DEMON EST DEUS INVERSUS

lunes 15 de septiembre de 2008

Esta frase simbólica, en sus múltiples formas, es ciertamente muy peligrosa e iconoclasta frente a todas las últimas religiones dualistas, o más bien teologías, y especialmente a la luz del cristianismo. Sin embargo, no sería justo ni exacto decir que el Cristianismo es el que ha concebido y dado luz a Satán. Como “Adversario”, como Poder opuesto requerido por el equilibrio y la armonía de las cosas en el Universo, así como es necesaria la sombra para hacer resaltar la Luz, la Noche para poner más de relieve al Día, y así como el Frío hace apreciar más la bondad del calor, así ha existido siempre Satán. La Homogeneidad es una e indivisible. Pero si el Uno y Absoluto homogéneo no es una mera figura del lenguaje; y si lo Heterogéneo, en su aspecto dual, es su producción, su sombra o reflejo bifurcado, entonces aquella Homogeneidad divina tiene que contener en sí misma tanto la esencia de lo bueno como de lo malo. Si “Dios” es Absoluto, Infinito y Raíz Universal de todas las cosas en la Naturaleza y en su Universo, ¿de dónde viene el Mal o el Demonio, sino de la misma Matriz áurea del Absoluto? Así pues, o tenemos que aceptar la emanación del bien y del mal, de Agathodaemon y de Kakodaemon, como ramas del mismo tronco del Árbol de la Existencia, o tenemos que resignarnos al absurdo de creer en dos Absolutos eternos.

Teniendo que buscar el origen de la idea en los mismos principios de la mente humana, es de justicia entretanto conceder lo suyo hasta al Diablo proverbial. La antigüedad no conocía ningún “Dios del mal” aislado, completa y absolutamente malo. El pensamiento pagano representaba al bien y al mal como hermanos gemelos, nacidos de la misma madre, la Naturaleza; tan pronto como aquel pensamiento se perdió, haciéndose arcaico, la Sabiduría se convirtió en Filosofía. En el principio, los símbolos del bien y del mal eran meras abstracciones, Luz y Tinieblas; más tarde, sus tipos fueron elegidos entre los fenómenos cósmicos más naturales y siempre repetidos periódicamente, el Día y la Noche, o el Sol y la Luna. Luego fueron representados por las Huestes de las Deidades del Sol y de la Luna, y el Dragón de las Tinieblas fue el contraste del Dragón de la Luz. La Hueste de Satán es Hija de Dios, lo mismo que la Hueste de B’ne Alhim, los Hijos de Dios que fueron a “presentarse ante el Señor”, su Padre[1]. “Los Hijos de Dios” se convirtieron en “Ángeles caídos” sólo cuando comprendieron que las hijas de los hombres “eran hermosas”[2]. En la filosofía inda, los Suras estaban clasificados entre los dioses más primitivos y resplandecientes, y se convirtieron en Asuras sólo cuando fueron destronados por la fantasía brahmánica. Satán no tomó nunca la forma antropomórfica, individualizada, hasta que se completó la creación por el hombre, de “un Dios personal viviente”; y entonces sólo como una cosa de principal necesidad. Era necesaria una pantalla, un testaferro para explicar la crueldad, los errores y la injusticia demasiado evidentes, perpetrados por aquél a quien se atribuía la perfección, la misericordia y la bondad absolutas. Éste fue el primer efecto kármico de abandonar un Panteísmo filosófico y lógico, para construir, como apoyo para el hombre perezoso, “un Padre misericordioso en el Cielo”, cuyas acciones diarias y de cada momento, como Natura Naturans, la “Madre hermosa, pero fría como el mármol”, desmienten la suposición. Ésta condujo al concepto de los gemelos primitivos Osiris-Tifón, Ormazd-Ahriman, y por último Caín-Abel y el tutti quanti de los opuestos.

Habiendo empezado “Dios”, el Creador, por ser sinónimo de Naturaleza, terminó por ser convertido en su autor. Pascal resuelve muy artificiosamente la dificultad, diciendo:

La Naturaleza tiene perfecciones para mostrar que es la imagen de Dios; y defectos para indicar que es tan sólo su imagen.

Mientras más se profundiza en la obscuridad de las edades prehistóricas, más filosófica aparece la figura prototípica del último Satán. El primer “Adversario”, en forma individual humana, que se encuentra en la antigua literatura puránica, es uno de sus más grandes Rishis y Yoguis - Nârada, llamado “el Productor de las contiendas”.

Él es un Brahmaputra, un hijo de Brahmâ, el masculino. Pero más adelante nos ocuparemos de él. Quien sea en realidad el gran “Impostor”, se puede poner en claro, investigando el asunto, con los ojos abiertos y la mente libre de prejuicios, en todas las Cosmogonías y Escrituras antiguas.

Es al Demiurgo antropomorfizado, al Creador de Cielos y Tierra, separado de la Hueste colectiva de sus Creadores Compañeros, a quien, por decirlo así, representa y sintetiza. Ahora es el Dios de las Teologías. “El deseo es padre del pensamiento”. Ocurrió una vez que un símbolo filosófico abandonó a la perversa imaginación humana; después tomó la forma de un Dios diabólico, engañador, astuto y celoso.

Como los Dragones y otros Ángeles Caídos se describen en otras partes de esta obra, bastarán ahora unas cuantas palabras sobre el tan maltratado Satán. El estudiante debe tener presente que en todo el mundo, excepto en las naciones cristianas, el Diablo no es hasta hoy más que el aspecto opuesto, en la naturaleza dual del llamado Creador. Esto es natural. No puede pretenderse que Dios sea la síntesis de todo el Universo; que sea Omnipresente, Omnisciente e Infinito, y divorciarlo luego del Mal. Como hay mucho más Mal que Bien en el mundo, se deduce lógicamente que o bien Dios tiene que abarcar el Mal y ser causa directa del mismo, o de lo contrario abandonar toda pretensión a la Absolutividad. Los antiguos comprendían esto tan bien, que sus filósofos, a quienes siguen ahora los kabalistas, definían el Mal como el “revestimiento” de Dios, o el Bien; y Demon est Deus inversus es un adagio muy antiguo. Verdaderamente, el Mal no es sino una fuerza ciega competidora en la Naturaleza; es la reacción, la oposición y el contraste -el mal para unos, el bien para otros-. No hay malum in se, sino sólo la Sombra de la Luz, sin la cual ésta no podría tener existencia, ni aun para nuestra percepción. Si el Mal desapareciese, el Bien también desaparecería con él de la Tierra. El “Antiguo Dragón” era Espíritu puro antes de convertirse en Materia; era pasivo antes de ser activo. En la Magia sirio-caldea, tanto Ophis como Ophiomorphos, se juntan en el Zodíaco en el signo Andrógino Virgo Scorpio. Antes de su caída en la tierra, la Serpiente era Ophis-Christos; y después de su caída, se convirtió en Ophiomorphos-Chrestos. En todas partes las especulaciones de los kabalistas tratan al Mal como una Fuerza que es contraria, pero al mismo tiempo esencial para el Bien, dándole la vitalidad y existencia que, de otro modo, no podría tener. No habría Vida posible (en el sentido mayávico) sin la Muerte; ninguna regeneración ni reconstrucción sin destrucción. Las plantas perecerían bajo una luz solar eterna, y lo mismo le sucedería al hombre, que se convertiría en un autómata sin el ejercicio de su libre albedrío, y sin su aspiración hacia la luz, que perdería su ser y su valor para él si no hubiese otra cosa. El Bien es infinito y eterno tan sólo en lo eternamente oculto para nosotros, y por esto nos lo imaginamos eterno. En los planos manifestados, uno equilibra al otro. Pocos son los deístas creyentes en un Dios Personal que no hagan de Satán la sombra de Dios, o que, confundiendo a ambos, no crean tener derecho para rogar a su ídolo, pidiéndole su ayuda y protección para la ejecución e inmunidad de sus actos malos y crueles. “No nos hagas caer en la tentación”, es la oración que dirigen a “nuestro Padre en el Cielo”, y no al Diablo, millones de corazones cristianos. Esto lo hacen repitiendo las mismas palabras que ponen en la boca de su Salvador, y sin embargo no se les ocurre pensar en el hecho de que su significado lo contradice por completo Santiago, “el hermano del Señor”.

Que no diga hombre alguno cuando siente la tentación, estoy tentado por Dios; pues Dios no puede ser tentado por el mal, ni tienta él a hombre alguno[3].

¿Por qué, pues, decir que el Diablo es quien nos tienta, cuando la Iglesia nos enseña, bajo la autoridad de Cristo, que es Dios quien lo hace? Abrid cualquier libro piadoso en donde se defina la palabra “tentación” en su sentido teológico, y encontraréis en seguida dos definiciones:

(1ª) Aquellas aflicciones y penas con las cuales prueba Dios a los suyos.
(2ª) Aquellos medios e incitaciones empleadas por el Demonio para engañar y alucinar a la Humanidad
[4].

Las enseñanzas de Cristo y de Santiago se contradicen al ser aceptadas literalmente; ¿y qué dogma puede reconciliar las dos si se rechaza el significado oculto?

¡Entre las alternativas seducciones, sabio será el filósofo que pueda decidir dónde Dios desaparece para ser reemplazado por el Diablo! Por lo tanto, cuando leemos que “el Demonio es un mentiroso y el padre de la mentira”, que es la mentira encarnada, y se nos dice al mismo tiempo que Satán, el Demonio, era un Hijo de Dios y el más hermoso de sus Arcángeles, antes que creer que el Padre y el Hijo son una Mentira gigantesca, personificada y eterna, preferimos dirigirnos a la filosofía pagana y a la panteísta, para informarnos.

Desde el momento que poseemos la clave del Génesis, la kábala científica y simbólica nos revela el secreto. La Gran Serpiente del Jardín del Edén y el “Señor Dios” son idénticos; y lo mismo sucede con Jehovah y Caín (ese Caín que es mencionado en la Teología como “asesino”, y el que “mintió” a Dios). Jehovah tienta al Rey de Israel para que recuente a su pueblo, y Satán lo tienta para que haga lo mismo en otro sitio. Jehovah se convierte en Serpiente de Fuego, para morder a aquellos de quienes no está contento; y Jehovah anima a la Serpiente de Bronce, que los cura.

Estas breves declaraciones aparentemente contradictorias del Antiguo Testamento -contradictorias porque los dos Poderes están separados, en lugar de ser considerados como dos fases de una sola y misma cosa- son los ecos adulterados por el exoterismo y la teología, hasta el punto de quedar desconocidos, de los dogmas universales y filosóficos de la Naturaleza, que tan bien comprendían los Sabios primitivos. Los mismos fundamentos encontramos en varias personificaciones de los Purânas, sólo que son mucho más amplias y filosóficamente significativas.

Así, Pulastya, un “Hijo de Dios”, de la primera progenie, es representado como el progenitor de los Demonios, los Râkshasas, los tentadores y devoradores de los hombres. Pishâchâ, un demonio hembra, es hijo de Daksha, también “Hijo de Dios”, y un Dios, madre de todos los Pischâchas[5]. Los Demonios, llamados así en los Purânas, son unos Diablos extraordinarios cuando se los juzga desde el punto de vista europeo y ortodoxo; pues a todos ellos, los Dânavas, los Daityas, los Pishâchas y los Râkshasas, se los presenta como en extremo piadoso, siguiendo los preceptos de los Vedas, y algunos siendo hasta grandes Yoguis. Pero se oponen al clero y al ritualismo, a los sacrificios y a las formas, lo mismo que lo hacen hasta el presente los Yoguis principales en la India, sin que por ello sean menos respetados aun cuando les es permitido no seguir ninguna casta ni ritual; y de aquí que todos aquellos Gigantes y Titanes puránicos, sean llamados Diablos. Los misioneros siempre alertas para demostrar, si pueden, que las tradiciones indas no son más que un reflejo de la Biblia judía, han compuesto toda una novela sobre la pretendida identidad de Pulastya con Caín, y de los Râkshasas con los Cainitas, los “Malditos”, la Causa del Diluvio “Noético” (véase la obra del Abate Gorresio, quien “etimologiza” el nombre de Pulastya como significando el “rechazado”, de donde Caín, si os parece bien). Pulastya mora en Kedara -dice-, lo que significa “sitio ahondado”, una “mina”; ¡y a Caín se le muestra, en la tradición y en la Biblia, como el primer trabajador en metales y, por tanto, un minero!

