferiores del Anima Mundi. La unión de estos tres principios depende de un cuarto: la Vida que radia desde las cúspides de lo Inalcanzable, para convertirse en una Esencia universalmente difundida en los planos manifestados de la Existencia. Y este Cuaternario -Padre, Madre, Hijo, como Unidad, y un Cuaternario como manifestación viviente-, es el fundamento que conducido a la antiquísima idea de la Inmaculada Concepción, cristalizada ahora finalmente en un dogma de la Iglesia Cristiana, que ha carnalizado esta metafísica idea, fuera de todo sentido común. Pues no hay sino que leer la Kabalah y estudiar su métodos numéricos de interpretación, para encontrar el origen de aquel dogma. Es puramente astronómico, matemático y preeminentemente metafísico: el Elemento masculino en la Naturaleza –personificado por las deidades masculinas y por los Logos - Virâj o Brahmâ, Horus u Osiris, etc.-, nace a través, no de un origen inmaculado, personificado por la “Madre”, porque aquel Varón, teniendo una “Madre” no puede tener un “Padre”, pues la Deidad abstracta carece de sexo y no es ni siquiera un ser, sino la Seidad o la Vida misma. Expresemos esto en el lenguaje matermático del autor de The Source of Measures –El Origen de las Medidas. Hablando de la “Medida de un Hombre” y de su valor numérico –kabalístico-, escribe que en el Génesis, cap. IV:

Es llamada la Medida del “Hombre igual a Jehovah”, y esto se obtiene del modo siguiente: 113 x 5 = 565; y el valor de 565 puede colocarse bajo la forma de 56’5 x 10 = 565. De aquí que el número del Hombre, 113, se convierta en un factor de 56’5 x 10, y la lectura -kabalística- de esta última expresión, es Jod, He, Van, He, o Jehovah... La expansión de 565 en 56’5 x 10 tiene por objeto demostrar la emanación del principio masculino (Jod) del femenino (Eva); por decirlo así, el nacimiento de un elemento masculino de un origen inmaculado; en otras palabras, una inmaculada concepción.

De este modo se repite en la tierra el misterio verificado, según los videntes, en el plano divino. El Hijo de la Virgen Celestial Inmaculada -o el Protilo Cósmico no diferenciado, la Materia en su infinitud-, nace de nuevo en la tierra como Hijo de la Evaterrestre, nuestra madre Tierra, y se convierte en Humanidad como un total -pasado, presente y futuro-; pues Jehovah o Jod-Hé-Vau-Hé, es andrógino, o a la par masculino y femenino. Arriba, el Hijo es todo el Kosmos; abajo es la Humanidad. La Tríada o Triángulo se convierte en la Tetraktys, el sagrado Número pitagórico, el Cuadrado perfecto, y un Cubo de seis caras sobre la Tierra. El Macroprosopus -la Gran Faz- es ahora el Microprosopus –la Faz Menor-; o como dicen los kabalistas, el “Anciano de los Días”, descendiendo sobre Adam-Kadmon, de quien se sirve como de su vehículo para manifestarse, queda transformado en el Tetragrammaton. Hállase ahora en el “Regazo de Mâyâ”, la Gran Ilusión, y entre Él y la Realidad existe la Luz Astral, la Gran Receptora de los sentidos limitados del hombre, a menos que el conocimiento por medio del Paramârtasatya acuda en su auxilio.


[1] Preceptos del Yoga.

[2] Un vedantino de la filosofía Visishthadvaita diría que, a pesar de ser la única Realidad independiente, Parabrahman es inseparable de su trinidad. Que Él es tres: “Parabrahman, Chit y Achit”; siendo las dos últimas, Realidades dependientes incapaces de existir separadamente; o para expresarlo con mayor claridad; Parabrahman es la Substancia -inmutable, eterna e incognoscible- y Chit (Âtmâ), y Achit (Anâtmâ) son sus cualidades, como la forma y el color son las cualidades de cualquier objeto. Los dos son la vestidura o cuerpo, o más bien aspecto (sharira) de Parabrahman. Pero un ocultista encontraría mucho que decir en cuanto a esta opinión, y lo mismo un vedantino advaiti.

6.- La Conciencia Absoluta

viernes 27 de junio de 2008

...¿DÓNDE ESTABA EL SILENCIO? ¿EN DÓNDE LOS OÍDOS PARA PERCIBIRLO? NO; NO HABÍA SILENCIO NI SONIDO (a); NADA, SALVO EL INCESANTE HÁLITO ETERNO[1], PARA SÍ MISMO IGNOTO (b).



(a) La idea de que las cosas pueden cesar de existir, y sin embargo ser, es fundamental en la psicología oriental. Bajo esta aparente contradicción de términos, hay un hecho de la Naturaleza; y lo importante es comprenderlo, más bien que discutir acerca de las palabras. Un ejemplo familiar de una paradoja parecida, nos lo da una combinación química. La cuestión acerca de si el hidrógeno y el oxígeno cesan de existir cuando se combinan para formar el agua, se halla todavía sobre el tapete; algunos dicen que desde el momento en que se les encuentra de nuevo al ser descompuesta el agua, es porque deben continuar existiendo durante la combinación; mientras otros opinan que al convertirse en algo completamente distinto, deben cesar de existir como tales elementos durante todo aquel tiempo; pero ni unos ni otros son capaces de formar el más ligero concepto de la condición verdadera de una cosa que se ha convertido en otra diferente, y que, sin embargo, no ha cesado de ser la misma. Con respecto al oxígeno y al hidrógeno, puede decirse que la existencia como agua es un estado de No-Ser, el cual es un ser más real que su existencia como gases; y puede simbolizar, aunque vagamente, la condición del Universo cuando se sume en el sueño o cesa de ser, durante las Noches de Brahmâ, para despertar o reaparecer nuevamente, cuando la aurora del nuevo Manvántara le vuelve a llamar a lo que nosotros denominamos existencia.

