14.- Âlaya, la Vida Una, o Alma Universal. 15- El Misterio del Ser Absoluto. -

sábado, 21 de junio de 2008

9. PERO, ¿EN DÓNDE ESTABA DANGMA CUANDO EL ÂLAYA DEL UNIVERSO[1]
ESTABA EN PARAMÂRTHA[2] (a), Y LA GRAN RUEDA ERA ANUPÂDAKA (b)


(a) He aquí ante nosotros la cuestión que ha dado lugar a controversias escolásticas durante siglos. Los dos términos “Âlaya” y “Paramârtha” han sido las causas de división en escuelas, y de que la verdad se haya subdividido en más aspectos diferentes que por ningún otro de los términos místicos. Âlaya es el Alma del Mundo, o Ánima Mundi, la Super-Alma de Emerson, que según la enseñanza esotérica, cambia periódicamente su naturaleza. Âlaya, si bien eterna e inmutable en su esencia interna, en los planos inalcanzables tanto para los hombres como para dioses cósmicos –Dhyâni-Buddhas-, se altera durante el período de vida activa con respecto a los planos inferiores, incluso el nuestro. Durante aquel tiempo, no solamente los Dhyâni-Buddhas son uno con Âlaya en Alma y en Esencia, sino que hasta el hombre fuerte en Yoga (meditación mística) “es capaz de sumir su alma en ella”, como dice Aryâsanga, de la escuela Yogâchârya. Esto no es Nirvâna, sino una condición próxima a él. De aquí la desavenencia. Así, mientras los Yogâchâryas de la escuela Mahâyâna dicen que Âlaya –Nyingpo y Tsang en tibetano- es la personificación del Vacío, y, sin embargo, Âlaya es la base de cada una de las cosas visibles e invisibles; y que, aunque es eterna e inmutable en su esencia, se refleja en cada objeto del Universo “como la luna en el agua clara y tranquila”; otras escuelas discuten la afirmación. Lo mismo sucede respecto de Paramârtha. Los Yogâchâryas interpretan este término como aquello que también depende de otras cosas (paratantra); y los Madhyamikas dicen que Paramârtha está limitado a Paranishpanna o Perfección Absoluta; es decir, en la exposición de estas “Dos Verdades” de las Cuatro, los primeros creen y sostienen que, en este plano, de todos modos existe sólo Samvritisatya, o la verdad relativa; y los segundos enseñan la existencia de Paramârthasatya, la Verdad Absoluta[3]. “Ningún Arhat, o mendicante, puede alcanzar el conocimiento absoluto antes de identificarse con Paranirvâna; Parikalpita y Paratantra son sus dos grandes enemigos”. [4]Parikalpita (en tibetano Kuntag) es el error que comete quien no comprende el vacío y la naturaleza ilusoria de todo; quien cree en la existencia de algo que no existe, por ejemplo, el No-Yo. Y Paratantra es aquello, sea lo que quiera, que existe únicamente gracias a una conexión causal o dependiente, y que tiene que desaparecer tan pronto cese la causa que lo producía, como la llama de un pabilo. Destrúyase o extíngase, y la luz desaparece.