A la vez que es muy probable que los Gibborim, o Gigantes de la Biblia, sean los Râkshasas de los indos, es seguro que unos y otros son los atlantes, y pertenecen a las razas sumergidas. Sea como fuese, ningún Satán sería más constante en maltratar a su enemigo, ni más rencoroso en su odio, que los teólogos cristianos lo son cuando lo maldicen como causante de todos los males. Comparad su modo de vituperar y sus opiniones sobre el demonio, con los puntos de vista filosóficos de los Sabios puránicos y su mansedumbre, semejante a la del Cristo. Cuando Parâshara, cuyo padre fue devorado por un Râkshasa, se preparaba a destruir, por artes mágicas, a toda la raza, su abuelo Vasishtha, después de mostrar al irritado Sabio, por propia confesión, que existen el Mal y el Karma, pero no “malos Espíritus”, dice las siguientes significativas palabras:

Calma tu resentimiento: los Râkshasas no son culpables; la muerte de tu padre fue obra del Destino (Karma). La ira es la pasión de los necios; y no sienta bien a ningún sabio. ¿Quién es el que mata? -puede preguntarse-. Cada hombre recoge las consecuencias de sus propios actos. La cólera, hijo mío, es la destrucción de todo lo que el hombre obtiene... e impide alcanzar... la emancipación. Los... sabios evitan la cólera: no te dejes, hijo mío, influir por ella. No permitas sean consumidos esos inofensivos espíritus de la oscuridad; que tu sacrificio cese. La misericordia es el poder de los justos[6].

De modo que todos los tales “sacrificios” u oraciones a Dios, pidiendo ayuda, no son otra cosa que actos de Magia Negra. Lo que Parâshara pedía, era la destrucción de los Espíritus de la Obscuridad, por venganza personal. Se le llama pagano, y como tal ha sido condenado por los cristianos, al Infierno Eterno. Sin embargo, en este respecto, ¿son por ventura mejores las plegarias de los reyes y generales, que ruegan antes de cada batalla por la destrucción de sus enemigos? Semejante oración es en todo los casos Magia Negra de la peor especia, oculta como el demonio “Mr. Hyde” bajo la santidad del “Dr. Jekyll”.

En la naturaleza humana, el mal denota sólo la polaridad de la Materia y el Espíritu, la “lucha por la vida” entre los dos principios manifestados en el Espacio y en el Tiempo, cuyos principios son uno per se, puesto que tienen sus raíces en lo Absoluto. En el Cosmos, tiene que ser reservado el equilibrio. Las operaciones de los dos opuestos producen armonía, como las fuerzas centrípeta y centrífuga, que, siendo mutuamente interdependientes, son necesarias la una a la otra, “a fin de que ambas puedan existir”. Si una se detuviese, la acción de la otra se convertiría inmediatamente en destructora de sí misma.

Puesto que la personificación llamada Satán ha sido analizada ampliamente desde su triple aspecto, en el Antiguo Testamento, en la Teología Cristiana y en la manera de pensar de los antiguos gentiles. El asunto se esboza ahora aquí, y existen muy buenas razones para tratar de dar más explicaciones. Antes de que podamos acercarnos a la evolución del Hombre Físico y Divino, tenemos primero que dominar la idea de la Evolución Cíclica, y conocer las filosofías y creencias de las cuatro Razas que precedieron a la nuestra, y saber qué ideas eran las de aquellos Titanes y Gigantes (Gigantes, en verdad, tanto mental como físicamente). Toda la antigüedad se hallaba impregnada con esa filosofía que enseña la involución del Espíritu en la Materia, el descenso progresivo cíclico; o la evolución activa, consciente de sí. Los gnósticos alejandrinos han divulgado bastante los secretos de la Iniciación, y sus anales están llenos de la “caída de los AEones”, en su doble calidad de Seres Angélicos y de Períodos; siendo los unos la evolución natural de los otros. Por otro lado, las tradiciones orientales en ambos lados del “Agua Negra”, los Océanos que separan los dos Orientes, están igualmente llenas de alegorías sobre la caída del Plerôma, o la de los Dioses y Devas. Todas ellas alegorizan y explican la Caída, como el deseo de aprender y de adquirir conocimiento: el deseo de saber. Ésta es la consecuencia natural de la evolución mental, lo Espiritual llegando a transmutarse en lo Material o Físico. La misma ley de descenso en la materialidad y de reascenso a la espiritualidad se afirmó durante la Era cristiana, habiéndose detenido la reacción precisamente ahora, en nuestra Subraza especial.

Lo que fue una alegoría, de triple interpretación, en Pymander, hace quizás diez mil años, destinada a registrar un hecho astronómico, antropológico y hasta químico, a saber, la alegoría de los Siete Rectores abriéndose paso a través de los Siete Círculos de Fuego, quedó empequeñecida en una interpretación material y antropomórfica: la Rebelión y Caída de los Ángeles. La multivocal narración, profundamente filosófica bajo su forma poética, del “Casamiento del Cielo con la Tierra”. El amor de la Naturaleza por la Forma Divina, y el Hombre Celeste embelesado con su propia hermosura reflejada en la Naturaleza; esto es, el Espíritu atraído hacia la Materia, se ha convertido ahora, bajo la manipulación teológica, en los Siete Rectores desobedeciendo a Jehovah; engendrando la propia admiración el orgullo satánico, seguido de su Caída, pues Jehovah no permitía ningún culto que no le fuera dedicado. En una palabra, los hermosos Ángeles Planetarios, los AEones cíclicos gloriosos de los antiguos, se han sintetizado en su forma más ortodoxa en Samael, el Jefe de los Demonios en el Talmud, “esa Gran Serpiente con Doce Alas, que arrastra consigo, en su caída, al Sistema Solar o los Titanes”. Pero Schemal (alter ego y tipo sabeo de Samael) esotérica y filosóficamente significa el “Año” en su mal aspecto astrológico, con sus doce meses o “Alas” de males inevitables, en la Naturaleza. En la Teogonía Esotérica, tanto Schemal como Samael representaban una divinidad particular[7]. Para los kabalistas son el “Espíritu de la Tierra”, el Dios Personal que la gobierna, y por tanto son defacto idénticos a Jehovah. Los mismos talmudistas admiten que Samael es un nombre divino de uno de los siete Elohim. Los kabalistas, además, muestran a los dos, Schemal y Samael, como forma simbólica de Saturno, Cronos; los “Doce Alas” significando los doce meses, y el símbolo en su colectividad representando un ciclo de raza. Jehovah y Saturno son también idénticos en sus símbolos.

Esto conduce, a su vez, a una deducción muy curiosa de un dogma católico romano. Muchos renombrados escritores pertenecientes a la Iglesia Latina admiten una diferencia: que debe distinguirse entre los Titanes Uranos, los Gigantes antediluvianos, que eran también Titanes, y aquellos Gigantes posdiluvianos que los católicos romanos persisten en suponer descendientes del Ham mítico. Más claro: hay que hacer una diferencia entre las Fuerzas opuestas cósmicas primordiales, guiadas por la Ley Cíclica, los Gigantes atlantes humanos, y los grandes Adeptos posdiluvianos, ya sean de la mano Derecha o de la Izquierda. Al mismo tiempo muestran que Miguel, “el generalísimo de la Hueste Celestial combatiente, el Guardia de Corps de Jehovah”, es también, a lo que parece, según Mirville, un Titán, pero con el adjetivo de “divino” añadido al sobrenombre. Así, aquellos “Uranidas” que en todas partes se llaman “Titanes Divinos” -y que habiéndose rebelado contra Cronos, o Saturno, se muestra también, por tanto, que son los enemigos de Samael, que es igualmente uno de los Elohim y sinónimo de Jehovah en su colectividad- son idénticos a Miguel y su Hueste. En una palabra, los papeles están cambiados; todos los combatientes están confundidos, y ningún estudiante puede distinguir con claridad quién es quién. Las explicaciones esotéricas pueden, sin embargo, poner algún orden en esta confusión, en que Jehovah se convierte en Saturno, y Miguel y su ejército en Satán y los Ángeles Rebeldes, debido a los esfuerzos indiscretos, de los demasiado fanáticos creyentes, para ver un Diablo en cada Dios pagano. El verdadero significado es mucho más filosófico; y la leyenda de la primera “Caída” de los Ángeles toma un matiz científico cuando se comprende debidamente.

Cronos significa la Duración ilimitada, y por tanto, inmutable, sin principio ni fin, más allá de la división del tiempo y más allá del espacio. Esos Ángeles, Genios o Devas, que nacieron para actuar dentro del espacio y del tiempo, esto es, para abrirse paso a través de los Siete Círculos de los planos superespirituales, a las regiones superterrestres, fenomenales o circunscritas, se dice alegóricamente que se rebelaron contra Cronos y combatieron al León, que era entonces el Dios viviente y más elevado. Cuando Cronos, a su vez, es representado mutilando a Urano, su padre, el significado de la alegoría es muy sencillo. El Tiempo Absoluto se ha convertido en finito y condicionado; una porción es substraída al todo, mostrando así que Saturno, el Padre de los Dioses, ha sido transformado de Duración Eterna en período limitado. Cronos con su guadaña echa abajo hasta los ciclos más largos, que para nosotros son como sin fin, pero que, después de todo, son limitados en la Eternidad; y con la misma guadaña destruye a los rebeldes más poderosos. ¡Sí; ni uno solo escapará a la guadaña del tiempo! Ya roguéis a Dios o a los Dioses, o ya os moféis de aquél o de estos, esa guadaña no vacilará una millonésima parte de segundo en su curso ascendente o descendente.

Los Titanes de la Teogonía de Hesíodo fueron copiados en Grecia de los Suras y Asuras de la India. Estos Titanes hesiódicos, los Uranidas, que en un tiempo se contaban sólo como seis, se ha descubierto recientemente, en un antiguo fragmento que hace referencia al mito griego, que son siete, llamándose el séptimo Phoreg. Así pues, la identidad con los Siete Rectores se demuestra plenamente. El origen de la Guerra en los Cielos y de la Caída tiene, en nuestra opinión, que buscarse inevitablemente en la India, y en un tiempo quizás mucho más remoto que el que los relatos puránicos dicen sobre el particular. Pues el Târakâmaya fue de una época posterior; y en casi todas las cosmogonías se da cuenta de tres Guerras distintas.

La primera Guerra tuvo lugar en la noche de los tiempos, entre los Dioses y los (A)-suras, y duró un Año Divino[8]. En esta ocasión las Deidades fueron derrotadas por los Daityas, bajo el mando de Hrâda. Pero después, debido a un artificio de Vishnu, a quien acudieron en demanda de auxilio los Dioses vencidos, estos últimos derrotaron a los Asuras. En el Vishnu Purâna no se ve intervalo entre ambas guerras. Sin embargo, según la Doctrina Secreta, tiene lugar una Guerra antes de la construcción del Sistema Solar; otra, en la Tierra, cuando la “creación” del hombre; y una tercera Guerra tuvo lugar al final de la Cuarta Raza, entre sus Adeptos y los de la Quinta Raza, esto es, entre los Iniciados de la “Isla Sagrada” y los Brujos de los atlantes. Nos fijaremos en la primera guerra, según la refiere Parâshara, y trataremos de separar los dos relatos, que se hallan mezclados con intención.