(b) Se dice el “Hálito” de la Existencia Una, tan sólo en sus aplicaciones al aspecto espiritual de la Cosmogonía, por el esotericismo arcaico; en otros casos es reemplazado por su equivalente en el plano material, el Movimiento. El Elemento Eterno y Único, o el Vehículo contenedor de los elementos, es el Espacio sin dimensiones en ningún sentido; coexistente con la Duración Interminable, con la Materia Primordial –por tanto, indestructible-, y con el Movimiento, “Movimiento Perpetuo”, Absoluto, que es el “Hálito” del Elemento Único. Este Hálito, como se ve, no puede cesar jamás, ni aun durante las Eternidades Praláyicas.

Pero el Hálito de la Existencia Única no se aplica del mismo modo a la Única Causa Sin Causa, o la Omniseidad |All-Be-ness en el texto|, en oposición al Todo-Ser (All-Being), que es Brahmâ o el Universo. Brahmâ, el dios de cuádruple faz, que después de haber levantado la Tierra del seno de las aguas, “llevó a efecto la Creación”, es considerado tan sólo como la Causa Instrumental, y no, como claramente se implica, la Causa Ideal. Ningún orientalista parece haber comprendido por completo hasta ahora el sentido verdadero de los versos de los Purânas, que tratan de la “creación”.

Allí Brahmâ es la causa de las potencias que tienen que ser generadas subsiguientemente para la obra de la “creación”. Por ejemplo, en el Vishnu Purâna[2] cuando se traduce: “Y de él han procedido las potencias que tienen que ser creadas, después de haberse ellas convertido en la causa real”, sería quizás más correcto traducir: “Y de ELLO han procedido las potencias que crearán, al convertirse en la causa real –en el plano Material-”. A ninguna otra más que a la Causa sin Causa Ideal Única puede atribuirse el Universo. “El más digno de los ascetas, por medio de su potencia -o sea por medio de la potencia de aquella causa- cada cosa creada viene por su naturaleza inherente o propia”. Si, “en la Vedânta y Nyâya, nimitta es la causa eficiente en contraposición con upâdâma, la causa material (y) en la Sânkhya, pradhâna implica las funciones de ambas”; en la filosofía esotérica, que reconcilia a todos estos sistemas, y cuya exposición más próxima es la Vedânta, tal como la presentan los vedantinos advaitis, no se puede especular acerca de nada que no sea el upâdâna. Lo que para los vaishnavas –los Visishthadvaitas- es como lo ideal en oposición a lo real -o Parabrahman e Íshvara- no puede tener lugar alguno en las especulaciones publicadaas, puesto que aun aquel ideal es una palabra errónea cuando se aplica a lo que ninguna razón humana, ni siquiera la de un Adepto, puede concebir.

El conocerse a sí mismo exige que sean reconocidas la conciencia y la percepción - ambas facultades limitadas en la relación a todo sujeto excepto Parabrahman. De aquí el “El Hálito eterno para sí mismo ignoto”. La Infinitud no puede concebir lo Finito. Lo Ilimitado no puede tener relación con lo limitado y lo condicionado. En las enseñanzas ocultas, el Motor Desconocido e Incomprensible, o el Existente por Sí Mismo, es la Esencia Absoluta y Divina. Y así, siendo Conciencia Absoluta y Absoluto Movimiento -para los sentidos limitados de los que describen lo que es indescriptible- es inconsciencia e inmovilidad. La conciencia concreta no puede ser atribuida a la conciencia abstracta, como no puede atribuirse al agua la cualidad de humedad, desde el momento que la humedad es su propio atributo, y la causa de la cualidad húmeda reside en otras cosas. La conciencia implica limitaciones y calificaciones; algo de qué ser consciente, y alguien que sea consciente de ello. Pero la Conciencia Absoluta contiene al conocedor, a la cosa conocida y al conocimiento; los tres en sí misma, y los tres uno. Nadie es consciente más que de aquella porción de sus conocimientos que recuerde en cualquier tiempo dado; pero, tal es la pobreza del lenguaje, que no poseemos término alguno para distinguir el conocimiento en que no pensemos activamente, del conocimiento irrecordable. El olvidar es sinónimo del no recordar. ¡Cuánto mayor no debe de ser la dificultad de encontrar términos descriptivos y diferenciales de los hechos abstractos y metafísicos! No debe olvidarse tampoco que nosotros damos nombres a las cosas según sus apariencias. A la Conciencia Absoluta la llamamos “inconsciencia”, porque nos parece que debe ser necesariamente así; del mismo modo que llamamos a lo Absoluto “Tinieblas”, porque para nuestro entendimiento finito resulta por completo impenetrable, y, sin embargo, comprendemos plenamente que nuestra percepción de semejantes cosas no se ajusta a las mismas. Involuntariamente distinguimos, por ejemplo, entre la Absoluta Conciencia inconsciente y la inconsciencia, atribuyendo en nuestro fuero interno a la primera alguna cualidad indefinida que corresponde, en un plano más elevado de lo que podemos concebir, a lo que conocemos como conciencia en nosotros mismos. Pero esto no tiene nada que ver con ninguna clase de conciencia que podamos distinguir de lo que se nos representa como inconsciencia.


[1] Movimiento.

[2] Wilson, I, iv.