Enseña la filosofía esotérica que toda cosa vive y es consciente; pero no que toda vida y conciencia sean similares a las de los seres humanos ni aun a las de los animales. Nosotros consideramos la vida como la única forma de existencia, manifestándose en lo que llamamos Materia; o en el hombre en lo que llamamos, haciendo una separación incorrecta, Espíritu, Alma y Materia. La Materia es el Vehículo para la manifestación del Alma en este plano de existencia, y el Alma es el Vehículo en un plano más elevado para la manifestación del Espíritu; y estos tres son una Trinidad sintetizada por la Vida que los compenetra. La idea de la Vida Universal es uno de aquellos antiguos conceptos que van volviendo a la mente humana en este siglo, como consecuencia de haberse libertado de la teología antropomórfica. Verdad es que la ciencia se contenta con trazar o presuponer los signos de la Vida Universal, y no se ha atrevido todavía a proferir ni aun por lo bajo “¡Anima Mundi!” La idea de la “vida cristalina”, en la actualidad familiar a la ciencia, hace medio siglo hubiera sido despreciada. Los botánicos buscan ahora los nervios de las plantas; no porque supongan que las plantas pueden sentir o pensar como los animales, sino porque creen que para explicar el desarrollo y la nutrición vegetal, es necesaria alguna estructura que guarde la misma relación funcional con respecto a la vida de la planta, que la de los nervios con respecto a la vida animal. Muy difícil parece que sea posible a la Ciencia engañarse por mucho más tiempo por el mero uso de términos tales como “fuerza” y “energía”, respecto del hecho de que las cosas animadas son vivientes, ya sean átomos o planetas.

Pero, ¿cuál es la creencia de las escuelas internas esotéricas? -preguntará quizás el lector-. ¿Cuáles son las doctrinas enseñadas acerca de este asunto por los “buddhistas” esotéricos? Para ellos, Âlaya posee una significación doble y aun triple. En el sistema Yogâchârya de la escuela contemplativa Mahâyâna, Âlaya es a la par el Alma Universal, Anima Mundi y el Yo de un Adepto avanzado. “El fuerte en Yoga puede introducir a voluntad su Âlaya, por medio de la meditación, en la verdadera naturaleza de la Existencia”. “Âlaya posee una existencia eterna y absoluta” -dice Âryâsanga, el rival de Nâgârjuna[5]-. En un sentido es Pradhâna, que en el Vishnu Purâna se halla explicado como “la causa no desenvuelta, que los más grandes sabios denominan enfáticamente Pradhâna, la base original, la cual es Prakriti sutil, o sea lo eterno y lo que a un mismo tiempo resulta –o comprende en sí- lo que es y lo que no es, o es mera evolución[6]”. “La causa continua, que es uniforme, y a la vez causa y efecto, llamada por los que conocen los primeros principios Pradhâna y Prakriti, es el incognoscible Brahma que era antes de todo”; [7]es decir, Brahma no crea ni produce la evolución misma, sino exhibe sólo varios aspectos de sí mismo, uno de los cuales es Prakriti, un aspecto de Pradhâna. “Prakriti”, sin embargo, es una palabra incorrecta, y Âlaya lo explicaría mejor; pues Prakriti no es el “incongnoscible Brahma”. Es un error de quienes desconocen la universalidad de las doctrinas ocultas desde la cuna misma de las razas humanas, y especialmente por parte de aquellos sabios que rechazan hasta la idea de una “revelación primordial”, enseñar que el Anima Mundi, la Vida Una o Alma Universal, fue dada a conocer sólo por Anaxágoras, o durante su época. Este filósofo dio a luz la enseñanza sencillamente para combatir los conceptos de Demócrito sobre cosmogonía, en exceso materialistas, basados en la teoría exotérica de los átomos impulsados ciegamente. Anaxágoras de Clazomene no fue su inventor, fue tan sólo su propagador, como lo fue también Platón. Lo que él llamaba Inteligencia Mundana, el Nous (......), el principio que, según sus opiniones, existe absolutamente separado y libre de la materia, y obra con arreglo a propósitos, era llamado el Movimiento, la Vida Una, o Jivâtmâ, en la India, edades anteriores al año 500 antes de Cristo. Sólo que los filósofos arios no dotaron jamás a este principio, que para ellos es infinito, con el finito “atributo de pensar”.[8]

Esto conduce naturalmente al “Espíritu Supremo” de Hegel y de los trascendentalistas alemanes, y presenta un contraste que puede ser útil señalar. Las escuelas de Schelling y de Fichte han divergido mucho del concepto arcaico y primitivo de un Principio Absoluto, y han reflejado tan sólo un aspecto de la idea fundamental de la Vedânta. Hasta el “Absoluter Geist” [9], sugerido vagamente por von Hartmann en su filosofía pesimista de lo “Inconsciente”, si bien es quizás la mayor aproximación de la especulación europea a las doctrinas Advaitin indas, sin embargo, dista también mucho de la realidad.