Se dice allí que como los Daityas y Asuras cumplían los deberes de sus órdenes (Varnas) respectivas, y seguían el sendero prescrito por la Sagrada escritura, practicando además penitencias religiosas -rara ocupación para Demonios si eran idénticos a nuestros Diablos, como se pretende-, los Dioses no podían destruirlos. Las oraciones dirigidas por los Dioses y Vishnu son curiosas; pues muestran las ideas implicadas en una Deidad antropomórfica. Habiendo huido, después de su derrota, “a las costas del Norte del Océano de Leche (Océano Atlántico)”, [9]los vencidos Dioses dirigieron muchas súplicas “al primero de los Seres, el divino Vishnu”, y entre otras la siguiente:

Gloria a ti, que eres uno con los Santos, cuya naturaleza perfecta es siempre bendecida, y atraviesa sin obstáculo todos los elementos permeables. Gloria a ti, que eres uno con la Raza-Serpiente, de doble lengua, impetuoso, cruel, insaciable de goces y colmado de riquezas... Gloria a ti... ¡oh Señor! que no tienes ni color ni extensión, ni tamaño (ghana), ni ninguna cualidad decible, y cuya esencia (rûpa), la más pura entre las puras, es sólo apreciable por los santos Paramarshis (los más grandes Sabios o Rishis). A ti nos humillamos en la naturaleza de Brahmâ, increado, sin decadencia (avyaya); que estás en nuestros cuerpos, y en todos los demás cuerpos, y en todas las criaturas vivientes, y fuera de quien nada existe. Glorificamos a ese Vâsudeva, el señor (de todo) que no tiene mancha, la semilla de todas las cosas, exento de disolución, no nacido, eterno; siendo, en esencia, Paramapadâtmavat (más allá de la condición del Espíritu), y en substancia (rûpa), todo este (Universo).[10]

Se cita lo anterior como ejemplo del vasto campo que presentan los Purânas para la crítica contraria y errónea de todo fanático europeo, que forma su opinión sobre una religión que no sea la propia, por sólo la apariencia externa. Cualquier hombre acostumbrado a someter lo que lee a un detenido análisis, verá desde luego lo incongruente de dirigirse a lo aceptado como “Incognoscible”, al Absoluto sin forma y sin atributos, tal como los vedantinos definen a Brahman, como siendo “uno con la Raza-Serpiente, de doble lengua, cruel e insaciable”, asociando así lo abstracto con lo concreto, y poniendo adjetivos a lo que está libre de toda limitación y es incondicionado. Hasta el profesor Wilson, que después de haber vivido en la India rodeado de brahmanes y pandits tantos años, debía de haber sabido mejor a qué atenerse - hasta este mismo erudito no perdió ocasión para criticar en este particular a las Escrituras indas. He aquí cómo se expresa:

¡Los Purânas enseñan siempre doctrinas incompatibles! Según este pasaje[11], el Ser Supremo no es sólo la causa inerte de la creación, sino que ejerce también las funciones de una providencia activa. El Comendador cita un texto del Veda en apoyo de esta opinión: “El Alma Universal, penetrando en los hombres, gobierna su conducta”. Las incongruencias, sin embargo, son tan frecuentes en los Vedas como en los Purânas.

Menos frecuentes, en estricta verdad, que en la Biblia Mosaica. Pero son grandes los prejuicios que abrigan los orientalistas, especialmente los doctos “reverendos”. El Alma Universal no es la Causa inerte de la Creación o (Para)Brahman, sino simplemente lo que nosotros llamamos el Sexto Principio del Kosmos Intelectual, en el plano manifestado del ser. Es Mahat o Mahâbuddhi, la Gran Alma, el Vehículo del Espíritu, la primera reflexión primordial de la CAUSA sin forma, y aquello que está aún más allá del Espíritu. Esto, por lo que respecta a la intempestiva burla del profesor Wilson sobre los Purânas. En cuanto al ruego, aparentemente incongruente a Vishnu, de los Dioses derrotados, si los orientalistas quisiesen tomarse el trabajo, encontrarían la explicación en el texto del Vishnu Purâna. La filosofía enseña que hay un Vishnu como Brahmâ, y un Vishnu en sus dos aspectos. Pero sólo hay un Brahman, “esencialmente Prakriti y Espíritu”.

Esta ignorancia está expresada de un modo verdadero y hermoso en la alabanza de los Yogins a Brahmâ, “el sostenedor de la tierra”, cuando dicen:

Aquellos que no han practicado la devoción conciben de una manera errónea la naturaleza del mundo. Los ignorantes, que no perciben que este Universo es de la Naturaleza de la Sabiduría, y lo juzgan sólo como un objeto de percepción, están perdidos en el Océano de la ignorancia espiritual. Pero aquellos que conocen la verdadera Sabiduría, y cuyas mentes son puras, contemplan todo este mundo como uno con el Conocimiento Divino, como uno contigo, ¡oh Dios! Sé favorable, ¡oh Espíritu universal!.[12]

Por lo tanto, no es Vishnu “la causa inerte de la creación”, que ejerce “las funciones de una Providencia Activa”; sino el Alma Universal, la que Eliphas Lévi llama, en su aspecto material, Luz Astral. Y esta Alma, en su aspecto doble de Espíritu y Materia, es el verdadero Dios antropomórfico de los deístas; pues este Dios es una personificación de ese Agente Creador Universal, a la vez puro e impuro, debido a su condición manifestada y a su diferenciación en este mundo Mâyâvico: Dios y el Diablo, verdaderamente. Pero el profesor Wilson no llegó a ver cómo Vishnu, bajo este aspecto, se parece estrechamente al Señor Dios de Israel, “especialmente en su conducta de engañador, tentador y astuto”.

En el Vishnu Purâna, está esto del modo más claro posible; pues se dice allí que:

A la conclusión de sus oraciones (stotra), los Dioses vieron a la Deidad Soberana Hari (Vishnu), armado con la concha, el disco y la maza, cabalgando sobre Garuda.

Ahora bien; Garuda es el Ciclo Manvantárico, como se hará ver oportunamente. Vishnu, por lo tanto, es la Deidad en el Espacio y el Tiempo; el Dios peculiar de los Vaishnavas. Tales Dioses son llamados de tribu o de raza; esto es, uno de los varios Dhyânis, Dioses o Elohim, uno de los cuales era generalmente elegido por algún motivo especial, por una nación o por una tribu, y así se convertía gradualmente en “un Dios sobre todos los Dioses”[13]. “el Dios más elevado”, como Jehovah, Osiris, Bel o cualquier otro de los Siete Regentes.

“El árbol se conoce por su fruto”; la naturaleza de un Dios por sus acciones. Tenemos que juzgar estas acciones por la letra muerta de las narraciones, o aceptarlas alegóricamente. Si comparamos a los dos -a Vishnu como defensor y campeón de los derrotados Dioses; y a Jehovah, defensor y campeón del “pueblo escogido”, llamado así sin duda por antífrasis, puesto que fueron los judíos los que eligieron a este Dios “celoso”-, encontraremos que ambos usan del engaño y la astucia. Hacen esto basados en el principio de que “el fin justifica los medios”, a fin de poder vencer a sus respectivos adversarios y enemigos -los Demonios-. Así, mientras que, según los kabalistas, Jehovah asume la forma de la Serpiente tentadora en el Jardín del Edén, envía a Satán con la misión especial de tentar a Job, consume y cansa a Faraón con Saraï, la mujer de Abraham, y “endurece” el corazón de otro Faraón contra Moisés, a fin de que no faltase oportunidad para lanzar las “más grandes plagas sobre sus víctimas”; Vishnu aparece en su Purâna echando mano de una estratagema no menos indigna de un Dios respetable.

Los Dioses derrotados se dirigen a Vishnu del modo siguiente:

Ten compasión de nosotros, ¡oh Señor! y protégenos, pues a ti venimos a pedirte socorro contra los Daityas (Demonios). Ellos se han apoderado de los tres mundos y se han apropiado las ofrendas que constituyen nuestra parte, teniendo cuidado de no quebrantar los preceptos del Veda. Aun cuando nosotros, lo mismo que ellos, somos parte de ti mismo... [14] metidos (como están)... en los senderos prescritos por la santa escritura... es imposible para nosotros destruirlos. ¡Tú, cuya sabiduría es inmensurable (Ameyâtman), dinos alguna treta con la cual podamos llegar a exterminar a los enemigos de los Dioses!

Cuando el poderoso Vishnu oyó este ruego, emitió de su cuerpo una forma ilusoria (Mâyâmoha, el “engañador por medio de la ilusión”) que dio a los Dioses diciéndoles: “Este Mâyâmoha seducirá por completo a los Daityas, de modo que, apartándose de la Senda de los Vedas, puedan ser destruidos... Id y no temáis. Que esta visión engañadora os preceda. Ella os hará este día un gran servicio, ¡oh Dioses!”.

Después de esto, el gran Engaño (Mâyâmoha) marchó (a la Tierra) y vio a los Daityas ocupados en penitencias ascéticas y aproximándose a ellos, bajo la figura de un Digambara (mendicante desnudo) con la cabeza afeitada... les habló así, con suave acento: “Señores de la raza Daitya, ¿por qué practicáis esas penitencias?”, etcétera
[15].

Finalmente, los Daityas fueron seducidos por las astutas frases del Mâyâmoha, lo mismo que Eva lo fue con los consejos de la Serpiente. Se hicieron apóstatas de los Vedas. El Dr. Muir traduce el pasaje de este modo:

El gran Engañador, empleando la ilusión, sedujo luego a otros Daityas por medio de diversas clases de herejía. En muy poco tiempo, estos Asuras (Daityas) inducidos al error por el Engañador (que era Vishnu), abandonaron todo el sistema fundado sobre los mandamientos del triple Veda. Algunos difamaron a los Vedas; otros al ceremonial del sacrificio; y otros a los brahmanes. Ésta (exclamaron) es una doctrina que no sufre la discusión; la matanza (de los animales en los sacrificios) no puede producir méritos religiosos. (El decir que) las oblaciones de manteca consumida por el fuego producen recompensas futuras, es cosa de niños... Si es un hecho que a un animal muerto en el sacrificio se le exalta a los cielos, ¿por qué no mata el devoto a su propio padre?... Las frases infantiles, grandes Asuras, no bajan del firmamento; sólo los asertos fundados en el razonamiento es lo que yo acepto y lo que aceptan las personas (inteligentes) como vosotros. De esta manera y de diferentes modos fueron perturbados los Daityas por el gran Engañador (la Razón)... Cuando los Daityas penetraron en la senda del error, las Deidades reunieron todas sus energías y se aproximaron para dar la batalla. Luego siguió un combate entre los Dioses y los Asuras; y estos últimos, que habían abandonado el buen camino, fueron destrozados por los primeros. En otro tiempo se hallaban defendidos con la armadura de la justicia que llevaban; pero cuando destruyeron a ésta, perecieron[16].

Sea lo que fuese lo que se piense de los indos, ningún enemigo suyo puede considerarlos como necios. Un pueblo cuyos santos y sabios han dejado al mundo las filosofías más grandes y sublimes deben de haber conocido la diferencia entre lo justo y lo injusto. Hasta el salvaje puede distinguir lo blanco de lo negro, lo bueno de lo malo, y la sinceridad y la veracidad, del engaño y de la falsedad. Los que han narrado este suceso en la biografía de su Dios deben de haber visto que en este caso era Dios el Archiengañador; y que los Daityas, que “nunca violaron los preceptos de los Vedas”, eran los que tenían el lado luminoso en aquel caso, y eran los verdaderos “Dioses”. De aquí que debe de haber habido y exista un significado secreto oculto bajo esta alegoría. En ninguna clase de la sociedad, en ninguna nación, son considerados el engaño y la astucia como virtudes divinas -excepto quizás en las clases clericales de los teólogos y del Jesuitismo moderno.

El Vishnu Purâna[17], como todas las demás obras de esta clase, pasó más tarde a manos de los brahmanes de los templos, y los antiguos manuscritos han sido, indudablemente, adulterados por los sectarios. Pero hubo un tiempo en que los Purânas eran obras esotéricas, y lo son todavía para los Iniciados que pueden leerlas con la clave que poseen.

Que los brahmanes Iniciados den alguna vez a conocer todo el significado de estas alegorías es un asunto que no concierne a la escritora. El objeto que se propone es demostrar que, honrando a los Poderes Creadores en sus múltiples formas, ningún filósofo hubiera podido aceptar, ni ha aceptado nunca, lo externo de la alegoría como su verdadero espíritu, excepto, quizás, algunos filósofos pertenecientes a las razas cristianas “superiores y civilizadas” de nuestra época. Pues, como se ha mostrado, Jehovah no es en lo mínimo superior a Vishnu en punto de ética. Por esto los ocultistas, y hasta algunos kabalistas, ya consideren o no a estas Fuerzas creadoras como Entidades vivientes y conscientes -y no vemos por qué no han de ser aceptadas como tales-, no confundirán nunca la Causa con el Efecto, ni aceptarán el Espíritu de la Tierra por Parabrahman, o Ain Soph. De todos modos, ellos conocen bien la verdadera naturaleza de lo que los griegos llaman Padre AEther, Júpiter-Titán, etc. Saben que el Alma de la Luz Astral es divina, y que su cuerpo -las ondas de Luz en los planos inferiores- es infernal. Esta Luz está simbolizada en el Zohar por la “Cabeza-Mágica”, la Doble Cara sobre la Doble Pirámide; la Pirámide negra levantándose frente a un campo blanco puro, con una Cabeza y Cara blancas dentro de su Triángulo negro; la Pirámide Blanca, invertida -reflejo de la primera en las obscuras Aguas-, mostrando la reflexión negra de la cara Blanca.

