
5. SÓLO TINIEBLAS LLENABAN EL TODO SIN LÍMITES (a); PUES PADRE, MADRE E HIJO ERAN UNA VEZ MÁS UNO, Y EL HIJO NO HABÍA DESPERTADO TODAVÍA PARA LA NUEVA RUEDA Y SU PEREGRINACIÓN EN ELLA (b).
(a) Las “Tinieblas son Padre-Madre; la Luz su Hijo”, dice un antiguo proverbio oriental. La luz es inconcebible, a no ser que se la considere como viniendo de algún origen que sea causa de la misma; y como en el caso de la Luz Primordial aquel origen es desconocido, si bien claman enérgicamente por él la razón y la lógica, por esto lo llamamos “Tinieblas” desde un punto de vista intelectual. En cuanto a la luz prestada o secundaria, cualquiera que sea su origen, puede tener tan sólo un carácter temporal y mayávico. Las Tinieblas constituyen, pues, la Matriz Eterna, en la cual los Orígenes de la Luz aparecen y desaparecen. En este nuestro plano nada se añade a las tinieblas para convertirlas en luz, o a la luz para transformarla en tinieblas. Ellas son permutables, y científicamente la luz es tan sólo un modo de las tinieblas y viceversa. Sin embargo, ambas son fenómenos del mismo nóumeno, el cual es tinieblas absolutas para la mente científica, y tan sólo un obscuro crepúsculo para la percepción de la generalidad de los místicos; si bien para el ojo espiritual del Iniciado es la luz absoluta. El que percibamos más o menos la luz que brilla en las tinieblas, es cosa que depende de nuestro poder de visión. Lo que es luz para nosotros, es tinieblas para ciertos insectos; y el ojo del clarividente ve iluminación allí en donde el ojo normal tan sólo percibe obscuridad. Cuando todo el Universo permanecía sumido en sueño, o sea que había vuelto a su único elemento primordial, no existían allí ni centro de luminosidad, ni ojo para percibir la luz; y las tinieblas necesariamente llenaban el “Todo sin Límites”.
(b) El “Padre y la Madre” son los principios masculino y femenino en la Naturaleza Raíz; los polos opuestos que se manifiestan en todas las cosas en cada plano del Kosmos, o Espíritu y Substancia en un aspecto menos alegórico, cuya resultante es el Universo, o el “Hijo”. Son “una vez más Uno”, cuando en la noche de Brahmâ, durante el Pralaya, todo en el Universo objetivo ha vuelto a su causa única, eterna y primaria, para reaparecer a la siguiente Aurora, como lo hace periódicamente. “Kârana” -la Causa Eterna- estaba sola. Para expresarlo con mayor claridad: Kârana permanece sola durante las Noches de Brahmâ. El Universo anterior objetivo se ha disuelto en su Causa única, eterna y primaria, y por decirlo así, se mantiene en disolución en el espacio, para diferenciarse otra vez y cristalizarse de nuevo a la siguiente Aurora Manvantárica, que es el principio de un nuevo Día o nueva actividad de Brahmâ, símbolo de un Universo. Hablando esotéricamente, Brahmâ es el Padre-Madre-Hijo, o Espíritu, Alma y Cuerpo a un mismo tiempo, siendo cada personaje el símbolo de un atributo, y cada atributo o cualidad un efluvio graduado del Divino Aliento en sus diferenciaciones cíclicas, involucionaria y evolucionaría. En el sentido cósmico-físico, es el Universo, la Cadena Planetaria y la Tierra; en el puramente espiritual, es la Deidad Desconocida, el Espíritu Planetario y el Hombre –el Hijo de los dos, criatura de Espíritu y de Materia; su manifestación en sus periódicas apariciones sobre la tierra durante las “Ruedas”, o los Manvántaras.
El término “Rueda” es la expresión simbólica para un mundo o globo, lo cual demuestra que los antiguos se daban cuenta de que nuestra Tierra era un globo que giraba, y no un cuadrado inmóvil como han enseñado algunos Padres cristianos. La “Gran Rueda” es la duración completa de nuestra Cadena especial de siete Globos o Esferas desde el principio hasta el fin; las “Pequeñas Ruedas” significan las Rondas, de las cuales existen también siete.
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