Según Hegel, lo “Inconsciente” jamás habría emprendido la vasta y laboriosa tarea de desenvolver el Universo, más que con la esperanza de alcanzar clara conciencia de Sí Mismo. Con relación a esto debe tenerse presente que al hablar del Espíritu, término que los panteístas europeos emplean como equivalente de Parabrahman, y llamarle Inconsciente, no dan ellos a esta expresión la significación indirecta que generalmente implica. Se emplea a falta de un término más apropiado para simbolizar un profundo misterio.

La “Conciencia Absoluta tras los fenómenos”, nos dicen que se denomina inconsciencia, únicamente por razón de la ausencia de todo elemento de personalidad, y trasciende al concepto humano. El hombre, incapaz de formar un solo concepto, a no ser relativo a fenómenos empíricos, es impotente, a causa de la constitución misma de su ser, para levantar el velo que cubre la majestad de lo Absoluto. Sólo el Espíritu en libertad es capaz de comprender, aunque de un modo vago, la naturaleza de su propio origen, al cual debe volver eventualmente. Puesto que el más elevado Dhyân Chohan, después de todo, tiene que humillarse en su ignorancia ante el soberano misterio del Ser Absoluto; y puesto que aun en esta culminación de la existencia consciente -o sea “al sumirse la conciencia individual en la universal”, usando una frase de Fichte-, lo Finito no puede concebir lo Infinito, ni puede aplicarse su propia clase de experiencias mentales, ¿cómo puede decirse que lo Inconsciente y lo Absoluto puedan tener ni siquiera un impulso instintivo o esperanza de alcanzar clara conciencia de sí mismo?. [10]Jamás admitiría un vedantino esta idea hegeliana; y el ocultista diría que se aplica perfectamente al Mahat despierto, a la Mente Universal, ya proyectada en el mundo fenomenal como aspecto primero del inmutable Absoluto, pero jamás a este último. Según se nos enseña, “el Espíritu y la Materia, o Purusha y Prakriti, son tan sólo los dos aspectos primordiales del Uno y Sin Segundo”.

Nous, el motor de la materia, el Alma animadora, inmanente en todos los átomos, manifestada en el hombre, latente en la piedra, posee diferentes grados de poder; y esta idea panteísta de un Espíritu-Alma general, penetrando a la Naturaleza entera, es la más antigua de todas las nociones filosóficas. Tampoco fue el Archaeus un descubrimiento de Paracelso ni de su discípulo Van Helmont; pues este mismo Archaeus es “el Padre-Éter” localizado, la base manifestada y el origen de los innumerables fenómenos de la vida. La serie completa de las innumerables especulaciones de esta clase constituye tan sólo las variaciones sobre el mismo tema, cuya nota fundamental fue dada con esta “revelación primitiva”.

(b) La palabra “Anupâdaka”, sin padres o sin progenitores, es una designación mística que en nuestra filosofía posee significaciones varias. En general se suele designar por este nombre a Seres Celestiales como los Dhyân Chohans o Dhyâni-Buddhas. Estos corresponden místicamente a los Buddhas y Bodhisattvas humanos, conocidos por los Mânushi (humanos) Buddhas, que más tarde son también llamados “Anupâdaka”, desde el momento en que toda su personalidad se halla sumida en sus Principios Sexto y Séptimo combinados, o Âtma-Buddhi, y que se han convertido en los de “Alma de Diamante” -Vajrasattvas-, [11]o plenos Mahâtmâs. El “Señor Oculto” –Sangbai Dag-po-, “el sumido en lo Absoluto”, no puede tener padres, puesto que es existente por Sí Mismo, y uno con el Espíritu Universal -Svayambhú-[12], el Svabhâvat en su más elevado aspecto. El misterio de la jerarquía de los Anupâdaka es grande, siendo su ápice el Espíritu-Alma universal, y constituyendo su peldaño inferior los Mânushi-Buddha; y aun cada hombre dotado de Alma es un Anupâdaka en estado latente. De aquí el empleo de la expresión, “la gran Rueda (el Universo) era Anupâdaka”, cuando se habla del Universo en su condición informe, eterna o absoluta, antes que fuera formado por los “Constructores”.