Ésta es la Luz Astral, o Demon est Deus inversus.


[1] Job, II.
[2] Génesis, VI.
[3] Santiago, I, 13.
[4] Santiago, I, 2, 12, y Mateo, VI, 13. Véase Cruden, sub. voc.
[5] Padma Purâna
[6] Vishnu Purâna, I.I
[7] Véase Nabathean Agriculture, de Chwolsohn, II, 217
[8] Un día de Brahmâ dura 4.320.000.000 de años –multiplíquese esto por 360! Los Asuras (No-dioses, o demonios) son aquí todavía Suras. Dioses superiores en jerarquía a esos Dioses secundarios que ni se nombran siquiera en los Vedas. La duración de la Guerra muestra su significación, asó como también que los combatientes son sólo Poderes Cósmicos personificados. Es evidente que la forma ilusoria de Mâvâmoha, tomada por Vishnu, fue atribuida en arreglos posteriores de antiguos textos, con fines sectarios y por odium theologicum, a Buddha y a los Daityas, como en el Vishnu Purâna, a menos que fuese una fantasía del mismo Wilson. También se figuró encontrar una alusión al buddhismo en el Bhagavad-Gîtâ, mientras que, según ha probado K. T. Telang, había confundido a los buddhistas con los antiguos materialistas Chârvâka. La versión no se encuentra en ningún otro Purâna, si es que la alusión existe, como lo pretende el profesor Wilson, en el Vishnu Purâna, cuya traducción, especialmente la del libro III, cap. XVIII, en donde el reverendo orientalista introduce arbitrariamente a Buddha y lo presenta enseñando el buddhismo a los Daityas, produjo otra “gran guerra” entre él y el Coronel Vans Kennedy. Este último le inculpó públicamente de interpretar de un modo falso y de intento los textos puránicos. “Afirmo” –escribía el Coronel en Bombay en 1840- “que los Purânas no contienen lo que el profesor Wilson ha afirmado que se encuentra en ellos...; hasta que no se demuestren semejantes pasajes, me será permitido repetir mis primeras conclusiones, de que la opinión del profesor Wilson respecto de que los Purânas, tal como ahora aparecen, son compilaciones hechas entre los siglos VIII y el XVII (¡después de Cristo!), se funda tan sólo en suposiciones gratuitas y en asertos infundados, y que sus razonamientos son fútiles, sofísticos, contradictorios e improbables”. (Véase Vishnu Purâna, trducción de Wilson, editado por Fitzedward Hall, vol. V, apéndice).
[9] Esta declaración pertenece a la tercera Guerra, puesto que los continentes terrestres, mares y ríos, se hallan mencionados en relación ella
[10] Vishnu Purâna, III, XVII (Wilson, vol. III, 204-5).
[11] Libro I, cap. XVII (Wilson, vol. II, 36), en la historia de Prahlâda –el Hijo del Hiranyakashipu, el Satán puránico, el gran enemigo de Vishnu, y el Rey de los tres Mundos- en cuyo corazón penetró Vishnu
[12] Ibíd., I, IV (Wilson, vol. I, 64).
[13] II, Crónicas, II, 5
[14] “Hubo un día en los Hijos de Dios se presentaron ante el Señor, y en que Satán, con sus hermanos, se presentó también al Señor” (Job, II, Abyss; texto Etiópico).
[15] Ibíd., vol. III, 205-7
[16] Journal of the Royal Asiat. Society, XIX, 302
[17] La opinión de Wilson de que el Vishnu Purâna es una producción de nuestra Era, y que, en su forma actual, no es más antiguo que del siglo VIII al XVII (¡!), resulta absurda a no poder serlo más.

Estancia III. - EL DESPERTAR DEL KOSMOS

miércoles 16 de julio de 2008

1.-Mahat (Inteligencia Universal), el primogénito de Sabiduría.
2.- La última Vibración.
3.- El significado esotérico de Manvántara.
4.- El Eterno Aliento se mueve sobre las Aguas de la Vida, Caos.
5.- El Pensamiento Divino impregna al Caos.
6.- El Huevo Virginal como símbolo del Universo.
7.- El Poder de los Números.
8.- El simbolismo Oculto.
9.- La Luz, el Omnipresente Rayo Espiritual.
10.- Las Tinieblas, única realidad verdadera.
11.- El resplandeciente Dragón de Sabiduría.
12.- La Substancia Cósmica se convierte en Materia Astral.
13- El Fuego, la Inteligencia que mueve al Universo.
14.- El Misterio de los Números. El Cisne, símbolo del Rayo divino.
15.- Electricidad, la Vida Una.
16.- Los primeros Dhyân.
17.- Chohans son “Naturalezas Primarias”.
18.- La Trama del Ser.
19.– Fohat pone la Materia Cósmica en Moción.
20.- La Trama se dilata y contrae.
21.– Fohat la Electricidad Cósmica.

El Cuaternario: Padre-Madre-Hijo, como Unidad

sábado 5 de julio de 2008

SU CORAZÓN NO SE HABÍA ABIERTO TODAVÍA PARA RECIBIR EL RAYO ÚNICO, Y CAER DESPUÉS, COMO TRES EN CUATRO, EN EL REGAZO DE MÂYÂ.

La Substancia Primordial no había pasado todavía de su latencia precósmica a la objetividad diferenciada, ni siquiera para convertirse en el Protilo invisible -para el hombre al menos- de la ciencia. Pero en cuanto “suena la hora” y se vuelve receptora de la impresión Fohática del Pensamiento Divino –el Logos, o aspecto masculino del Anima Mundi, Âlaya-, su “Corazón” se abre. Se diferencia, y los tres –Padre, Madre, Hijo- se convierten en Cuatro. He aquí el origen del doble misterio de la Trinidad y de la Inmaculada Concepción. El dogma primero y fundamental del Ocultismo es la Unidad Universal –u Homogeneidad- bajo tres aspectos. Esto conduce a una concepción posible de la Deidad, la cual, como Unidad absoluta, tiene que permanecer por siempre incomprensible para las inteligencias finitas.

“Si quieres creer en el Poder que actúa en la raíz de una planta, o imaginar a la raíz oculta bajo el suelo, tienes que pensar en su tallo o tronco y en sus hojas y flores. No puedes imaginar aquel Poder independientemente de estos objetos. La Vida puede ser únicamente conocida por el Árbol de Vida...”.[1]

La idea de la Unidad Absoluta quedaría por completo quebrantada en nuestro concepto, si no tuviéramos algo concreto ante nuestros ojos para contener aquella Unidad. La Deidad, siendo absoluta, tiene que ser omnipresente; de aquí que no exista ni un átomo que no La contenga. Las raíces, el tronco y sus muchas ramas son tres clases de objetos distintos, y sin embargo, constituyen un árbol. Los kabalistas dicen: “La Deidad es Una, porque es Infinita. Es Triple, porque siempre se está manifestando”. Esta manifestación es triple en sus aspectos, puesto que requiere, como dice Aristóteles, tres principios para que cada cuerpo natural se convierta en objetivo: privación, forma y materia[2]. Privación significa, para el gran filósofo, lo que llaman los ocultistas los prototipos impresos en la Luz Astral, el mundo y plano más inferiores del Anima Mundi. La unión de estos tres principios depende de un cuarto: la Vida que radia desde las cúspides de lo Inalcanzable, para convertirse en una Esencia universalmente difundida en los planos manifestados de la Existencia. Y este Cuaternario -Padre, Madre, Hijo, como Unidad, y un Cuaternario como manifestación viviente-, es el fundamento que conducido a la antiquísima idea de la Inmaculada Concepción, cristalizada ahora finalmente en un dogma de la Iglesia Cristiana, que ha carnalizado esta metafísica idea, fuera de todo sentido común. Pues no hay sino que leer la Kabalah y estudiar su métodos numéricos de interpretación, para encontrar el origen de aquel dogma. Es puramente astronómico, matemático y preeminentemente metafísico: el Elemento masculino en la Naturaleza –personificado por las deidades masculinas y por los Logos - Virâj o Brahmâ, Horus u Osiris, etc.-, nace a través, no de un origen inmaculado, personificado por la “Madre”, porque aquel Varón, teniendo una “Madre” no puede tener un “Padre”, pues la Deidad abstracta carece de sexo y no es ni siquiera un ser, sino la Seidad o la Vida misma. Expresemos esto en el lenguaje matermático del autor de The Source of Measures –El Origen de las Medidas. Hablando de la “Medida de un Hombre” y de su valor numérico –kabalístico-, escribe que en el Génesis, cap. IV:

Es llamada la Medida del “Hombre igual a Jehovah”, y esto se obtiene del modo siguiente: 113 x 5 = 565; y el valor de 565 puede colocarse bajo la forma de 56’5 x 10 = 565. De aquí que el número del Hombre, 113, se convierta en un factor de 56’5 x 10, y la lectura -kabalística- de esta última expresión, es Jod, He, Van, He, o Jehovah... La expansión de 565 en 56’5 x 10 tiene por objeto demostrar la emanación del principio masculino (Jod) del femenino (Eva); por decirlo así, el nacimiento de un elemento masculino de un origen inmaculado; en otras palabras, una inmaculada concepción.

De este modo se repite en la tierra el misterio verificado, según los videntes, en el plano divino. El Hijo de la Virgen Celestial Inmaculada -o el Protilo Cósmico no diferenciado, la Materia en su infinitud-, nace de nuevo en la tierra como Hijo de la Evaterrestre, nuestra madre Tierra, y se convierte en Humanidad como un total -pasado, presente y futuro-; pues Jehovah o Jod-Hé-Vau-Hé, es andrógino, o a la par masculino y femenino. Arriba, el Hijo es todo el Kosmos; abajo es la Humanidad. La Tríada o Triángulo se convierte en la Tetraktys, el sagrado Número pitagórico, el Cuadrado perfecto, y un Cubo de seis caras sobre la Tierra. El Macroprosopus -la Gran Faz- es ahora el Microprosopus –la Faz Menor-; o como dicen los kabalistas, el “Anciano de los Días”, descendiendo sobre Adam-Kadmon, de quien se sirve como de su vehículo para manifestarse, queda transformado en el Tetragrammaton. Hállase ahora en el “Regazo de Mâyâ”, la Gran Ilusión, y entre Él y la Realidad existe la Luz Astral, la Gran Receptora de los sentidos limitados del hombre, a menos que el conocimiento por medio del Paramârtasatya acuda en su auxilio.


[1] Preceptos del Yoga.

[2] Un vedantino de la filosofía Visishthadvaita diría que, a pesar de ser la única Realidad independiente, Parabrahman es inseparable de su trinidad. Que Él es tres: “Parabrahman, Chit y Achit”; siendo las dos últimas, Realidades dependientes incapaces de existir separadamente; o para expresarlo con mayor claridad; Parabrahman es la Substancia -inmutable, eterna e incognoscible- y Chit (Âtmâ), y Achit (Anâtmâ) son sus cualidades, como la forma y el color son las cualidades de cualquier objeto. Los dos son la vestidura o cuerpo, o más bien aspecto (sharira) de Parabrahman. Pero un ocultista encontraría mucho que decir en cuanto a esta opinión, y lo mismo un vedantino advaiti.

6.- La Conciencia Absoluta

viernes 27 de junio de 2008

...¿DÓNDE ESTABA EL SILENCIO? ¿EN DÓNDE LOS OÍDOS PARA PERCIBIRLO? NO; NO HABÍA SILENCIO NI SONIDO (a); NADA, SALVO EL INCESANTE HÁLITO ETERNO[1], PARA SÍ MISMO IGNOTO (b).



(a) La idea de que las cosas pueden cesar de existir, y sin embargo ser, es fundamental en la psicología oriental. Bajo esta aparente contradicción de términos, hay un hecho de la Naturaleza; y lo importante es comprenderlo, más bien que discutir acerca de las palabras. Un ejemplo familiar de una paradoja parecida, nos lo da una combinación química. La cuestión acerca de si el hidrógeno y el oxígeno cesan de existir cuando se combinan para formar el agua, se halla todavía sobre el tapete; algunos dicen que desde el momento en que se les encuentra de nuevo al ser descompuesta el agua, es porque deben continuar existiendo durante la combinación; mientras otros opinan que al convertirse en algo completamente distinto, deben cesar de existir como tales elementos durante todo aquel tiempo; pero ni unos ni otros son capaces de formar el más ligero concepto de la condición verdadera de una cosa que se ha convertido en otra diferente, y que, sin embargo, no ha cesado de ser la misma. Con respecto al oxígeno y al hidrógeno, puede decirse que la existencia como agua es un estado de No-Ser, el cual es un ser más real que su existencia como gases; y puede simbolizar, aunque vagamente, la condición del Universo cuando se sume en el sueño o cesa de ser, durante las Noches de Brahmâ, para despertar o reaparecer nuevamente, cuando la aurora del nuevo Manvántara le vuelve a llamar a lo que nosotros denominamos existencia.

