martes, 17 de junio de 2008
Es
Casi cinco siglos antes de nuestra era, Leucipo, el precepto de Demócrito, sostenía que el Espacio estaba eternamente lleno de átomos impulsados por movimiento incesante, que daba origen, en el debido transcurso del tiempo, y a medida que se agregaban, al movimiento rotatorio por virtud de colisiones mutuas que producían movimientos laterales. Epicuro y Lucrecio enseñaron lo mismo, añadiendo únicamente a la moción lateral de los átomos, la idea de afinidad, que es una enseñanza oculta.
Desde el comienzo de lo que constituye la herencia del hombre; desde la aparición primera de los arquitectos del globo en que vive,
[1] Casi no es necesario recordar al lector que las expresiones Pensamiento Divino, Mente Universal no deben considerarse determinando ni aun vagamente un proceso intelectual parecido al que se manifiesta ene. hombre. Lo “Inconsciente”, según von Hartmann, llegó al vasto plan de la creación, o más bien de la evolución, “por medio de una sabiduría clarividente superior a toda conciencia”, la cual, en el lenguaje vedantino, significa Sabiduría absoluta. Únicamente los que conocen lo mucho que se remonta la intuición sobre los lentos procedimientos de raciocinio, podrán formarse el más débil concepto de aquella absoluta Sabiduría, que trasciende las ideas de Tiempo y Espacio. La mente, tal cual la conocemos, se resuelve en una serie de estados de conciencia, cuya duración, intensidad, complejidad y demás cualidades son variables, fundados todos en la sensación, en último término, la cual a su vez es Mâyâ. La sensación, además, implica necesariamente limitación. El Dios personal del Deísmo ortodoxo, percibe, piensa y es afectado por la emoción; se arrepiente y experimenta “fiera cólera”: Pero la noción de semejantes estados mentales lleva claramente consigo el inconcebible postulado de la exterioridad de los estímulos excitantes, por no decir nada de la imposibilidad de atribuir la inmutabilidad a un ser cuyas emociones fluctúan con los sucesos que tienen lugar en los mundos que preside. El concepto de un Dios Personal como inmutable e infinito, es, por lo tanto, antipsicológico, y lo que es peor, antifilosófico.
[2] Platón demuestra ser un Iniciado cuando dice en Cratylus, que… es derivado del verbo…, mover, correr, porque los primeros astrónomos que observaron los movimientos de los cuerpos celestes, llamaron a los planetas…, dioses. Más tarde la palabra ha producido otra… -el aliento de Dios.
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