
6. LOS SIETE SEÑORES SUBLIMES Y LAS SIETE VERDADES, HABÍAN DEJADO DE SER (a); Y EL UNIVERSO, EL HIJO DE LA NECESIDAD, ESTABA SUMIDO EN PARANISHPANNA (b), PARA SER EXHALADO POR AQUELLO QUE ES, Y SIN EMBARGO NO ES. NINGUNA COSA EXISTÍA (c).
(a) Los “Siete Señores Sublimes” son los Siete Espíritus Creadores, los Dhyân Chohans, que corresponden a los Elohim hebreos. Es la misma jerarquía de Arcángeles a la cual pertenecen San Miguel, San Gabriel y otros en la teogonía cristiana. Sólo que, así como a San Miguel, por ejemplo, se le atribuye en la teología latina dogmática la vigilancia sobre todos los promontorios y golfos, en el Sistema Esotérico, los Dhyânis velan sucesivamente sobre una de las Rondas y grandes Razas Raíces de nuestra Cadena Planetaria. Además, se dice de ellos que envían sus Bodhisattvas, los representantes humanos de los Dhyâni-Buddhas durante cada Ronda y cada Raza. De las “Siete Verdades” y revelaciones, o más bien secretos revelados, cuatro únicamente nos han sido comunicados; pues estamos todavía en la Cuarta Ronda, y el mundo también ha tenido sólo cuatro Buddhas, hasta ahora. Es ésta una cuestión muy complicada, y más adelante nos ocuparemos de ella con detenimiento.
Hasta la fecha “existen sólo Cuatro Verdades y Cuatro Vedas” -dicen los indos y buddhistas-. Por una razón semejante insistía Ireneo en la necesidad de Cuatro Evangelios. Pero como cada nueva Raza-raíz en la cabeza de una Ronda debe tener su revelación y sus reveladores, la próxima Ronda traerá consigo la Quinta, la siguiente la Sexta, y así sucesivamente.
(b) “Paranishpanna” es la perfección absoluta que todas las existencias alcanzan a la conclusión de un gran período de actividad, o Mahâmanvantara, y en la cual permanecen durante el período siguiente de reposo. En tibetano se llama “Yong-Grub”. Hasta los días de la escuela Yogâchârya, la verdadera naturaleza de Paranirvâna se enseñaba públicamente, pero desde entonces se ha convertido por completo en esotérica; de aquí que existan tantas interpretaciones contradictorias acerca de la misma. Sólo un verdadero idealista puede entenderla. Cada cosa ha de considerarse como ideal, a excepción del Paranirvâna, por quien quiera comprender aquel estado, y adquirir un conocimiento acerca de cómo el No-Yo, el Vacío y las Tinieblas son tres en Uno, y lo que existe sólo por sí mismo y es perfecto. Es absoluto, sin embargo, tan sólo en un sentido relativo, puesto que debe dar lugar a una perfección todavía más absoluta, con arreglo a un tipo más elevado de excelencia en el siguiente período de actividad, del mismo modo que una flor perfecta tiene que dejar de serlo y morir, con objeto de convertirse, en su desarrollo, en un fruto perfecto, si se nos permite tal manera de expresarnos.
Así se enseña el desenvolvimiento progresivo de cada una de las cosas, lo mismo mundos que átomos; y este maravilloso desenvolvimiento no tiene ni principio concebible ni fin imaginable. Nuestro “Universo” es tan sólo uno de un número infinito de Universos, todos ellos “Hijos de la Necesidad”, puesto que son eslabones de la gran cadena Cósmica de Universos, siendo cada uno un efecto con relación a su predecesor, y una causa respecto al que le sucede.
La aparición y desaparición del Universo se describen como la espiración e inspiración del “Gran Aliento”, que es eterno; y que siendo Movimiento, es uno de los tres aspectos de lo Absoluto, siendo los otros dos el Espacio Abstracto y la Duración. Cuando el Gran Aliento se expele, es llamado el Soplo Divino, y se le considera como la respiración de la Deidad Incognoscible -la Existencia Única-, la cual exhala un pensamiento, por decirlo así, que se convierte en el Kosmos. De igual modo, cuando el Aliento Divino es inspirado, el Universo desaparece en el seno de la Gran Madre, que duerme entonces “envuelta en sus Siempre Invisibles Vestiduras”.
(c) Por “aquello que es, y sin embargo no es”, se significa el Gran Aliento mismo, del cual únicamente podemos hablar como de la Existencia Absoluta, pero sin poderlo representar a nuestra imaginación bajo una forma cualquiera de Existencia que podamos distinguir de la No-Existencia. Los tres períodos -el Presente, el Pasado y el Futuro- son en filosofía esotérica un tiempo compuesto; pues los tres son un número compuesto únicamente con relación al plano fenomenal; pero en la región del nóumeno no tienen validez abstracta. Como dicen las Escrituras; “El Tiempo Pasado es el Tiempo Presente, así como también el Futuro, el cual, si bien no ha entrado todavía en existencia, sin embargo es”, según un precepto de la enseñanza Prasanga Madhyamika, cuyos dogmas “han sido siempre conocidos desde que se separó de las escuelas puramente esotéricas. Nuestras ideas, en resumen, acerca de la duración y del tiempo, son todas derivadas de nuestras sensaciones, con arreglo a las leyes de asociación. Enlazadas de modo incomprensible con la relatividad del humano conocimiento, no pueden, sin embargo, poseer existencia alguna, excepto en la experiencia del yo individual, y perecen cuando su marcha evolutiva disipa el Mâyâ de la existencia fenomenal. ¿Qué es, por ejemplo, el tiempo, sino la sucesión panorámica de nuestros estados de conciencia? He aquí las palabras de un Maestro: “Me siento exasperado al tener que emplear estas tres palabras desdichadas -Pasado, Presente y Futuro-, pobres conceptos de las fases objetivas del subjetivo todo, tan mal adaptadas para el objeto como un hacha para labor escultórica delicada”. Es un axioma filosófico: hay que alcanzar Paramârtha para no convertirse en fácil presa de Samvriti.
Para expresarlo con mayor claridad: Tiene uno que adquirir la verdadera Conciencia de Sí Mismo, para comprender Samvriti o el “origen de la ilusión”. Paramârtha es el sinónimo del término Svasamvedanâ, o la “reflexión que se analiza a sí misma”. Existe una diferencia en la interpretación del significado de Paramârtha entre los Yogâchâryas y los Madhyamikas, ninguno de los cuales, sin embargo, explica el sentido real, verdadero y esotérico de la expresión.
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