(b) Se dice el “Hálito” de la Existencia Una, tan sólo en sus aplicaciones al aspecto espiritual de la Cosmogonía, por el esotericismo arcaico; en otros casos es reemplazado por su equivalente en el plano material, el Movimiento. El Elemento Eterno y Único, o el Vehículo contenedor de los elementos, es el Espacio sin dimensiones en ningún sentido; coexistente con la Duración Interminable, con la Materia Primordial –por tanto, indestructible-, y con el Movimiento, “Movimiento Perpetuo”, Absoluto, que es el “Hálito” del Elemento Único. Este Hálito, como se ve, no puede cesar jamás, ni aun durante las Eternidades Praláyicas.

Pero el Hálito de la Existencia Única no se aplica del mismo modo a la Única Causa Sin Causa, o la Omniseidad |All-Be-ness en el texto|, en oposición al Todo-Ser (All-Being), que es Brahmâ o el Universo. Brahmâ, el dios de cuádruple faz, que después de haber levantado la Tierra del seno de las aguas, “llevó a efecto la Creación”, es considerado tan sólo como la Causa Instrumental, y no, como claramente se implica, la Causa Ideal. Ningún orientalista parece haber comprendido por completo hasta ahora el sentido verdadero de los versos de los Purânas, que tratan de la “creación”.

Allí Brahmâ es la causa de las potencias que tienen que ser generadas subsiguientemente para la obra de la “creación”. Por ejemplo, en el Vishnu Purâna[2] cuando se traduce: “Y de él han procedido las potencias que tienen que ser creadas, después de haberse ellas convertido en la causa real”, sería quizás más correcto traducir: “Y de ELLO han procedido las potencias que crearán, al convertirse en la causa real –en el plano Material-”. A ninguna otra más que a la Causa sin Causa Ideal Única puede atribuirse el Universo. “El más digno de los ascetas, por medio de su potencia -o sea por medio de la potencia de aquella causa- cada cosa creada viene por su naturaleza inherente o propia”. Si, “en la Vedânta y Nyâya, nimitta es la causa eficiente en contraposición con upâdâma, la causa material (y) en la Sânkhya, pradhâna implica las funciones de ambas”; en la filosofía esotérica, que reconcilia a todos estos sistemas, y cuya exposición más próxima es la Vedânta, tal como la presentan los vedantinos advaitis, no se puede especular acerca de nada que no sea el upâdâna. Lo que para los vaishnavas –los Visishthadvaitas- es como lo ideal en oposición a lo real -o Parabrahman e Íshvara- no puede tener lugar alguno en las especulaciones publicadaas, puesto que aun aquel ideal es una palabra errónea cuando se aplica a lo que ninguna razón humana, ni siquiera la de un Adepto, puede concebir.

El conocerse a sí mismo exige que sean reconocidas la conciencia y la percepción - ambas facultades limitadas en la relación a todo sujeto excepto Parabrahman. De aquí el “El Hálito eterno para sí mismo ignoto”. La Infinitud no puede concebir lo Finito. Lo Ilimitado no puede tener relación con lo limitado y lo condicionado. En las enseñanzas ocultas, el Motor Desconocido e Incomprensible, o el Existente por Sí Mismo, es la Esencia Absoluta y Divina. Y así, siendo Conciencia Absoluta y Absoluto Movimiento -para los sentidos limitados de los que describen lo que es indescriptible- es inconsciencia e inmovilidad. La conciencia concreta no puede ser atribuida a la conciencia abstracta, como no puede atribuirse al agua la cualidad de humedad, desde el momento que la humedad es su propio atributo, y la causa de la cualidad húmeda reside en otras cosas. La conciencia implica limitaciones y calificaciones; algo de qué ser consciente, y alguien que sea consciente de ello. Pero la Conciencia Absoluta contiene al conocedor, a la cosa conocida y al conocimiento; los tres en sí misma, y los tres uno. Nadie es consciente más que de aquella porción de sus conocimientos que recuerde en cualquier tiempo dado; pero, tal es la pobreza del lenguaje, que no poseemos término alguno para distinguir el conocimiento en que no pensemos activamente, del conocimiento irrecordable. El olvidar es sinónimo del no recordar. ¡Cuánto mayor no debe de ser la dificultad de encontrar términos descriptivos y diferenciales de los hechos abstractos y metafísicos! No debe olvidarse tampoco que nosotros damos nombres a las cosas según sus apariencias. A la Conciencia Absoluta la llamamos “inconsciencia”, porque nos parece que debe ser necesariamente así; del mismo modo que llamamos a lo Absoluto “Tinieblas”, porque para nuestro entendimiento finito resulta por completo impenetrable, y, sin embargo, comprendemos plenamente que nuestra percepción de semejantes cosas no se ajusta a las mismas. Involuntariamente distinguimos, por ejemplo, entre la Absoluta Conciencia inconsciente y la inconsciencia, atribuyendo en nuestro fuero interno a la primera alguna cualidad indefinida que corresponde, en un plano más elevado de lo que podemos concebir, a lo que conocemos como conciencia en nosotros mismos. Pero esto no tiene nada que ver con ninguna clase de conciencia que podamos distinguir de lo que se nos representa como inconsciencia.


[1] Movimiento.

[2] Wilson, I, iv.

1.- Los Constructores; 2.-Paranishpana. 3.- El Absoluto.

jueves 26 de junio de 2008

...¿DÓNDE ESTABAN LOS CONSTRUCTORES, LOS BRILLANTES HIJOS DE LA AURORA DEL MANVÁNTARA? (a)...EN LAS TINIEBLAS DESCONOCIDAS EN SU AH-HI [1]PARANISHPANNA. LOS PRODUCTORES DE LA FORMA[2], DERIVADA DE LA NO-FORMA[3] -QUE ES LA RAÍZ DEL MUNDO-, LA DEVÂMATRI[4] Y SVABHÂVAT, REPOSABAN EN LA FELICIDAD DEL NO-SER (b).

(a) Los “Constructores”, los “Hijos de la aurora del Manvántara”, son los verdaderos creadores del Universo; y en esta doctrina, que se ocupa solamente de nuestro sistema planetario, ellos, como arquitectos del mismo, son también llamados los “Vigilantes” de las Siete Esferas, que exotéricamente son los siete planetas, y esotéricamente, también las siete tierras o esferas (Globos) de nuestra Cadena. La frase de la Estancia I cuando hace mención de las “Siete Eternidades”, se refiere tanto al Mahâkalpa o “la –gran- Edad de Barahmâ”, como al Pralaya Solar y resurrección subsiguiente de nuestro Sistema Planetario en un plano más elevado. Existen muchas clases de Pralaya –disolución de una cosa visible-, como se demostrará en otro lugar.

(b) Recuérdese que Paranishpanna es el summum bonum, lo Absoluto, y por tanto, lo mismo que Paranirvâna. Además de ser el estado final, es aquella condición de subjetividad no relacionada más que con la Verdad Una Absoluta (Paramârthasatya), en su propio plano. Es el estado que conduce a la apreciación verdadera de todo el significado del No-Ser, que, como se ha explicado, es el Absoluto Ser. Más pronto o más tarde, todo cuanto ahora al parecer existe, existirá real y verdaderamente en el estado de Paranishpanna. Pero hay una gran diferencia entre el Ser consciente y el inconsciente. La condición del Paranishpanna sin Paramârtha, la conciencia que se analiza a sí misma (Svasamvedâna), no es felicidad alguna, sino sencillamente la extinción durante Siete Eternidades. Así una bala de hierro se calienta al ser expuesta a los rayos ardientes del sol, pero no siente o aprecia el calor, como lo hace el hombre. Sólo “con una inteligencia clara no obscurecida por la personalidad, y con la asimilación del mérito de múltiples existencias consagradas al Ser en su colectividad (todo el Universo viviente y senciente), se libra uno de la existencia personal, sumergiéndose en lo Absoluto, identificándose con él[5], y continuando en plena posesión de Paramârtha”.


[1] Chohánico, Dhyâni-Búddhico.

[2] Rûpa.

[3] Arûpa.

[4] “Madre de los Dioses”, Aditi o Espacio cósmico. En el Zohar, es llamada Sephira, la Madre de los Sephiroth, y Shekinah en su forma primordial in abscondito.

[5] Por esto, No-Ser es “Absoluto Ser”, en la filosofía esotérica. Según sus principios, hasta Âdi-Buddha –Sabiduría primera o primitiva-, es en un sentido Ilusión o Mâyâ mientras está manifestada, puesto que todos los dioses, incluyendo a Brahmâ, tienen que morir al fin de la Edad de Brahmâ; siendo la abstracción llamada Parabrahman únicamente, la Realidad Una y Absoluta, ya la llamemos Ain Suph, o ya, como Herbert Spencer, lo Incognoscible. La Existencia Una sin segundo es Advaita “Que no tiene Segundo”, y todo lo demás es Mâyâ, según enseña la filosofía advaita.

Estancia II. - LA IDEA DE DIFERENCIACIÓN

lunes 23 de junio de 2008

1.-Los Constructores.
2.- Paranishpana.
3.- El Absoluto.
4.- La diferencia entre el Ser consciente y el Inconsciente.
5.- Espacio, el Elemento Eterno y Único.
6.– La Conciencia Absoluta contiene al Conocedor.
7.- El Rayo de Vida penetra en el “Germen”.
8.- El Loto, Símbolo del Kosmos.
9.- El Cuaternario: Padre-Madre-Hijo, como Unidad.
10.- El Hijo: arriba es todo el Kosmos, abajo es la Humanidad.
11.- Svabhâvat; la Universal Esencia Plástica de Mûlaprakriti.
12.- El Universo estaba aún oculto en el Pensamiento Divino.

14.- Âlaya, la Vida Una, o Alma Universal. 15- El Misterio del Ser Absoluto. -

sábado 21 de junio de 2008

9. PERO, ¿EN DÓNDE ESTABA DANGMA CUANDO EL ÂLAYA DEL UNIVERSO[1]
ESTABA EN PARAMÂRTHA[2] (a), Y LA GRAN RUEDA ERA ANUPÂDAKA (b)


(a) He aquí ante nosotros la cuestión que ha dado lugar a controversias escolásticas durante siglos. Los dos términos “Âlaya” y “Paramârtha” han sido las causas de división en escuelas, y de que la verdad se haya subdividido en más aspectos diferentes que por ningún otro de los términos místicos. Âlaya es el Alma del Mundo, o Ánima Mundi, la Super-Alma de Emerson, que según la enseñanza esotérica, cambia periódicamente su naturaleza. Âlaya, si bien eterna e inmutable en su esencia interna, en los planos inalcanzables tanto para los hombres como para dioses cósmicos –Dhyâni-Buddhas-, se altera durante el período de vida activa con respecto a los planos inferiores, incluso el nuestro. Durante aquel tiempo, no solamente los Dhyâni-Buddhas son uno con Âlaya en Alma y en Esencia, sino que hasta el hombre fuerte en Yoga (meditación mística) “es capaz de sumir su alma en ella”, como dice Aryâsanga, de la escuela Yogâchârya. Esto no es Nirvâna, sino una condición próxima a él. De aquí la desavenencia. Así, mientras los Yogâchâryas de la escuela Mahâyâna dicen que Âlaya –Nyingpo y Tsang en tibetano- es la personificación del Vacío, y, sin embargo, Âlaya es la base de cada una de las cosas visibles e invisibles; y que, aunque es eterna e inmutable en su esencia, se refleja en cada objeto del Universo “como la luna en el agua clara y tranquila”; otras escuelas discuten la afirmación. Lo mismo sucede respecto de Paramârtha. Los Yogâchâryas interpretan este término como aquello que también depende de otras cosas (paratantra); y los Madhyamikas dicen que Paramârtha está limitado a Paranishpanna o Perfección Absoluta; es decir, en la exposición de estas “Dos Verdades” de las Cuatro, los primeros creen y sostienen que, en este plano, de todos modos existe sólo Samvritisatya, o la verdad relativa; y los segundos enseñan la existencia de Paramârthasatya, la Verdad Absoluta[3]. “Ningún Arhat, o mendicante, puede alcanzar el conocimiento absoluto antes de identificarse con Paranirvâna; Parikalpita y Paratantra son sus dos grandes enemigos”. [4]Parikalpita (en tibetano Kuntag) es el error que comete quien no comprende el vacío y la naturaleza ilusoria de todo; quien cree en la existencia de algo que no existe, por ejemplo, el No-Yo. Y Paratantra es aquello, sea lo que quiera, que existe únicamente gracias a una conexión causal o dependiente, y que tiene que desaparecer tan pronto cese la causa que lo producía, como la llama de un pabilo. Destrúyase o extíngase, y la luz desaparece.