[1] Alma, como base de todo, Anima Mundi.

[2] Absoluto Ser y Conciencia, los cuales son Absoluto No-Ser e Inconsciencia.

[3] “Paramârthasatya” es propia conciencia; Svasamvedanâ, o la reflexión que se analiza a sí misma; de dos palabras, parama por encima de todas las cosas, y artha comprensión; significando satya el ser verdadero y absoluto, o esse. En tibetano, Paramârthasatya es Dondampaidenpa. Lo opuesto a esta realidad absoluta, es Samvritisata -la verdad relativa solamente-; pues Samvriti significa “falso concepto”, y es el origen de la ilusión, Mâyâ; en tibetano Kundzabchidenpa, “apariencia creadora de ilusión”.

[4] Aphorisms of the Bhodhisattvas.

[5] Âryâsanga fue un Adepto precristiano y fundador de una escuela esotérica buddhista, a pesar de que Csoma de Koros le coloca, por razones que él sabrá, en el siglo séptimo de la Era Cristiana. Ha existido otro Âryâsanga que vivió durante los primeros siglos de nuestra Era, y lo más probable es que el sabio húngaro los confunda.

[6] Vishnu Purâna, I, pág. 20.

[7] Vishnu Purâna, Wilson, I, 21; citado del Vayu Purâna

[8] Quiero decir Propia Conciencia Finita. Porque, ¿cómo puede lo Absoluto alcanzarla sino simplemente como un aspecto, de los cuales, el más elevado de los que conocemos, es la conciencia humana?

[9] Espíritu Absoluto.

[10] Véase Handbook of the History of Philosophy de Schwegler en la traducción de Sterling, pág. 28

[11] Vajrapâni o Vajradhara significa poseedor del diamante; en tibetano Dorjesempa, sempa, significando el alma; y su cualidad diamantina se refiere a su indestructibilidad en lo futuro. La explicación con respecto a “Anupâdaka” dada en el Kâla Chakra, el primero en la división Gyut de Kanjur, es semiesotérica. Ha conducido a los orientalistas a especulaciones erróneas respecto de los Dhyâni-Buddhas, y sus correspondencias terrenas, los Mânuchi-Buddhas. La significación verdadera será explicada con mayor extensión en su lugar debido.

[12] Citando de nuevo a Hegel que, con Schelling, aceptó prácticamente el concepto panteísta de los Avatâras periódicos (encarnaciones especiales del Espíritu del Mundo en el Hombre, como se ven en el caso de todos los grandes reformadores religiosos): “La esencia del hombre es el espíritu... únicamente despojándose de su modo de ser finito y rindiéndose por propia voluntad a la pura conciencia de sí mismo, es como alcanza la verdad. Cristo-hombre, como hombre en quien la Unidad de Dios-hombre (identidad de la conciencia individual con la universal, según lo enseñado por los vedantinos y algunos adwaitis) se manifestaba, ha presentado en su muerte y en su historia en general, la historia eterna del Espíritu, historia que cada hombre tiene que llevar a la práctica en sí mismo, con objeto de existir como Espíritu”. Philosophy of History. Traducción inglesa de Sibree, pág. 340.

1 comentarios:

sperman dijo...

No se entiende nada, como sucede en la mayoría de las cosas que revela la Blavatsky, que para colmo, suele irse por las ramas como el mejor de los orangutanes.