Enseña la filosofía esotérica que toda cosa vive y es consciente; pero no que toda vida y conciencia sean similares a las de los seres humanos ni aun a las de los animales. Nosotros consideramos la vida como la única forma de existencia, manifestándose en lo que llamamos Materia; o en el hombre en lo que llamamos, haciendo una separación incorrecta, Espíritu, Alma y Materia. La Materia es el Vehículo para la manifestación del Alma en este plano de existencia, y el Alma es el Vehículo en un plano más elevado para la manifestación del Espíritu; y estos tres son una Trinidad sintetizada por la Vida que los compenetra. La idea de la Vida Universal es uno de aquellos antiguos conceptos que van volviendo a la mente humana en este siglo, como consecuencia de haberse libertado de la teología antropomórfica. Verdad es que la ciencia se contenta con trazar o presuponer los signos de la Vida Universal, y no se ha atrevido todavía a proferir ni aun por lo bajo “¡Anima Mundi!” La idea de la “vida cristalina”, en la actualidad familiar a la ciencia, hace medio siglo hubiera sido despreciada. Los botánicos buscan ahora los nervios de las plantas; no porque supongan que las plantas pueden sentir o pensar como los animales, sino porque creen que para explicar el desarrollo y la nutrición vegetal, es necesaria alguna estructura que guarde la misma relación funcional con respecto a la vida de la planta, que la de los nervios con respecto a la vida animal. Muy difícil parece que sea posible a la Ciencia engañarse por mucho más tiempo por el mero uso de términos tales como “fuerza” y “energía”, respecto del hecho de que las cosas animadas son vivientes, ya sean átomos o planetas.

Pero, ¿cuál es la creencia de las escuelas internas esotéricas? -preguntará quizás el lector-. ¿Cuáles son las doctrinas enseñadas acerca de este asunto por los “buddhistas” esotéricos? Para ellos, Âlaya posee una significación doble y aun triple. En el sistema Yogâchârya de la escuela contemplativa Mahâyâna, Âlaya es a la par el Alma Universal, Anima Mundi y el Yo de un Adepto avanzado. “El fuerte en Yoga puede introducir a voluntad su Âlaya, por medio de la meditación, en la verdadera naturaleza de la Existencia”. “Âlaya posee una existencia eterna y absoluta” -dice Âryâsanga, el rival de Nâgârjuna[5]-. En un sentido es Pradhâna, que en el Vishnu Purâna se halla explicado como “la causa no desenvuelta, que los más grandes sabios denominan enfáticamente Pradhâna, la base original, la cual es Prakriti sutil, o sea lo eterno y lo que a un mismo tiempo resulta –o comprende en sí- lo que es y lo que no es, o es mera evolución[6]”. “La causa continua, que es uniforme, y a la vez causa y efecto, llamada por los que conocen los primeros principios Pradhâna y Prakriti, es el incognoscible Brahma que era antes de todo”; [7]es decir, Brahma no crea ni produce la evolución misma, sino exhibe sólo varios aspectos de sí mismo, uno de los cuales es Prakriti, un aspecto de Pradhâna. “Prakriti”, sin embargo, es una palabra incorrecta, y Âlaya lo explicaría mejor; pues Prakriti no es el “incongnoscible Brahma”. Es un error de quienes desconocen la universalidad de las doctrinas ocultas desde la cuna misma de las razas humanas, y especialmente por parte de aquellos sabios que rechazan hasta la idea de una “revelación primordial”, enseñar que el Anima Mundi, la Vida Una o Alma Universal, fue dada a conocer sólo por Anaxágoras, o durante su época. Este filósofo dio a luz la enseñanza sencillamente para combatir los conceptos de Demócrito sobre cosmogonía, en exceso materialistas, basados en la teoría exotérica de los átomos impulsados ciegamente. Anaxágoras de Clazomene no fue su inventor, fue tan sólo su propagador, como lo fue también Platón. Lo que él llamaba Inteligencia Mundana, el Nous (......), el principio que, según sus opiniones, existe absolutamente separado y libre de la materia, y obra con arreglo a propósitos, era llamado el Movimiento, la Vida Una, o Jivâtmâ, en la India, edades anteriores al año 500 antes de Cristo. Sólo que los filósofos arios no dotaron jamás a este principio, que para ellos es infinito, con el finito “atributo de pensar”.[8]

Esto conduce naturalmente al “Espíritu Supremo” de Hegel y de los trascendentalistas alemanes, y presenta un contraste que puede ser útil señalar. Las escuelas de Schelling y de Fichte han divergido mucho del concepto arcaico y primitivo de un Principio Absoluto, y han reflejado tan sólo un aspecto de la idea fundamental de la Vedânta. Hasta el “Absoluter Geist” [9], sugerido vagamente por von Hartmann en su filosofía pesimista de lo “Inconsciente”, si bien es quizás la mayor aproximación de la especulación europea a las doctrinas Advaitin indas, sin embargo, dista también mucho de la realidad.

Según Hegel, lo “Inconsciente” jamás habría emprendido la vasta y laboriosa tarea de desenvolver el Universo, más que con la esperanza de alcanzar clara conciencia de Sí Mismo. Con relación a esto debe tenerse presente que al hablar del Espíritu, término que los panteístas europeos emplean como equivalente de Parabrahman, y llamarle Inconsciente, no dan ellos a esta expresión la significación indirecta que generalmente implica. Se emplea a falta de un término más apropiado para simbolizar un profundo misterio.

La “Conciencia Absoluta tras los fenómenos”, nos dicen que se denomina inconsciencia, únicamente por razón de la ausencia de todo elemento de personalidad, y trasciende al concepto humano. El hombre, incapaz de formar un solo concepto, a no ser relativo a fenómenos empíricos, es impotente, a causa de la constitución misma de su ser, para levantar el velo que cubre la majestad de lo Absoluto. Sólo el Espíritu en libertad es capaz de comprender, aunque de un modo vago, la naturaleza de su propio origen, al cual debe volver eventualmente. Puesto que el más elevado Dhyân Chohan, después de todo, tiene que humillarse en su ignorancia ante el soberano misterio del Ser Absoluto; y puesto que aun en esta culminación de la existencia consciente -o sea “al sumirse la conciencia individual en la universal”, usando una frase de Fichte-, lo Finito no puede concebir lo Infinito, ni puede aplicarse su propia clase de experiencias mentales, ¿cómo puede decirse que lo Inconsciente y lo Absoluto puedan tener ni siquiera un impulso instintivo o esperanza de alcanzar clara conciencia de sí mismo?. [10]Jamás admitiría un vedantino esta idea hegeliana; y el ocultista diría que se aplica perfectamente al Mahat despierto, a la Mente Universal, ya proyectada en el mundo fenomenal como aspecto primero del inmutable Absoluto, pero jamás a este último. Según se nos enseña, “el Espíritu y la Materia, o Purusha y Prakriti, son tan sólo los dos aspectos primordiales del Uno y Sin Segundo”.

Nous, el motor de la materia, el Alma animadora, inmanente en todos los átomos, manifestada en el hombre, latente en la piedra, posee diferentes grados de poder; y esta idea panteísta de un Espíritu-Alma general, penetrando a la Naturaleza entera, es la más antigua de todas las nociones filosóficas. Tampoco fue el Archaeus un descubrimiento de Paracelso ni de su discípulo Van Helmont; pues este mismo Archaeus es “el Padre-Éter” localizado, la base manifestada y el origen de los innumerables fenómenos de la vida. La serie completa de las innumerables especulaciones de esta clase constituye tan sólo las variaciones sobre el mismo tema, cuya nota fundamental fue dada con esta “revelación primitiva”.

(b) La palabra “Anupâdaka”, sin padres o sin progenitores, es una designación mística que en nuestra filosofía posee significaciones varias. En general se suele designar por este nombre a Seres Celestiales como los Dhyân Chohans o Dhyâni-Buddhas. Estos corresponden místicamente a los Buddhas y Bodhisattvas humanos, conocidos por los Mânushi (humanos) Buddhas, que más tarde son también llamados “Anupâdaka”, desde el momento en que toda su personalidad se halla sumida en sus Principios Sexto y Séptimo combinados, o Âtma-Buddhi, y que se han convertido en los de “Alma de Diamante” -Vajrasattvas-, [11]o plenos Mahâtmâs. El “Señor Oculto” –Sangbai Dag-po-, “el sumido en lo Absoluto”, no puede tener padres, puesto que es existente por Sí Mismo, y uno con el Espíritu Universal -Svayambhú-[12], el Svabhâvat en su más elevado aspecto. El misterio de la jerarquía de los Anupâdaka es grande, siendo su ápice el Espíritu-Alma universal, y constituyendo su peldaño inferior los Mânushi-Buddha; y aun cada hombre dotado de Alma es un Anupâdaka en estado latente. De aquí el empleo de la expresión, “la gran Rueda (el Universo) era Anupâdaka”, cuando se habla del Universo en su condición informe, eterna o absoluta, antes que fuera formado por los “Constructores”.


[1] Alma, como base de todo, Anima Mundi.

[2] Absoluto Ser y Conciencia, los cuales son Absoluto No-Ser e Inconsciencia.

[3] “Paramârthasatya” es propia conciencia; Svasamvedanâ, o la reflexión que se analiza a sí misma; de dos palabras, parama por encima de todas las cosas, y artha comprensión; significando satya el ser verdadero y absoluto, o esse. En tibetano, Paramârthasatya es Dondampaidenpa. Lo opuesto a esta realidad absoluta, es Samvritisata -la verdad relativa solamente-; pues Samvriti significa “falso concepto”, y es el origen de la ilusión, Mâyâ; en tibetano Kundzabchidenpa, “apariencia creadora de ilusión”.

[4] Aphorisms of the Bhodhisattvas.

[5] Âryâsanga fue un Adepto precristiano y fundador de una escuela esotérica buddhista, a pesar de que Csoma de Koros le coloca, por razones que él sabrá, en el siglo séptimo de la Era Cristiana. Ha existido otro Âryâsanga que vivió durante los primeros siglos de nuestra Era, y lo más probable es que el sabio húngaro los confunda.

[6] Vishnu Purâna, I, pág. 20.

[7] Vishnu Purâna, Wilson, I, 21; citado del Vayu Purâna

[8] Quiero decir Propia Conciencia Finita. Porque, ¿cómo puede lo Absoluto alcanzarla sino simplemente como un aspecto, de los cuales, el más elevado de los que conocemos, es la conciencia humana?

[9] Espíritu Absoluto.

[10] Véase Handbook of the History of Philosophy de Schwegler en la traducción de Sterling, pág. 28

[11] Vajrapâni o Vajradhara significa poseedor del diamante; en tibetano Dorjesempa, sempa, significando el alma; y su cualidad diamantina se refiere a su indestructibilidad en lo futuro. La explicación con respecto a “Anupâdaka” dada en el Kâla Chakra, el primero en la división Gyut de Kanjur, es semiesotérica. Ha conducido a los orientalistas a especulaciones erróneas respecto de los Dhyâni-Buddhas, y sus correspondencias terrenas, los Mânuchi-Buddhas. La significación verdadera será explicada con mayor extensión en su lugar debido.

[12] Citando de nuevo a Hegel que, con Schelling, aceptó prácticamente el concepto panteísta de los Avatâras periódicos (encarnaciones especiales del Espíritu del Mundo en el Hombre, como se ven en el caso de todos los grandes reformadores religiosos): “La esencia del hombre es el espíritu... únicamente despojándose de su modo de ser finito y rindiéndose por propia voluntad a la pura conciencia de sí mismo, es como alcanza la verdad. Cristo-hombre, como hombre en quien la Unidad de Dios-hombre (identidad de la conciencia individual con la universal, según lo enseñado por los vedantinos y algunos adwaitis) se manifestaba, ha presentado en su muerte y en su historia en general, la historia eterna del Espíritu, historia que cada hombre tiene que llevar a la práctica en sí mismo, con objeto de existir como Espíritu”. Philosophy of History. Traducción inglesa de Sibree, pág. 340.

7.- Los Siete Espíritus Creadores, los Dhyân-Chohans. 8.- El Gran Aliento.

jueves 19 de junio de 2008


6. LOS SIETE SEÑORES SUBLIMES Y LAS SIETE VERDADES, HABÍAN DEJADO DE SER (a); Y EL UNIVERSO, EL HIJO DE LA NECESIDAD, ESTABA SUMIDO EN PARANISHPANNA[1] (b), PARA SER EXHALADO POR AQUELLO QUE ES, Y SIN EMBARGO NO ES. NINGUNA COSA EXISTÍA (c).


(a) Los “Siete Señores Sublimes” son los Siete Espíritus Creadores, los Dhyân Chohans, que corresponden a los Elohim hebreos. Es la misma jerarquía de Arcángeles a la cual pertenecen San Miguel, San Gabriel y otros en la teogonía cristiana. Sólo que, así como a San Miguel, por ejemplo, se le atribuye en la teología latina dogmática la vigilancia sobre todos los promontorios y golfos, en el Sistema Esotérico, los Dhyânis velan sucesivamente sobre una de las Rondas y grandes Razas Raíces de nuestra Cadena Planetaria. Además, se dice de ellos que envían sus Bodhisattvas, los representantes humanos de los Dhyâni-Buddhas durante cada Ronda y cada Raza. De las “Siete Verdades” y revelaciones, o más bien secretos revelados, cuatro únicamente nos han sido comunicados; pues estamos todavía en la Cuarta Ronda, y el mundo también ha tenido sólo cuatro Buddhas, hasta ahora. Es ésta una cuestión muy complicada, y más adelante nos ocuparemos de ella con detenimiento.

Hasta la fecha “existen sólo Cuatro Verdades y Cuatro Vedas” -dicen los indos y buddhistas-. Por una razón semejante insistía Ireneo en la necesidad de Cuatro Evangelios. Pero como cada nueva Raza-raíz en la cabeza de una Ronda debe tener su revelación y sus reveladores, la próxima Ronda traerá consigo la Quinta, la siguiente la Sexta, y así sucesivamente.

(b) “Paranishpanna” es la perfección absoluta que todas las existencias alcanzan a la conclusión de un gran período de actividad, o Mahâmanvantara, y en la cual permanecen durante el período siguiente de reposo. En tibetano se llama “Yong-Grub”. Hasta los días de la escuela Yogâchârya, la verdadera naturaleza de Paranirvâna se enseñaba públicamente, pero desde entonces se ha convertido por completo en esotérica; de aquí que existan tantas interpretaciones contradictorias acerca de la misma. Sólo un verdadero idealista puede entenderla. Cada cosa ha de considerarse como ideal, a excepción del Paranirvâna, por quien quiera comprender aquel estado, y adquirir un conocimiento acerca de cómo el No-Yo, el Vacío y las Tinieblas son tres en Uno, y lo que existe sólo por sí mismo y es perfecto. Es absoluto, sin embargo, tan sólo en un sentido relativo, puesto que debe dar lugar a una perfección todavía más absoluta, con arreglo a un tipo más elevado de excelencia en el siguiente período de actividad, del mismo modo que una flor perfecta tiene que dejar de serlo y morir, con objeto de convertirse, en su desarrollo, en un fruto perfecto, si se nos permite tal manera de expresarnos.

Así se enseña el desenvolvimiento progresivo de cada una de las cosas, lo mismo mundos que átomos; y este maravilloso desenvolvimiento no tiene ni principio concebible ni fin imaginable. Nuestro “Universo” es tan sólo uno de un número infinito de Universos, todos ellos “Hijos de la Necesidad”, puesto que son eslabones de la gran cadena Cósmica de Universos, siendo cada uno un efecto con relación a su predecesor, y una causa respecto al que le sucede.

La aparición y desaparición del Universo se describen como la espiración e inspiración del “Gran Aliento”, que es eterno; y que siendo Movimiento, es uno de los tres aspectos de lo Absoluto, siendo los otros dos el Espacio Abstracto y la Duración. Cuando el Gran Aliento se expele, es llamado el Soplo Divino, y se le considera como la respiración de la Deidad Incognoscible -la Existencia Única-, la cual exhala un pensamiento, por decirlo así, que se convierte en el Kosmos. De igual modo, cuando el Aliento Divino es inspirado, el Universo desaparece en el seno de la Gran Madre, que duerme entonces “envuelta en sus Siempre Invisibles Vestiduras”.

(c) Por “aquello que es, y sin embargo no es”, se significa el Gran Aliento mismo, del cual únicamente podemos hablar como de la Existencia Absoluta, pero sin poderlo representar a nuestra imaginación bajo una forma cualquiera de Existencia que podamos distinguir de la No-Existencia. Los tres períodos -el Presente, el Pasado y el Futuro- son en filosofía esotérica un tiempo compuesto; pues los tres son un número compuesto únicamente con relación al plano fenomenal; pero en la región del nóumeno no tienen validez abstracta. Como dicen las Escrituras; “El Tiempo Pasado es el Tiempo Presente, así como también el Futuro, el cual, si bien no ha entrado todavía en existencia, sin embargo es”, según un precepto de la enseñanza Prasanga Madhyamika, cuyos dogmas “han sido siempre conocidos desde que se separó de las escuelas puramente esotéricas[2]. Nuestras ideas, en resumen, acerca de la duración y del tiempo, son todas derivadas de nuestras sensaciones, con arreglo a las leyes de asociación. Enlazadas de modo incomprensible con la relatividad del humano conocimiento, no pueden, sin embargo, poseer existencia alguna, excepto en la experiencia del yo individual, y perecen cuando su marcha evolutiva disipa el Mâyâ de la existencia fenomenal. ¿Qué es, por ejemplo, el tiempo, sino la sucesión panorámica de nuestros estados de conciencia? He aquí las palabras de un Maestro: “Me siento exasperado al tener que emplear estas tres palabras desdichadas -Pasado, Presente y Futuro-, pobres conceptos de las fases objetivas del subjetivo todo, tan mal adaptadas para el objeto como un hacha para labor escultórica delicada”. Es un axioma filosófico: hay que alcanzar Paramârtha para no convertirse en fácil presa de Samvriti[3].


[1] La perfección Absoluta, Paranirvâna, que es Yong-Grub

[2] Véase Dzungarian Mani Kumbum, el “Libro de los 10.000 Preceptos”. Consúltese también Der Buddhismus de Wassilief, págs. 327 y 357, etc.

[3] Para expresarlo con mayor claridad: Tiene uno que adquirir la verdadera Conciencia de Sí Mismo, para comprender Samvriti o el “origen de la ilusión”. Paramârtha es el sinónimo del término Svasamvedanâ, o la “reflexión que se analiza a sí misma”. Existe una diferencia en la interpretación del significado de Paramârtha entre los Yogâchâryas y los Madhyamikas, ninguno de los cuales, sin embargo, explica el sentido real, verdadero y esotérico de la expresión.

5.- Mâyâ o Ilusión. 6.-Tinieblas, la Matriz Eterna.


5. SÓLO TINIEBLAS LLENABAN EL TODO SIN LÍMITES (a); PUES PADRE, MADRE E HIJO ERAN UNA VEZ MÁS UNO, Y EL HIJO NO HABÍA DESPERTADO TODAVÍA PARA LA NUEVA RUEDA[1] Y SU PEREGRINACIÓN EN ELLA (b).


(a) Las “Tinieblas son Padre-Madre; la Luz su Hijo”, dice un antiguo proverbio oriental. La luz es inconcebible, a no ser que se la considere como viniendo de algún origen que sea causa de la misma; y como en el caso de la Luz Primordial aquel origen es desconocido, si bien claman enérgicamente por él la razón y la lógica, por esto lo llamamos “Tinieblas” desde un punto de vista intelectual. En cuanto a la luz prestada o secundaria, cualquiera que sea su origen, puede tener tan sólo un carácter temporal y mayávico. Las Tinieblas constituyen, pues, la Matriz Eterna, en la cual los Orígenes de la Luz aparecen y desaparecen. En este nuestro plano nada se añade a las tinieblas para convertirlas en luz, o a la luz para transformarla en tinieblas. Ellas son permutables, y científicamente la luz es tan sólo un modo de las tinieblas y viceversa. Sin embargo, ambas son fenómenos del mismo nóumeno, el cual es tinieblas absolutas para la mente científica, y tan sólo un obscuro crepúsculo para la percepción de la generalidad de los místicos; si bien para el ojo espiritual del Iniciado es la luz absoluta. El que percibamos más o menos la luz que brilla en las tinieblas, es cosa que depende de nuestro poder de visión. Lo que es luz para nosotros, es tinieblas para ciertos insectos; y el ojo del clarividente ve iluminación allí en donde el ojo normal tan sólo percibe obscuridad. Cuando todo el Universo permanecía sumido en sueño, o sea que había vuelto a su único elemento primordial, no existían allí ni centro de luminosidad, ni ojo para percibir la luz; y las tinieblas necesariamente llenaban el “Todo sin Límites”.

(b) El “Padre y la Madre” son los principios masculino y femenino en la Naturaleza Raíz; los polos opuestos que se manifiestan en todas las cosas en cada plano del Kosmos, o Espíritu y Substancia en un aspecto menos alegórico, cuya resultante es el Universo, o el “Hijo”. Son “una vez más Uno”, cuando en la noche de Brahmâ, durante el Pralaya, todo en el Universo objetivo ha vuelto a su causa única, eterna y primaria, para reaparecer a la siguiente Aurora, como lo hace periódicamente. “Kârana” -la Causa Eterna- estaba sola. Para expresarlo con mayor claridad: Kârana permanece sola durante las Noches de Brahmâ. El Universo anterior objetivo se ha disuelto en su Causa única, eterna y primaria, y por decirlo así, se mantiene en disolución en el espacio, para diferenciarse otra vez y cristalizarse de nuevo a la siguiente Aurora Manvantárica, que es el principio de un nuevo Día o nueva actividad de Brahmâ, símbolo de un Universo. Hablando esotéricamente, Brahmâ es el Padre-Madre-Hijo, o Espíritu, Alma y Cuerpo a un mismo tiempo, siendo cada personaje el símbolo de un atributo, y cada atributo o cualidad un efluvio graduado del Divino Aliento en sus diferenciaciones cíclicas, involucionaria y evolucionaría. En el sentido cósmico-físico, es el Universo, la Cadena Planetaria y la Tierra; en el puramente espiritual, es la Deidad Desconocida, el Espíritu Planetario y el Hombre –el Hijo de los dos, criatura de Espíritu y de Materia; su manifestación en sus periódicas apariciones sobre la tierra durante las “Ruedas”, o los Manvántaras.


[1] El término “Rueda” es la expresión simbólica para un mundo o globo, lo cual demuestra que los antiguos se daban cuenta de que nuestra Tierra era un globo que giraba, y no un cuadrado inmóvil como han enseñado algunos Padres cristianos. La “Gran Rueda” es la duración completa de nuestra Cadena especial de siete Globos o Esferas desde el principio hasta el fin; las “Pequeñas Ruedas” significan las Rondas, de las cuales existen también siete.

4.- Nidânas, o Causas de la Existencia.


4. LAS SIETE SENDAS DE LA FELICIDAD[1] NO EXISTÍAN (a). LAS GRANDES CAUSAS DE LA DESDICHA[2] NO EXISTÍAN, PORQUE NO HABÍA NADIE QUE LAS PRODUJESE Y FUESE APREHENDIDO POR ELLA (b).

(a) Existen “Siete Senderos” o “Vías” hacia la “Felicidad” de la No-Existencia, que es absoluto Ser, Existencia y Conciencia. No existían, porque el Universo hasta entonces se hallaba vacío, existiendo sólo en el Pensamiento Divino.

(b) Porque son... las Doce Nidânas, o Causas del Ser. Cada una de ellas es el efecto de la que le ha precedido, y a su vez causa de la que le suceda; estando basada la suma total de las Nidânas en las Cuatro Verdades, doctrina especialmente característica del Sistema Hinayâna[3]. Pertenecen ellas a la teoría de la corriente de la ley de encadenamiento que produce mérito y demérito, y que finalmente manifiesta al Karma en la plenitud de su poder. Es un sistema fundado en la gran verdad de que la reencarnación tiene que ser temida; pues la existencia en este mundo vincula en el hombre sólo sufrimientos, desdicha y dolor; siendo la muerte misma incapaz de libertar al hombre de ello, puesto que la muerte no es más que la puerta a través de la cual se pasa a otra vida en la tierra, después de un breve reposo en su umbral, o sea en el Devachan. El Sistema Hinayâna o Escuela del Vehículo Pequeño, es de origen muy antiguo; al paso que el Mahâyâna, o Escuela del Gran Vehículo, pertenece a un período posterior, habiendo tenido origen después de la muerte de Buddha. Sin embargo, los principios de esta última son tan antiguos como las montañas en medio de las cuales han existido semejantes escuelas desde tiempo inmemorial; y en realidad, las escuelas Hinayâna y Mahâyâna enseñan ambas las mismas doctrinas. Yâna o Vehículo es una expresión mística, y ambos “Vehículos” significan que el hombre puede escapar de la tortura de los renacimientos, y aun de la falsa felicidad del Devachan, por medio del logro de la Sabiduría y del Conocimiento, únicos que pueden disipar los frutos de la Ilusión y de la Ignorancia.

Mâyâ, o Ilusión, es un elemento que entra en todos los seres finitos, dado que todas las cosas que existen poseen tan sólo una realidad relativa y no absoluta, puesto que la apariencia que el nóumeno oculto asume para cualquier observador, depende de su poder de cognición. Una pintura para la vista no educada del salvaje la vez primera que la ve, es una confusión incomprensible de líneas y de manchas de color, mientras que la vista habituada descubre en seguida en ella una cara o un paisaje. Nada es permanente más que la Existencia única, absoluta y oculta, que contiene en sí misma los nóumenos de todas las realidades. Las existencias pertenecientes a cada plano del ser, hasta los más elevados Dhyân Chohans, son, relativamente, de la naturaleza de las sombras proyectadas por una linterna mágica sobre un lienzo blanco. Sin embargo, todas las cosas son relativamente reales, puesto que el conocedor es también una reflexión, y por lo tanto las cosas conocidas son tan reales para él como él mismo. Cualquiera que sea la realidad que posean las cosas, debe buscarse esta realidad en ellas, antes o después que hayan pasado, a manera de un relámpago al través del mundo material; pues nosotros no podemos conocer una existencia semejante directamente mientras sólo poseamos instrumentos sensitivos que conduzcan sólo la existencia material al campo de nuestra conciencia. En cualquier plano que nuestra conciencia pueda encontrarse actuando, tanto nosotros mismos como las cosas pertenecientes a aquel plano, son, en aquel entonces, nuestras únicas realidades. Pero a medida que nos vamos elevando en la escala del desenvolvimiento, nos damos cuenta de que en las etapas al través de las cuales hemos pasado, hemos confundido las sombras por las realidades, y que el progreso del Yo hacia lo alto consiste en una serie de despertamientos progresivos, llevando consigo a cada avance la idea de que, en aquel momento al menos, hemos alcanzado la “realidad”; pero únicamente cuando hayamos logrado la Conciencia absoluta y compenetrado con ella la nuestra propia, nos encontraremos libres de las ilusiones producidas por Mâyâ.


[1] Nirvâna, Nippang en China; Neibban en Birmania; Moksha en la India.

[2] Nidâna y Mâyâ. Las Doce” Nidânas (en tibetano Ten-brel Chug-nyi) son las causas principales de la existencia, efectos engendrados por un encadenamiento de causas producidas.

[3] Véase Wassilief: Der Buddhismus, págs. 97-128

2.- Tiempo.

miércoles 18 de junio de 2008


2.- El tiempo no existía, pues yacía dormido en el Seno infinito de la Duración.

El “Tiempo” es sólo una ilusión producida por la sucesión de nuestros estados de conciencia en nuestro viaje a través de la Duración Eterna, y no existe donde no existe conciencia en que pueda producirse la ilusión, sino que “yace dormido”. El Presente es solamente una línea matemática que separa la parte de la Duración Eterna que llamamos el Futuro, de la otra parte que llamamos el Pasado. Nada hay en la tierra que tenga verdadera duración, pues nada permanece sin cambio, o es lo mismo, durante la billonésima parte de un segundo; y la sensación que experimentamos de la realidad de la división del Tiempo que se conoce como Presente, nos viene de la impresión de la momentánea vislumbre, o vislumbres sucesivas, de las cosas que nuestros sentidos nos comunican, al pasar dichas cosas de la región de lo ideal, que denominamos el Futuro, a la región de los recuerdos a que damos el nombre de Pasado. Del mismo modo experimentamos una sensación de duración en el caso de la chispa eléctrica instantánea, a causa de haber sido impresionada la retina y continuar la impresión. Las personas y las cosas reales y efectivas no son únicamente lo que se ve en cualquier momento dado, sino que están constituidas por la suma de todas sus condiciones diversas y mudables, desde el momento en que aparecen en forma material hasta que desaparecen de la tierra. Estas “sumas totales” existen de toda eternidad en el Futuro, y pasan gradualmente a través de la materia para existir de toda eternidad en el Pasado. Nadie dirá que una barra de metal arrojada al mar, comenzó a existir cuando abandonó el aire, y que cesó de existir en cuanto penetró en el agua; ni que la barra consistía únicamente en la sección transversal de la misma, que coincidiera en cualquier momento dado con el plano matemático que separa y al mismo tiempo une la atmósfera con el Océano. Así sucede a las personas y a las cosas que, cayendo del “va a ser” en el “ha sido”, del Futuro en el Pasado, presentan momentáneamente a nuestros sentidos a manera de una sección transversal de sus propias totalidades, conforme van pasando a través del Tiempo y del Espacio -como materia- en su camino de una a otra eternidad: y estas dos eternidades constituyen aquella Duración en que únicamente hay algo que tenga verdadera existencia, la cual percibirían nuestros sentidos si fuesen aptos para conocerla.

Estancia I. - LA NOCHE DEL UNIVERSO

1.- Las Siete Eternidades.
2.- El Tiempo.
3.- La Mente Universal y los Dhyân-Chochans.
4.- Nidânas, o Causas de la Existencia.
5.- Mâyâ o Ilusión. - Tinieblas, la Matriz Eterna.
6.- Los Principios masculino y femenino en la Naturaleza Raíz.
7.- Los Siete Espíritus Creadores, los Dhyân-Chohans.
8- El Gran Aliento.
9- La Causa del Universo Material.
10- El Ser Uno es el Nóumeno de todos los Nóumenos.
11.- La Forma Una de Existencia.
12- El ojo abierto de Dangma, un Jivanmukta.
13.- Âlaya, la Vida Una, o Alma Universal.
14.- El Misterio del Ser Absoluto.
15. -El misterio de la jerarquía de los Anupadâka.

Siete estancias del libro de Dzyan


No existía algo, ni existía nada;
El resplandeciente cielo no existía;
Ni la inmensa bóveda celeste se extendía en lo alto.
¿Qué cubría todo?¿Qué lo cobijaba?¿Qué lo ocultaba?
¿Era el abismo insondable de las aguas?
No existía la muerte, pero nada había inmortal,
No existía límites entre el día y la noche
Sólo el Uno respiraba inanimado y por Sí,
Pues ningún otro que Él jamás ha habido.
Reinaban las tinieblas, y todo principio estaba velado
En obscuridad profunda;un océano sin luz;
El germen hasta entonces oculto en su envoltura
Hace brotar una naturaleza de férvido calor.
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Tú eras. Y cuando la llama subterránea
Rompa su prisión y devore la forma,
Todavía serás Tú, como eras antes,
Sin sufrir cambio alguno cuando el tiempo no Existía.
¡Oh, mente infinita, divina Eternidad!

Rig Veda (Colebrooke)

Proemio.

martes 17 de junio de 2008

Es la VIDA UNA, eterna, invisible, aunque omnipresente; sin principio ni fin, aunque periódica en sus manifestaciones regulares -entre cuyos períodos reina el absoluto misterio del No-Ser-; inconsciente, y sin embargo Conciencia absoluta[1]; incomprensible, y sin embargo la única Realidad existente por sí misma; a la verdad "un Caos para los sentidos, un Kosmos para la razón". Su atributo único y absoluto, que es Ello mismo, Movimiento eterno e incesante, es llamado esotéricamente el Gran Aliento[2], que es el movimiento perpetuo del Universo, en el sentido de Espacio sin límites y siempre presente. Aquello que permanece inmóvil no puede ser Divino. Pero de hecho y en realidad, nada existe en absoluto inmóvil en el Alma Universal.

Casi cinco siglos antes de nuestra era, Leucipo, el precepto de Demócrito, sostenía que el Espacio estaba eternamente lleno de átomos impulsados por movimiento incesante, que daba origen, en el debido transcurso del tiempo, y a medida que se agregaban, al movimiento rotatorio por virtud de colisiones mutuas que producían movimientos laterales. Epicuro y Lucrecio enseñaron lo mismo, añadiendo únicamente a la moción lateral de los átomos, la idea de afinidad, que es una enseñanza oculta.

Desde el comienzo de lo que constituye la herencia del hombre; desde la aparición primera de los arquitectos del globo en que vive, la Deidad no revelada fue reconocida y considerada bajo su único aspecto filosófico –el Movimiento Universal, la vibración del Aliento creados en la Naturaleza. El ocultismo sintetiza así la Existencia Una: “La Deidad es un fuego misterioso vivo (o moviente), y los eternos testigos de esta Presencia invisible, son la Luz, el Calor y la Humedad”, trinidad esta última que abarca y es causa de todos los fenómenos de la Naturaleza. El movimiento intracósmico es eterno e incesante; el movimiento cósmico, el visible o sea aquel que es objeto de percepción, es finito y periódico. Como eterna abstracción es lo Siempre Presente; como las reconstrucciones sucesivas. El Cosmos –el Nóumeno- no tiene que ver con las relaciones causales del mundo fenomenal. Sólo refiriéndose al Alma intracósmica, al Cosmos ideal en el inmutable Pensamiento Divino, podemos decir: “Jamás tuvo principio, ni jamás tendrá fin”. Por lo que hace a su cuerpo u organización cósmica, aunque no puede decirse que haya tenido una primera construcción, o que haya de tener una última, sin embargo, a cada nuevo Manvántara, puede considerarse su organización como la primera y la última de su especie, puesto que evoluciona cada vez en un plano más elevado.



[1] Casi no es necesario recordar al lector que las expresiones Pensamiento Divino, Mente Universal no deben considerarse determinando ni aun vagamente un proceso intelectual parecido al que se manifiesta ene. hombre. Lo “Inconsciente”, según von Hartmann, llegó al vasto plan de la creación, o más bien de la evolución, “por medio de una sabiduría clarividente superior a toda conciencia”, la cual, en el lenguaje vedantino, significa Sabiduría absoluta. Únicamente los que conocen lo mucho que se remonta la intuición sobre los lentos procedimientos de raciocinio, podrán formarse el más débil concepto de aquella absoluta Sabiduría, que trasciende las ideas de Tiempo y Espacio. La mente, tal cual la conocemos, se resuelve en una serie de estados de conciencia, cuya duración, intensidad, complejidad y demás cualidades son variables, fundados todos en la sensación, en último término, la cual a su vez es Mâyâ. La sensación, además, implica necesariamente limitación. El Dios personal del Deísmo ortodoxo, percibe, piensa y es afectado por la emoción; se arrepiente y experimenta “fiera cólera”: Pero la noción de semejantes estados mentales lleva claramente consigo el inconcebible postulado de la exterioridad de los estímulos excitantes, por no decir nada de la imposibilidad de atribuir la inmutabilidad a un ser cuyas emociones fluctúan con los sucesos que tienen lugar en los mundos que preside. El concepto de un Dios Personal como inmutable e infinito, es, por lo tanto, antipsicológico, y lo que es peor, antifilosófico.

[2] Platón demuestra ser un Iniciado cuando dice en Cratylus, que… es derivado del verbo…, mover, correr, porque los primeros astrónomos que observaron los movimientos de los cuerpos celestes, llamaron a los planetas…, dioses. Más tarde la palabra ha producido otra… -el aliento de Dios.

SATYÂT NÂSTI PARO DHARMAH